Viviana Postay, docente y formadora
Pintadas sobre tiroteos exponen una crisis que excede a la escuela
Las pintadas con amenazas de tiroteos en escuelas dejaron de ser hechos aislados para convertirse en una señal de alarma que atraviesa a las comunidades educativas. El fenómeno se expandió en las últimas semanas en distintas provincias del país, incluida Misiones, lo que evidenció que se trata de una problemática que requiere atención; es que detrás de esas inscripciones en baños y paredes, se esconden consumos digitales violentos, desafíos virales y comunidades clandestinas en internet que glorifican las masacres escolares.
Viviana Postay, docente de secundaria, formadora de docentes y directores, y miembro de Argentinos por la Educación, explicó que estas situaciones no pueden analizarse únicamente como “bromas” adolescentes. “Nos habla de algo novedoso, que no quiere decir bueno ni lindo, sino novedoso para lo que nosotros estamos acostumbrados en Argentina”, sostuvo.
La especialista señaló que muchos de estos hechos aparecen atravesados por dos factores: el impacto cercano que produjo el ataque en la escuela de San Cristóbal (Santa Fe) y el vínculo con desafíos virales o espacios digitales extremistas. “Sabemos que por detrás, en muchos casos, están desafíos de Tik-Tok de tipo viral o, más grave todavía, la pertenencia a la True Crime Community”, indicó.
Según explicó, las denominadas True Crime Community funcionan como comunidades digitales clandestinas donde existen alias, códigos y niveles de pertenencia. “Yo digo que funciona como la madriguera del conejo, porque a lo mejor un chico está mirando un video o comparte un video, pero la profundidad de esa madriguera no se alcanza a ver hasta que ya está metido adentro”, advirtió.
En esos espacios, agregó, existe una “glorificación del horror y de la violencia”, donde para pertenecer “cada vez tenés que hacer un poquito más” y el punto máximo es perpetrar un tiroteo. Allí aparece también una fuerte admiración por los autores de la masacre de Columbine, ocurrida en Estados Unidos en 1999. “Marcó un antes y un después en la historia de los tiroteos escolares”, afirmó.
Postay aclaró que Argentina no posee la misma cultura armamentística ni la tradición de ataques escolares masivos que existe en Estados Unidos. Sin embargo, consideró que el reciente caso de San Cristóbal, después del episodio de Carmen de Patagones, comparte características vinculadas a la planificación previa y a la fascinación por otras masacres conocidas. “No es algo espontáneo de ‘me enojé y pasaron cosas’, tiene un vínculo con la glorificación de estas masacres anteriores”, sostuvo.
Las amenazas escritas en los baños escolares, remarcó, reflejan además la necesidad de fortalecer la alfabetización emocional de niños y adolescentes. “Son chicos que a los dos minutos van a estar votando según las leyes de nuestro país y a veces no necesariamente comprenden que esto es un delito”, expresó.
En ese sentido, recordó que las amenazas de este tipo constituyen un delito de alteración de la paz social y pueden derivar en allanamientos, investigaciones policiales e incluso consecuencias penales. También alertó sobre el efecto colectivo que generan esos mensajes. “Vos lo pusiste como un chiste, pero otro viene y lo ejecuta”, afirmó.
“Las imágenes, los videos de muertes, de crímenes, de torturas, son imágenes que están altamente estetizadas, tienen filtros, tienen música, como si fuese una estética de animé”, describió. En ese contexto, la alfabetización emocional, explicó, no implica “gestionar la felicidad” ni negar el malestar, sino brindar herramientas para reconocer emociones y evitar que se transformen en actos violentos. “Tiene que ver con la posibilidad de poder comprender la diferencia entre lo real y lo ficcional”, señaló.
Postay también cuestionó ciertos modelos de crianza y dinámicas escolares que, según consideró, terminan diluyendo las responsabilidades de los adolescentes. “El estudiante es sujeto de derecho, pero también es sujeto de responsabilidades y los hechos tienen consecuencias, aunque la intención haya sido una bromita”, remarcó.
En paralelo, apuntó contra la falta de control adulto sobre el consumo digital de niños y adolescentes y consideró que la autonomía digital debe construirse gradualmente y con supervisión. “Hay muchos papás que dicen ‘yo no le toco el teléfono porque es su intimidad’. Hay que dejar de pensar eso”, sostuvo.
“Por tu seguridad, porque todavía estás a cargo mío, voy a ver los historiales del teléfono”, ejemplificó sobre los límites que considera necesarios en la crianza actual. También cuestionó que muchos adolescentes permanezcan encerrados durante la noche con acceso irrestricto al celular, algo que afecta incluso el descanso y los ritmos biológicos.
La docente insistió en que las familias deben involucrarse activamente en los contenidos que consumen sus hijos. “Esa es la cultura que consume tu hijo y más vale que empieces a mirar esos videítos para darte cuenta de qué está pasando”, señaló. Entre los ejemplos que mencionó aparecen las “frutinovelas”, relatos virales en redes sociales que mezclan humor, romance y violencia. Según indicó, muchos de esos contenidos naturalizan vínculos tóxicos, infidelidades y formas de violencia cotidiana que luego impactan en las relaciones adolescentes.
“Fijate qué temas consumen, qué canciones consumen, qué dicen las canciones sobre las mujeres, sobre los niños”, planteó. Y agregó: “A mí me preocupa que se esté minimizando porque a los papás nos gusta decir ‘yo no tengo nada que ver, yo veo otras cosas’. Bueno, te tenés que interesar en las cosas”.
En esa línea, recordó el caso de la madre del atacante de San Cristóbal. “Cuando escuchó los avisos de lo que estaba pasando en la escuela, fue porque tenía miedo de que al hijo le hubiera pasado algo, ni pasó por su cabeza que el hijo fuese un perpetrador”, relató.
Postay sostuvo que los algoritmos de las redes sociales generan procesos de insensibilización progresiva y funcionan bajo una lógica adictiva. “El celular no es una herramienta pedagógica porque no tiene esa orientación, tiene una orientación que es como la lógica del casino”, señaló.
Finalmente, advirtió que la escuela no puede enfrentar sola esta problemática. “La escuela está desbordada, no puede solucionar todos los males del mundo y parece que tuviera que solucionar todo”, afirmó. Aunque consideró indispensable que las instituciones actúen y no minimicen las amenazas, insistió en que el acompañamiento familiar es clave.
También subrayó la necesidad de activar siempre los protocolos oficiales ante cualquier amenaza, incluso si parece una broma. “El peor error que puede cometer un director es decir ‘ya sé quién fue y lo hizo en chiste, entonces no vamos a activar el protocolo’”, sostuvo.
“Hay que activarlo, así movilice medio país, porque la verdad es que no sabés qué puede pasar”, cerró.
Informe de domingo
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