2026-10-04

Estudiantina: cuando el desfile se vuelve refugio

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De repente, filas de adolescentes con trajes multicolores y brillosos se abren paso en el asfalto. Suena una música conocida para aquellos que vinieron a este mundo en los años 80. Una pelota inmensa, que se ve desde las gradas -  y los drones la captan con facilidad -, se desliza sobre una alfombra roja detrás de un muchacho, que huye de ella. Solo faltaba que se le cayera el sombrero y sería exactamente una escena salida de la película de Indiana Jones, el célebre personaje del actor Harrison Ford. Un cuadro en vivo y en directo en la costanera de Posadas. El relato corresponde a una puesta en escena del colegio Santa María.

Pero no termina ahí, los momentos de cine, representación teatral, máscaras, murga, carnaval son más, muchos más. Un homenaje a Ramón Ayala irrumpe en el desfile. El legado del poeta misionero se vuelve tangible entre cajitas, redoblantes y chanchas. Con “Nande” los pibes de la Comercio N° 6 cosecharon aplausos entre los asistentes.  
La descripción es una pequeña parte de todo lo que representa la Estudiantina, la mayor fiesta de los estudiantes posadeños que se convirtió luego de siete décadas en identidad cultural y patrimonio. La vera del Paraná se transforma por las tardes y noches en una enorme sala de teatro a cielo abierto.

Quienes militamos por la Estudiantina como espacio de construcción de sentido y comunidad, seguramente coincidimos en que este año fue particularmente espectacular. Cada grupo de adolescentes representando a su colegio y apropiándose del espacio público, indistintamente de la cantidad de integrantes, se lució con su espectáculo. 

Y me permito hacer especial referencia a la creatividad, flexibilidad y los nuevos liderazgos: he visto en el BOP N° 9 y universo de Tim Burton una chica tocando tres instrumentos en diferentes momentos de la presentación. Desde hace un tiempo, hay Directoras de Banda, un cargo que por muchos años sólo era permitido para varones. 

La Estudiantina arrancó el 21 de septiembre de 1950, con carrozas de algunos colegios secundarios desfilando por calle Félix de Azara y, más tarde, por Bolívar, hasta llegar a la avenida Corrientes. Hoy, se desarrolla en el cuarto tramo de la costanera. Esa tradición resistió la dictadura militar, tragedias y polémicas. Resiste y se reinventa.

No es perfecta: casi siempre sobrevuela alguna polémica desprendida de ese espíritu competitivo. Al fin y al cabo, todos quieren ganar. Pero, ¿acaso la escuela o la familia son perfectas? Las instituciones pilares de la sociedad están lejos de la perfección, de manera que no podemos tener la vara tan alta con los chicos.

En tiempos de tanta fragilidad en la salud mental, siendo las principales víctimas nuestros adolescentes, qué maravilloso poder hablar y sentir la magia que transmiten con su show. 

Un show que comienza mucho antes del desfile dado que son meses de preparación entre ensayos, logística y recaudación de fondos. Teniendo en cuenta las estadísticas difundidas el mes pasado en el marco de la Prevención del Suicidio, estamos obligados a reivindicar el arte y la recreación como espacios que sanan. 

Así que la Estudiantina, además de ser patrimonio, identidad cultural y tradición, es un refugio social. Los chicos necesitan proyectos como motor de su existir. Nos toca a los adultos alentarlos, con palabra y acción, para que sigan pensando temas, elaborando coreografías y ritmos, organizando sus gastos y persiguiendo un sueño; para que sigan construyendo sentido y comunidad.

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