En el basural

Domingo 10 de mayo de 2020 | 05:30hs.

Fernando Angelinoti
Escritor

 Como todas las mañanas, Ramón, sus dos hermanas y su perro Pinta se dirigieron al basural a esperar el camión. Su padre iría más tarde. Durante la noche había estado tomando, como todas las veces que venía el cartonero a retirar la mercadería. 
EI basural estaba ubicado no lejos de lo que es hoy Villa Cabello, en Posadas. 
El padre de Ramón se despertó con ganas de seguir tomando. Su esposa le alcanzó el resto de caña, lo bebió desde la botella casi con desesperación. AI encontrarse sin bebida y sin dinero lo único que le quedaba era ir detrás de sus hijos, para sacarles los papeles y cartones que hubieran juntado. 
Ramón y sus hermanas, a pesar de haber dormido en e! suelo y no haber probado bocado, se divertían tratando de alcanzar unas ratas que hábilmente se escondían entre la basura. 
EI padre los vio y con furia se dirigió hacia ellos. Con una vara de naranjo los castigó hasta el cansancio. 
Desde entonces, Ramón no volvería a ver a su padre. 
Con dolores en las piernas, debido al castigo y con otros más profundos que provenían del interior de su ser, deambuló por las calles de Posadas. Caminó por la avenida Corrientes, Tucumán, Colón, Bolívar, San Luis, Junín. A la noche, cansado, angustiado y con ese rencor hacia su padre, hacia la vida, hacia la pobreza, dejó caer su cuerpo al final de la galería de la Terminal de ómnibus. Allí, en ese rincón, resguardado de las miradas de muchos, por la escalera que conduce al altillo, Ramón se acurrucó junto a otros muchachos, que tenían casi su misma edad. 
Ramón acudía a un mundo nuevo en el que debía valerse por sí mismo. Sus compañeros fueron solidarios. Juntos, removían los cajones de basura de la frutería. Algo conseguían. 
La chica que atendía la panadería le daba algunas galletas a cambio de que barriera la vereda. Algún cigarrillo y unas monedas, le daban los taxistas. EI tiempo iba pasando. Ramón anduvo por la Defensoría, el Hogar de menores, pero siempre volvía a la calle y por las noches: el rincón de la galería de la terminal en Mitre y Uruguay. 
Ramón fue creciendo, a veces, escapándole a los patrulleros, a veces, compartiendo una pizza con sus amigos, cuando habían conseguido algunos pesos por limpiar un taxi, trasladando equipaje o manoteando un monedero de alguna descuidada.
Con el maestro se conocieron en la Alcaidía de Menores. El maestro sabía que su prontuario era como el de tantos otros: fuga de hogar, vagancia, raterías. 
Al maestro le gustaba compartir con los internos algunos mates, sentados debajo del tinglado de la Alcaidía. Ramón cebaba y contaba hechos en los que habla sido protagonista. 
Cuando recordaba a su familia, lo hacía con bronca al hablar de su padre y con ternura, cuando se refería a su madre. 
Una tarde, el maestro les dijo que iría trasladado a Tobuna. Les explicó que al año siguiente estarían con otro maestro en la segunda sección. Ramón, que ya sabía leer, posiblemente no estaría en la Alcaidía. La obtención de su libertad estaba a punto de concretarse. Había aprendido el oficio de mosaista y también había trabajado en la panadería. Cuando saliera en libertad, debía conseguir trabajo y un lugar donde vivir. 
A los pocos días de aquellos mutuos anuncios (traslado y libertad), se produjeron los saludos de despedidas. 
La vida siguió su curso, el maestro, cuando camina por las calles de Posadas, algunas veces siente ganas de encontrarse con Ramón y entre otras cosas piensa “¿habrá conseguido trabajo? y si no consiguió, ¿estará en la Alcaidía de la calle Alberdi, o en alguna comisaría?... 
A veces el maestro que ya no ejerce la docencia, por haber gastado “la última tiza”, ve por las noches algunos muchachos acurrucados en el suelo, en el fondo de la galería de la Terminal detrás de la escalera y caminando por la avenida Uruguay en algunas madrugadas, con el ala del sobrero humedecido por el rocío y con sus ojos también humedecidos (pero no por el rocío), se le viene a la memoria: Ramón salió del basural y estos ¿de dónde habrán salido? ¿será que el destino los estará esperando para compartir unos mates con algún maestro debajo del tinglado en el patio de la Alcaidía?... El relato es parte del libro Realidades Argentinas, Posadas 1989. Angelino fue un maestro entrerriano, que ejerció en Misiones

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