El mundo está loco… loco… loco... (XXXIX)
Quizás la guerra actual de Medio Oriente, o mejor, las acciones actuales, puedan cesar momentáneamente, pero la guerra seguirá potencialmente de una manera persistente y transformable de potencia en acto. La historia de la región de Medio Oriente, que se remonta a varios milenios atrás, ha dejado en las poblaciones infinidad de heridas abiertas y proyectos contrastantes. Para complicar más el cuadro de situación, en cada Estado hay guerras civiles, también latentes o, al menos, de luchas separatistas y secesionistas, étnicas y religiosas muy localizadas. Los conflictos entre los israelíes y sus vecinos son numerosos y las guerras periódicas del pasado nunca se solucionaron del todo.
Israel parece empeñado, bajo la conducción de líderes ultraortodoxos y derechistas, en expandirse territorialmente siguiendo la letra viva de la Biblia. Los textos bíblicos son absolutamente explícitos y la ortodoxia tiene en sus planes, cumplir con un pacto divino. Los Estados de la región fueron reconfigurados por las potencias occidentales luego de la caída del Imperio Otomano, y esta transformación dejó innumerables situaciones sin resolver. Para colmo, su paz siempre amenazada, fueron y son un centro petrolero de la máxima importancia. Y el petróleo es como la sangre de la sociedad moderna. Si escasea o falta, el organismo se muere.
Así están las cosas hoy, y posiblemente cuando este artículo salga a la luz todo sea un poco diferente. Los cambios de talante de algunos líderes, como Trump, generan más incertidumbre cada día. Parece estar jugado a un juego parecido al póker: amenaza, esconde, retrocede, adivina, y su oponente parece tener más poder del que se supone erróneamente, o es un maestro del bluf. Irán cerró el estrecho selectivamente para ciertos barcos petroleros. Se trata de un arma sorpresiva y muy destructiva que busca crear una conmoción en todos los estados que dependen de estos suministros. Y, quizá, obligarlos a actuar de su lado. Pero Trump, que parecía retirarse en cualquier momento, puso en la carpeta una apuesta mayor: cerró el estrecho para todos sin excepciones, porque a lo mejor está buscando algo similar pero opuesto. Le dice a Europa y otros aliados: todos van a vivir la crisis y deben, por lo tanto, involucrarse en esta guerra.
La novedad es la realización de un encuentro destinado a llegar a un acuerdo para establecer la paz. Este cónclave se efectúa en Pakistán, país de mayoría musulmana sunita. En este país se refugió Bin Laden, donde fue capturado y asesinado por fuerzas de la CIA y el ejército estadounidense. Es, además, el único país árabe musulmán que posee la bomba atómica. China actúa también en los entretelones de la reunión. El resultado fue un rotundo fracaso inicial. Irán se mostró intransigente en varios temas: a) poder retener su uranio con fines pacíficos, b) poner fin a los ataques de Israel al Líbano, c) cobrar una indemnización por los estragos ocasionados en su país, c) poner fin de las sanciones económicas que poseen ya mucho tiempo. EEUU, tiene en sus círculos más decisivos mucha presión para no abandonar a Israel, verdadero inspirador de la guerra actual. El vicepresidente de EEUU, JD Vance, afirmó en estas últimas horas que los acuerdos “son muy buenos”, pero que Irán no acepta las dos condiciones irrenunciables que debe cumplir: a) entregar todo el uranio enriquecido y b) abrir el estrecho de Ormuz para todos los barcos sin pagar peaje. Como Irán no acepta ambas condiciones, Vance afirma que al no aceptar estas exigencias se hará cargo de sus consecuencias, sin especificar cuales serán.
Trump ya tiene mucha oposición interna, comenzando por su vicepresidente, que no está de acuerdo con la guerra y es el que asistió a las reuniones. Hoy, la situación muestra un callejón sin salida, o peor, una guerra mucho más catastrófica. Israel continúa bombardeando el Líbano y ocupando el sur de ese país. Y, avanzando sobre Gaza con la intención, expresada con claridad, de su objetivo de expulsar a los palestinos del territorio. El otro frente de conflicto para la gestión del presidente Trump es la perspectiva de la Unión Europea. Que es muy confusa y vacilante y que sólo encuentra en España una respuesta terminante. El resto no se decide a intervenir en la guerra. Hoy el conflicto con la UE se acrecienta. EEUU amenaza a Gran Bretaña con sanciones económicas por su reticencia a intervenir en socorro de su aliado principal. La incertidumbre es absoluta. Existe una circulación agobiante de versiones contradictorias, que planean sobre la superficie, mientras las verdades intenciones y objetivos se juegan en la profundidad. Sólo aparecen algunas filtraciones y el inevitable análisis de los hechos concretos.
El estrecho de Ormuz continúa cerrado con algunos matices. Irán acaba de habilitar el paso a los países amigos sin cobrar peaje, mientras a detenido e incautado barcos de EEUU. Por su parte, la potencia americana ha incautado barcos petroleros de Irán. Trump manifiesta que la república islámica no podrá soportar esta situación porque su economía colapsará. En cambio, su país tiene todo el tiempo del mundo. Lo cierto es que la guerra, que iba a durar sólo cuatro días con Irán reducido a la edad de piedra, se está prolongando con un saldo de destrucción y muertes inimaginables. Nuestro país, sorpresivamente, y no debemos descuidar este tema, declaró que Irán era su enemigo y la guardia revolucionaria, un grupo terrorista. Este compromiso es muy peligroso en varios sentidos: político, económico y en las alianzas internacionales. Hoy Trump, enfrentado a Gran Bretaña por la negativa inglesa a implicarse en la guerra, manifestó que las Malvinas son argentinas. Creo que fue solamente una “bravata”. Esto desató una enorme cantidad de respuestas contrarias.
No perdamos de vista que, al entrar en un pantano, como en Afganistán o Vietnam, EEUU puede arrastrarnos a esa ciénaga. China, un “cliente” importante de nuestros productos, va a escoltar a sus barcos para eludir el bloqueo. Lo cierto es que, las treguas continúan, el rearme también, las negociaciones siguen estirando sus plazos. Y las guerras de Ucrania y el Líbano se prolongan. No se avizora una solución próxima. Y cada vez son más los efectos graves sobre las poblaciones, la economía mundial y la incorporación de nuevos actores parece inevitable. Estamos entrando en horas decisivas. Trump no puede retirarse sin haber ganado algo. Una derrota sería también en la política de su país.
Por Roberto Carlos Abínzano
Profesor Emérito Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Universidad Nacional de Misiones