“Estoy satisfecho donde me llevó la vida”

Pedro Scherer es un empresario de pura cepa. Fue intendente de Esperanza, que fundó su padre. Director de Papel Misionero y de su empresa Pindó, a cargo de sus hijos
domingo 01 de noviembre de 2026 | 6:04hs.

“Mi padre quiso que fuera un ciudadano del mundo”. La frase, dicha al pasar, refleja la historia de Pedro Scherer, empresario dedicado a la forestoindustria desde hace 60 años. Fue intendente de la localidad de Esperanza, participó de la creación de Papel Misionero, tuvo injerencia en la instalación de Celulosa en Esperanza, gobernador del Rotary Club de la región norte y cónsul suizo.

Nació en Buenos Aires en 1937, por lo que está próximo a cumplir 90 años, pero a los 15 días de haber nacido ya estaba en Misiones.

Rememorando la historia familiar, narra: “Papá es fundador de Esperanza, él llegó en 1926, junto con otras tres personas que eran representantes de una empresa radicada en Zurich. La empresa era de un grupo de inversores que invirtió 500.000 francos para desarrollar una plantación de yerba, y mi padre era ingeniero agrónomo”.

Scherer detalla las distintas corrientes migratorias suizas en Misiones: “En la década del 20 hubo una corriente inmigratoria suiza en la que los que vinieron eran todos profesionales. Eso sucedió en varias localidades de Misiones, como por ejemplo Santo Pipó, que vinieron muchos. Pero se dio una situación muy particular que es que gran parte de los descendientes de esos primeros inmigrantes fueron mujeres, y en esa época era común que las hijas se trasladaran, una vez casadas, con sus maridos. Por ejemplo, mi padre tuvo cuatro hijos, yo y mis tres hermanas, que viven en Suiza. Yo fui el único que se quedó acá”.

Continuando con el relato, afirma: “Luego en la década del 30, a fines, y con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, muchos otros llegaron a Misiones, pero en este caso expulsados por la pobreza y la situación en Europa. Quienes llegaron no eran profesionales sino artesanos o personas que poseían un oficio que era muy difícil de desarrollar acá. La pasaron muy mal, no estaban acostumbrados al clima, un cambio cultural muy grande para ellos. Y Suiza fomentaba la emigración ayudando a quienes emigraban, pero con la guerra ya no podían ayudar más. Hasta que en la década del 50 se empezó a normalizar todo”.

¿Cómo fue su educación?

En Misiones, en esa época, no había muchas instituciones educativas. Si uno quería seguir estudiando en el secundario había que viajar a Buenos Aires. Pero mis padres decidieron que siguiera mis estudios en Suiza. Y entonces estuve trece años y medio fuera del país. Desde los 9 hasta los 23 años. Y volví a Argentina en 1960.

¿Le costó el regreso?

Mucho. Yo tenía todos mis amigos allá. Estaba de novio. Me convertí en un inmigrante en mi propio país. Yo quería ser economista cuando volví. En esa década del 60 es cuando comienza la actividad forestal en Misiones

¿Su padre ya se dedicaba a la forestoindustria en ese momento?

Las primeras plantaciones las hicimos en el año 1942, 1943. Pero eso era porque a mi madre le gustaban mucho los árboles, entonces, cuando aún nadie hablaba de forestación, plantamos algunas hectáreas con araucarias, que hoy quedaron en medio de la ciudad. Pero la actividad forestal empezó en la década del 60.

¿Cómo la comenzaron?

Teníamos una propiedad llamada Carolina, que la administraba un holandés que era experto en los cultivos de té, café y caucho. Mi padre era un innovador y plantaba café. Lamentablemente el administrador falleció y mi padre me pidió que me hiciera cargo.

Usted no tenía experiencia, ¿le fue difícil?

No. Conté con la colaboración de quienes trabajaban en ese sector. Casi todos paraguayos, con mucha experiencia, muy leales.

¿Cuándo decidió quedarse en Misiones y no volver a Suiza o resignar ser economista?

Mi padre me había dicho que me quedara un tiempo y que viera si me gustaba. A m{i me gustaba el cultivo de yerba y la forestoindustria. Pero más la forestoindustria. Teníamos 120 hectáreas de yerbales viejos, que ya no producían mucho, y ahí plantamos araucarias. Me gustó el trabajo y decidí quedarme.

