La película rodada en Oberá ganó premios nacionales e internacionales
“Mi objetivo era filmar una película, todo el resto fue algo que se dio”
El estreno misionero de Gente de la ruta, la película del obereño Lucas Koziarski, fue un éxito absoluto en la apertura del Festival Internacional de Cine Oberá en Cortos. La respuesta del público desbordó la sala del Cine Teatro y obligó a habilitar una segunda en el Cine del Casino. Así, casi 500 personas vieron en simultáneo una historia filmada en la ciudad, atravesada por sus paisajes cotidianos, sus voces y una realidad tan cercana como poco abordada.
Para el director presentar su ópera prima en el festival en el que siempre soñó mostrarla significó un regreso cargado de emoción.
Con guión original de Koziarski, el largometraje sigue a Gladys, una mujer que huye de su marido y se refugia con sus hijos en Oberá. Su vida se entrelaza con la oscuridad del barrio, los controles policiales nocturnos y la desaparición de mujeres que trabajan en la ruta. Entre el drama, momentos de comedia y elementos fantásticos, la película aborda de lleno la violencia de género desde una mirada construida con el lugar y sus habitantes.
La historia nació de los recuerdos de infancia del cineasta en el barrio Ecológico, frente a la ruta nacional 14, enlazada en el universo femenino compartido con su abuela, sus tías y otras mujeres de la familia, pero también aquellas trabajadoras sexuales que veía durante la noche, expuestas a la intemperie y a una violencia naturalizada. Esa identidad local se extiende al elenco, integrado por personas sin experiencia previa en actuación, entre ellas la docente Cynthia Benítez, protagonista del filme, y Marcia Kinjuk, prima del director y enfermera.
Premiada en festivales
Estrenada en el Bafici 2026 (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente), Gente de la ruta recibió una Mención Especial en la Competencia Argentina, el premio Feisal a la Mejor Dirección Latinoamericana y el premio ADF a la Mejor Fotografía. Su recorrido también la llevó a España, donde obtuvo el Faro de Oro a la Mejor Ópera Prima y a la Mejor Dirección en el Festival de Cine de Santander. Sin financiamiento del Incaa, la producción se sostuvo con apoyos institucionales locales y el compromiso de su equipo técnico y artístico.
Aunque Koziarski había señalado que no imaginaba una película capaz de llenar salas, la recepción en Oberá confirmó el vínculo de esa historia con su público. En diálogo con El Territorio, habló de la alegría de compartirla en su ciudad, del trabajo colectivo que permitió concretarla, de sus próximos proyectos y del valor de las políticas públicas y los festivales para sostener el cine y la identidad cultural.
Nos imaginamos tu alegría, por presentar una película tan obereña y en tu tierra.
Total, y en el Festival Oberá en Cortos, que es el espacio donde siempre tenía la ilusión de pasar la peli acá. Entonces, como que ahora se cumplen un poco esos sueños y estamos muy contentos, aparte de que el festival haya elegido la película para la apertura y todo lo que está generando el espacio.
¿Cómo se dio? ¿Cómo nació el proyecto?
La película un poco nace de vivencias mías con las mujeres de mi familia cuando era chico, en mi casa, un poco como los ecosistemas que se armaban ahí. Y había una particularidad. Yo vivo enfrente de la ruta 14, entonces había algo también fuera de mi casa que tenía que ver con la ruta, que me llamaba mucho la atención, que era el mundo de la ruta y las chicas que trabajaban en la ruta. Había algo medio sombrío y tabú que se construía en relación con eso. Me pareció interesante y sentí que había un poder tanto en las mujeres de mi familia, en esos ecosistemas, como afuera, en la ruta. Y, bueno, siempre fue como esa idea.
Lucas, ¿y elegiste Oberá para hacer esta peli?
