2026-09-06

Destacó la Estudiantina como expresión musical

Carlos Blanco, el luthier detrás del sonido de los tambores

Contó que los redoblantes son los que más llegan al taller y que busca que los chicos aprendar a cuidar los instrumentos

Para muchos chicos y chicas, la Estudiantina, es el primer acercamiento al mundo de la música. Entre ensayos, encuentros con amigos y el entusiasmo por salir a tocar, también aparece una parte fundamental del aprendizaje,  el cuidado y mantenimiento de los instrumentos.

El luthier Carlos Blanco, músico de familia y especialista en reparación de instrumentos, contó que hay bastante demanda, y todo el año, ya que en los ensayos se precisa la reparación o cambio de piezas.  

“Les doy consejos y los voy ayudando para que traten de cuidar un poco más el instrumento y que les dure un poquito más, pero también hay que decir que el instrumento no para, los chicos ensayan mucho”, señaló.

Encontrar el sonido

Dentro de los instrumentos utilizados en la Estudiantina, los redoblantes son los que más frecuentemente llegan al taller. A diferencia de los toms, cuyo sistema es más sencillo -describió-,  los redoblantes requieren una regulación más precisa para conseguir determinadas características sonoras.

“Los chicos le buscan un sonido muy agudo y, al mismo tiempo, quieren que sea seco al golpear”, refirió. El problema aparece cuando, en ese intento por conseguir el sonido deseado, se ejerce demasiada tensión sobre el parche.

La combinación entre un parche excesivamente ajustado y la fuerza con la que los chicos tocan puede terminar provocando roturas.

Pero además de reparar, Carlos suele encontrarse con soluciones caseras que los propios estudiantes inventan para modificar el sonido. “Le ponen una tirita de tela abajo del parche para que se frene al golpear y quede seco el sonido. Otros le ponen toalla. Han venido un montón de cosas raras”, relató entre risas ante el ingenio artesanal de los percusionistas.

“Es parte de la historia de la Estudiantina, de la experiencia, buscan el mejor sonido, y muchos quieren aprender de música, en lo que puedo les ayudo”, resumió.

De generación en generación

El trabajo del luthier también le permite encontrarse con otra historia que acompaña a la Estudiantina, la de los instrumentos que pasan de un hermano a otro.

Así, recordó el caso de una familia que llevó un instrumento que había utilizado el primer hijo, luego pasó al segundo y finalmente llegó al tercero. “Hay instrumentos que ya vienen muy golpeados por su historia”.

Es que para muchas familias, comprar un instrumento representa un esfuerzo económico importante. Por eso, mantenerlo en condiciones y extender su vida útil se vuelve fundamental.

Actualmente, los trabajos de reparación o mantenimiento tienen un costo de entre 25.000 y 35.000 pesos, dependiendo de si se trata de un cambio de parche, un ajuste o el reemplazo de alguna pieza.

“Trato de que sea lo más accesible posible, algunos traen varias veces el mismo instrumento a arreglar, otros son varios hermanos participando y los costos de hoy  son altos. Yo pienso más que nada en los chicos que quieren disfrutar, que puedan tener su instrumento y vivir la Estudiantina y la música”.

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