Participó de Olimpíadas internacionales en Alemania y Kazajistán

Alfredo, el genio matemático de 25 de Mayo que llegó a competir en el mundo

El misionero recordó el camino que comenzó en séptimo grado. A sus 32 años, sigue vinculado como jurado a las OMA, vive en Buenos Aires y se dedica a la ciencia de datos
miércoles 30 de septiembre de 2026 | 6:05hs.
Viajó a Estados Unidos y Tailandia a competir en programación. Foto: M. Rodríguez
Viajó a Estados Unidos y Tailandia a competir en programación. Foto: M. Rodríguez

Hay momentos que parecen pequeños cuando ocurren y que, con el paso del tiempo, terminan adquiriendo otra dimensión. Para Alfredo Umfurer, uno de ellos sucedió cuando cursaba séptimo grado. La matemática no era todavía una pasión. Era, según recuerda, “una materia más”. Lo que sí despertaba su curiosidad eran los acertijos y los problemas que obligaban a pensar de una manera diferente. Entre esos materiales tenía un libro de acertijos matemáticos que terminó acercándolo a un universo que, años después, lo llevaría a competir fuera del país.

Aunque es oriundo de 25 de Mayo, por entonces estudiaba en el IEA 3 de San Vicente y comenzó a participar en las Olimpíadas de Matemática. Ese primer contacto produjo un cambio que él mismo identifica como un punto de inflexión: descubrió que la matemática podía ser mucho más que aplicar fórmulas o repetir procedimientos aprendidos en clase.

“La Olimpíada me dio otra mirada de lo que es la matemática, menos formulaciones y más aplicar razonamientos”, recordó en diálogo con El Territorio.

En las Olimpíadas, el desafío consistía en encontrarse frente a algo que no estaba resuelto de antemano y buscar el camino. Había que probar, imaginar, equivocarse y volver a empezar.

Para Umfurer, justamente ahí apareció el atractivo. “Fue dejar de seguir pasos”, explicó. La clave está en tener un problema delante y preguntarse qué herramientas podían servir para resolverlo. Una lógica que, años después, volvió a encontrar en la programación y en la ciencia de datos.

Las competencias

Su participación comenzó de manera temprana y fue creciendo con el tiempo. Primero llegaron las instancias escolares y provinciales. Luego, el certamen nacional.

A partir de allí, se abrió el camino mucho más amplio de selectivos y entrenamientos que le permitieron acceder a diferentes competencias internacionales.

Ese recorrido también significó entrar en contacto con otros estudiantes del país que compartían la misma curiosidad.

“No es que hay un profesor en esos entrenamientos. Estamos todo el día con una serie de problemas para resolver y después nos corrigen”, contó. También aparecían estudiantes de generaciones anteriores que se acercaban a compartir ideas, explicar problemas o mostrar otras formas de abordar una dificultad.

“Cada uno te explica a su manera y vas entendiendo diferentes razonamientos”, señala.

Además de los conocimientos, esos encuentros le permitieron acceder a materiales que muchas veces estaban lejos de la currícula escolar. Libros, problemas y contenidos que ampliaban una formación que ya no dependía exclusivamente de lo que se enseñaba en el aula.

Alemania y Kazajistán

El crecimiento dentro de las Olimpíadas llevó a Umfurer a competir fuera de la Argentina. Participó en dos Olimpíadas internacionales, una en Alemania y otra en Kazajistán, durante sus años de secundaria.

Esos viajes quedaron grabados no solamente por la competencia matemática, sino también por la experiencia de encontrarse por primera vez con contextos culturales completamente diferentes.

Alemania significó también enfrentarse al idioma. “Lo que recuerdo más es el impacto del idioma”, relató. En aquel momento, reconoce, su inglés todavía no era el recurso que sería años después. La experiencia implicó desenvolverse en un lugar desconocido y tratar de entender cómo manejarse más allá de la competencia.

