El reino de la doble vara, incluso a la hora de dudar

...
domingo 02 de agosto de 2026 | 6:00hs.
Imagen generada por IA.
Imagen generada por IA.

Reconozcámoslo: no somos objetivos. Y no hablo de los medios y los periodistas (que tampoco, porque es imposible: siempre se habla desde algún lugar). No juzgamos por igual al que nos cae bien que al que detestamos. Hay algo de sano en ello: la familia es la familia, los amigos son los amigos y las lealtades se ponen a prueba en los momentos difíciles. Pero sí que es deseable ser imparciales, especialmente en los medios, aunque también al momento de evaluar las circunstancias y los hechos como ciudadanos.

Sea sincero, ¿se indignó igual con la corrupción de Adorni que con la de Insaurralde? ¿Minimizó una (cualquiera de las dos) y exigió el mayor de los castigos para la otra? Si es así, tranquilo, que no es el único. Al menos del 89 para acá, no hubo un solo gobierno nacional sin escándalos de corrupción. No hubo, tampoco, un solo partido opositor que la haya criticado. Sin embargo, hemos tenido alternancia en el poder y es ahí cuando el ayer enojado justifica y el antes minimizador se vuelve justiciero (“no mueve la aguja”, me dijo una vez un neooficialista que sólo meses atrás exudaba moralina). Y eso, señora, señor, seguirá pasando, porque en el sistema electoral argentino nadie tiene chances serias de ganar si no pone mucha plata. Y esa plata de algún lado tiene que salir. El resto creo que ya lo puede captar usted solito. ¿Está bien? No. ¿Me gusta? Menos. Pero digamos las cosas como son.

Esto me lleva a la segunda parte de lo que quiero hoy que reflexionemos: así como hay doble vara para medir a los gobiernos según la cara del cliente, también aplicamos la doble vara a la hora de informarnos. Y así viene el mundo, a los tumbos y contaminado por estupideces y malas intenciones.

No le pido que le crea solamente al medio para el que trabajo. Es más, no le pido que les crea solamente a los medios. Las redes sociales (les seguimos diciendo así a falta de un mejor nombre) y las plataformas le han dado voz a mucha gente muy valiosa que de otra manera no la tendría. El problema es que también ha empoderado a personas y grupos muy ruines. Algunos de ellos hoy dominan el mundo (sí, literalmente: son los más poderosos del planeta), otros tienen una agenda perversa y no van a dejar que la realidad se interponga. Eso sí, todos ellos se presentan como interesados únicamente en la verdad. Mejor dicho, muchos de ellos ni se presentan, porque tienen quienes hablen por ello y defiendan sus intereses. Siempre en nombre de la verdad, el supuesto progreso, la defensa de presuntos valores…

Volviendo al ejemplo anterior: ¿notó cómo el caso Insaurralde (espantoso hecho) reapareció mágicamente hace unos meses, casi tres años después del escándalo, y no volvió a mencionarse después de la renuncia de Adorni? ¿A nadie le importa que se haga justicia, que los culpables rindan cuentas?

También ayudó el Mundial, claro. Cuando la cosa anduvo bien, encolumnados detrás de Messi. Cuando la ilusión se desvaneció, los fantasmas de “aquí hubo algo raro” los agitaron los mismos que siempre encuentran una cortina de humo para no hablar de lo que realmente pasa. Sea en los medios tradicionales o en los (ya no tan) nuevos espacios.

Y usted, ¿de qué habló? ¿Siguió con la cantinela de Insaurralde y Adorni -ya a contracorriente- o se sumó al “debate” sobre qué le sucedió a la Scaloneta y cuál es el verdadero motivo de la derrota?

Entonces, estimado lector, si ya se ha dado cuenta de que nos llevan de las orejas y nos ponen en la mesa un acotadísimo menú de aquello que debe tratarse (y cómo, además), ¿puede, al escuchar al periodista/comunicador/influencer que más le gusta, hacer el ejercicio de ponerlo un poquito aunque sea en tela de juicio, de no creerle todo sólo porque lo dijo quien lo haya dicho?

Temas de esta nota
¿Que opinión tenés sobre esta nota?