¿Y lo de un buen ciudadano del mundo?

Como conté, eso decía mi padre. En un momento él me dice que me paga un año de estudios en Estados Unidos. Mi padre era directivo de Oleaginosa y me mandó a especializarme sobre el tung. En ese entonces existía la Asociación del Tung y la Liga Panamericana del Tung. Y allí fui. Después, con el despegue de la forestoindustria me fui a Canadá, que en ese entonces era el país más avanzado en ese rubro, a especializarme en mecanización forestal.

En 1967 se convierte en intendente de Esperanza, ¿cómo fue?

Cuando se produce el golpe de Onganía me invitan a hacerme cargo de la intendencia. Al principio no estaba seguro, no sabía si estaba preparado para eso. Pero al final acepté y fue una buena experiencia. Esperanza era un municipio pequeño, ocupaba el lugar 42 entre los municipios de Misiones. Dos años y medio después ocupábamos el puesto 12. Además, regularizamos una gran superficie y de tener algo más de 7.000 hectáreas, pasamos a más de 62.000. La mayoría eran plantaciones y monte. Cuatro años y medio estuve en el cargo. Estuve desde el 69 al 73, cuando cambió el gobierno.

Y de allí a Papel Misionero...

En el último año como intendente me convocan para integrar el directorio de Papel Misionero. Una fábrica que aún no existía y que había que construir. En ese proceso hubo que hacer una gran gestión bancaria y financiera, porque la construimos sin plata propia.

En ese momento, ¿qué hizo?

Volví a mi actividad en la plantación de Carolina. Después me pidieron que volviera a Papel Misionero, pero no quise. Era muy sacrificado, muchas veces poníamos plata de nuestro bolsillo para viajar con la promesa de reembolsos que no se hacían. Aunque debo reconocer que muchos años después, cuando la empresa estaba en vías de liquidación, se acordaron de pagarme esos reembolsos.

¿Y Alto Paraná?

En ese proceso participé mucho para intentar que la empresa se instalara en Esperanza. Yo tenía el conocimiento de la actividad por mi paso por Papel Misionero y un conocido que tenía plantaciones acá me dijo que él tenía la misión de elegir el lugar donde se instalaría la fábrica de celulosa. Empezamos a recorrer los lugares y a él le gustó Puerto Segundo, que era una propiedad nuestra. Nos ofrecieron 150 dólares la hectárea, que era más o menos el precio del mercado. Al principio queríamos entrar con el valor de la tierra como inversión a la sociedad, pero el estatuto decía claramente que sólo podían ser papeleros, entonces no pudimos

¿Qué significó que Alto Paraná se instalara en Esperanza?

Fue muy importante para la ciudad. Creció mucho Esperanza, se radicaron muchos profesionales, nos integramos como sociedad, había más trabajo, pero todo terminó mal. Tuvieron todas las facilidades para hacer bien las cosas: créditos, garantías, exención de impuestos por 10 años… todo. Y al décimo año declararon la quiebra y no le pagaron a nadie. En mi caso ni siquiera cumplieron lo que habían firmado. Después se hicieron cargo los chilenos. Pero si hubiera sido bien administrada en su momento, todo habría sido distinto.

A lo largo de sus casi 90 años, ¿qué más hizo?

Fui cónsul suizo, gobernador del Distrito Norte del Rotary Club. Ese distrito comprendía Misiones, Chaco, Formosa, Corrientes, el norte de Santa Fe y Paraguay. Fui en su momento el gobernador más joven de Argentina. También participé de la cooperativa de servicios de Esperanza y ahí instalamos el primer servicio telefónico. Siempre con la idea, o la intención, de colaborar, de desarrollar.

¿Y hoy qué es Pindó, su empresa?

Yo digo que es una empresa internacional, pero privada. No una multinacional, sino una empresa con contactos a nivel mundial. Yo ya estoy alejado del día a día de la empresa, que está en manos de mis hijos, pero sigo vinculado de alguna manera.

De aquel joven que quería ser economista y terminó siendo forestal, ¿qué balance hace?

Estoy satisfecho por donde me llevó la vida. Elegí estar acá, fui intendente, cónsul, gobernador del Rotary, participé de los proyectos de Papel Misionero y Alto Paraná. Muchas cosas.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?