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Pioneros de las ferias francas

Misionero del año: Un grupo de valientes que instauró un modelo sustentable

viernes 11 de diciembre de 2020 | 1:57hs.
Misionero del año: Un grupo de valientes que instauró un modelo sustentable
Eugenio Kasalaba, Marina Santander de Peñalba y Lucía Petri, parte de los siete pioneros.
Eugenio Kasalaba, Marina Santander de Peñalba y Lucía Petri, parte de los siete pioneros.

Mariana Muller, Lucía Petri, Marina Santander de Peñalba, Eugenio Kasalaba, Ricardo Hoff, Jacinto Sosa y Carlos Pronick. Siete nombres que quedarán en el bronce de la historia de la feria franca de Oberá, fundada el 26 de agosto de 1995.

Si bien fueron alrededor de 40 los productores de la zona Centro inscriptos en primera instancia, aquel fue un duro invierno que afectó los cultivos y sólo siete estuvieron presentes en la inauguración.

Ninguno imaginó que la iniciativa sería un éxito inmediato, al punto que el modelo se extendería a toda la provincia y el país. Este año la feria franca de Oberá cumplió 25 años y, dentro de las restricciones por la pandemia, se realizó un acto de reconocimiento a los primeros feriantes, los mismos que se posicionaron entre los diez finalistas del Misionero del Año.

Marina Santander de Peñalba (79), una de las siete, sintetiza la historia de constancia, vocación y esfuerzo que protagonizaron los fundadores, incluidos ella y su esposo Jorge Peñalba.

Así, recordó que aquel 26 de agosto de 1995 llegaron con sus improvisadas mesitas y sombrillas de playa a la misma plazoleta donde hoy se erige la feria, pero que hace un cuarto de siglo era apenas un descampado de tierra.

“A las 10 habíamos vendido todo y estábamos tan contentos. La Municipalidad notó la aceptación de la gente y empezó a vernos con otros ojos. El sábado siguiente fueron unos cuantos productores más y seguimos creciendo. La feria franca le devolvió la dignidad al productor”, subrayó.

Pero no todo fue color de rosa, ya que tuvieron que superar prejuicios propios y ajenos. “Algunos vecinos no nos querían mucho porque pensaban que íbamos a hacer basura. Pero siempre fuimos cuidadosos con eso y enseguida nos aceptaron”, valoró Marina.

También reconoció que “el feriante de entonces no era el mismo de hoy. Por empezar, los hombres ni hablaban. Tenían vergüenza. Las mujeres fueron las que empujaron. El sector venía de una grave crisis tealera y yerbatera, entonces el hombre tenía vergüenza de volver a plantar lechuguita, pero la yerba no valía y algo había que hacer”.

Hasta entonces, los pequeños y medianos productores conocían el esfuerzo en las labores de la chacra, pero no sabían vender, por lo que tuvieron que aprender a tratar con los clientes y en eso se pusieron al frente las mujeres. Otro aspecto que fue cambiando, recordó Marina, fue que los primeros feriantes eran toda gente mayor, pero luego se integró la familia y “era una fiesta venir a la feria los sábados”, destacó.

Asimismo, fue clave la constante capacitación en las chacras y los controles para garantizar la calidad de los productos.

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