En Kazajistán el contraste fue todavía mayor. El alfabeto, las costumbres y la distancia cultural generaron una experiencia distinta a la de Europa. Pero el viaje también quedó asociado a una situación inesperada: después de la competencia, todo el equipo terminó enfermo.

“No sé, capaz como un virus o algo”, recuerda entre risas, sin atribuirlo específicamente a la comida del lugar. Más allá de esa anécdota, aquella experiencia internacional terminó formando parte de una adolescencia en la que la matemática ya había dejado de ser simplemente una asignatura escolar.

También recuerda que, durante los años en que participó, existía un esquema de financiamiento estatal que permitía cubrir los viajes de los representantes argentinos. Para él, ese acompañamiento fue una parte importante de la posibilidad de participar en esos certámenes.

El salto a Buenos Aires

Terminada la secundaria, llegó otro cambio importante. Umfurer dejó Misiones y se mudó a Buenos Aires para estudiar en la Universidad de Buenos Aires.

La elección de carrera no fue inmediata. Dudaba entre estudiar Matemática o Ciencias de la Computación, dos caminos que ya aparecían ligados a sus intereses. Finalmente se inclinó por Computación, en parte porque había comenzado a acercarse a la programación y encontró allí una forma de continuar trabajando con la lógica que había descubierto en las Olimpíadas.

“Los razonamientos son parecidos, la lógica es parecida”, explica al comparar los algoritmos con determinadas áreas de la matemática.

La universidad también significó una nueva competencia. Durante esos años participó en las Olimpíadas Universitarias de Programación, nuevamente con compañeros y en equipos. Aquella experiencia volvió a llevarlo al exterior, esta vez a Tailandia y Estados Unidos.

El patrón se repetía: un problema, un equipo y la necesidad de encontrar una solución que no estaba servida de antemano.

Pero mientras avanzaba en su formación, también empezó a definir con mayor claridad el perfil profesional que quería construir.

De programar a entender datos

Durante buena parte de su trayectoria trabajó en programación y desarrollo de software. Sin embargo, con el tiempo comenzó a orientarse hacia la ciencia de datos, un campo que le permitió volver a combinar dos elementos que habían marcado su vida desde la adolescencia: los números y la necesidad de descubrir patrones.

“Es tratar de analizar también los motivos de por qué las cosas pasan y tratar de darle lógica a los números”, explicó.

Actualmente trabaja en el área de datos en Mantika, una empresa de servicios tecnológicos canadiense. Su especialización en datos también coincide con un proceso que observa en el mundo tecnológico: la cantidad de información disponible creció de manera exponencial y, al mismo tiempo, aumentó la capacidad para almacenarla y procesarla.

Volver desde otro lugar

Aunque la carrera profesional lo llevó a un ámbito tecnológico, Umfurer nunca terminó de alejarse de las matemáticas. Actualmente participa en las Olimpíadas desde otro lugar: como jurado.

Ya no se sienta frente a una prueba para competir por una clasificación. Ahora analiza los exámenes y participa del proceso que permite definir qué estudiantes avanzan y quiénes quedan entre los candidatos destacados de cada instancia.

El interés por acompañar a otros no aparece solamente como una forma de devolver lo recibido. También está ligado a algo que sigue disfrutando. “Siempre que puedo, ayudo con la Olimpíada de Matemática. Aparte de eso, también me dedico a hacer problemas de computación”, contó.

“Hay un caminito de suerte de encontrarse con las personas correctas en el medio”, reflexionó sobre lo vivido.

En su caso, ese camino comenzó con un libro de acertijos y una competencia escolar. Después llegaron los certámenes.

A los 32 años, Umfurer sigue resolviendo problemas, aunque ya no necesariamente desde el lugar de aquel adolescente que competía por una clasificación. En ese recorrido aparece una continuidad porque aquel estudiante que descubrió que la matemática podía ser una forma de imaginar soluciones sigue encontrando, décadas después, nuevas maneras de hacerlo. 

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