Sí, sí, no iba a ser en otros lugares. Se construyó y tenía que ser acá. De hecho, la filmamos con mujeres que son de acá, que no son actrices. Unas son parientes, otras no, pero para todas fue la primera experiencia como actriz. Y fue increíble porque fue como filmar con personas que entienden lo que es ser obereño o misionero y lo que es, no sé, caminar una calle oscura, atravesar la Ruta 14 en la noche, todas esas situaciones.
¿Era lo esperado, digamos, el producto final? Teniendo en cuenta que fue algo muy independiente y con recursos muy propios.
Sí, fue una película súper chiquita que contó con el apoyo del Iaavim, con el Fondo Nacional de las Artes. Después tuvimos un millón de apoyos del gobierno local, del gobierno provincial, de la Policía, etcétera. Y, sobre todo, el amor y el corazón de todo el equipo técnico y de todas las actrices que invitaron a que la película se haga.
Y algo para destacar es que somos todos egresados de la Unam (Universidad Nacional de Misiones), de la Facultad de Arte y Diseño. La directora de fotografía es egresada de una escuela de cine en Formosa, donde yo estudié. Y siento que, no sé, como que todo ese corazón se ve reflejado en la película y el resultado está mucho más allá de lo esperado. Como dije, mi objetivo era filmar una película y pasarla en el Festival Oberá en Cortos. Todo el resto fue algo que se dio.
Una película que ya te dio grandes satisfacciones, porque recibió premios, no solamente a nivel nacional, sino también internacional.
Sí, bueno, a nivel nacional estuvimos recorriendo varios festivales y hace un par de semanas estuvo la película en España y ganó Mejor Película y Mejor Dirección. Y ahora, a fin de este mes, va a estar en un festival en Italia; después va a estar en Nicaragua. Se está armando ahí como el recorrido internacional.
¿Cómo hace alguien del interior del interior, de Oberá, para ser cineasta? Algo que no es tan común.
Bueno, primero hay que reconocer que nuestro país ya tiene políticas públicas y de mercado que apoyan a la industria y que generan industria. Entonces, también eso posibilita muchos recursos y accesos a lugares que por ahí otros espacios no tienen.
Y, segundo, siento que las ganas de hacer y de no perder la esperanza, de tener un equipo de amigos que te acompañen y quieran sumarse a la película, y de mucho trabajo y mucha disciplina. O sea, algo como de no abandonar y seguir confiando en eso.
Bueno, y en este contexto, preguntarte tu opinión personal a nivel nacional sobre los recortes y la falta de apoyo a todo lo relacionado con la cultura.
Es muy triste lo que está pasando a nivel nacional. Pero, digo, no solamente al cine, sino que hay un recorte a todo lo que construye, en cierta forma, cultura, que es la forma en la que nosotros tenemos de que la gente el día de mañana se acuerde de nosotros, a través de la música, de las películas, de los libros.
Y, bueno, es muy triste que se esté destruyendo eso. Es como que se está rompiendo parte de nuestra identidad o de nuestra voz, o de lo que nosotros podemos construir para el futuro. Eso y muchas otras cosas más a nivel país.
Y qué mejor oportunidad que estos festivales, ¿no? Tan propios, tan nuestros, para desarrollar esto que decís vos: la cultura, la identidad y tratar de que esa llama no se apague nunca.
Totalmente, totalmente, que exista. Digo, este festival existe desde hace 23 años. Y la gente la sigue peleando y lo sigue haciendo. Y todos los años hay un nuevo desafío, pero sigue existiendo. Y por eso invita a que veamos películas, que nos encontremos con gente, con colegas, formemos lazos laborales, de proyectos, de lo que fuese. Y que entre nosotros podamos construir esas redes para construir esa voz futura que la gente va a ver dentro de un par de años.
¿Y ahora, a futuro, hay más proyectos, hay ideas?
Sí, sí, estoy ahora desarrollando una próxima película que está como muy en crudo todavía. Recién estoy escribiendo ideas. Va a pasar en Misiones, seguramente.