Algo está pasando ahí

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domingo 13 de septiembre de 2026 | 6:00hs.

Una foto. Un encuentro de jóvenes de una iglesia cristiana celebrado en Corrientes. Vestían una remera que decía “Congreso Antisistema”. Probablemente en referencia a una cuestión de la fe, pero decidieron usar ese lema porque entienden que este sistema no los contiene, no les da esperanzas.

Paradójicamente esa palabra, antisistema, es una de las más usadas actualmente en el mundo, pero en un sentido más político, más de bandera de protesta ante un momento complicado de la historia.

¿Es necesario recordarlo? Va: Guerras en varias partes con miles de muertes inocentes (Ucrania, Gaza, Irán); calentamiento global (olas de calor, tormentas, inundaciones), suicidios (tasas de depresión altísimas entre los más jóvenes), polarización (el discurso violento manda), crisis del empleo, desinformación. Finalmente, todo redunda en una gran desconfianza.

Es como que no da gusto vivir en un mundo así.

La socióloga y politóloga española Cristina Monge está obsesionada con lo mismo. Publicó un ensayo este año, se llama Contra el descontento. Y en él cuenta y analiza lo que está pasando en el mundo, sobre todo entre los jóvenes.

Su propuesta es recuperar la confianza en el otro, en la democracia, en la política.

Pero antes, en una entrevista con la BBC, dio su diagnóstico: “Vivimos en un momento de descontentos que se manifiestan de forma distinta en cada parte del planeta y también son distintos entre ellos. Pero tienen algo en común: no es un descontento nuevo. Empieza a gestarse a raíz de lo que ahora llamamos hiperglobalización, que tuvo dos efectos. Uno económico: las decisiones sobre la economía empezaron a tomarse en centros muy alejados de la gente. Y otro político: las decisiones políticas empezaron a tomarse en lugares distantes, se hizo global y, en cierta medida, se le usurpó a la ciudadanía”.

Ese malestar, dice Monge, surge cuando se mide contra el futuro: tenemos delante desafíos enormes y no confiamos en nadie para gestionarlos.

“Y cuando existe el malestar y una oferta no logra recuperar esa confianza, la gente busca otra. En este momento esa otra oferta es disruptiva contra el conjunto del sistema: no quiere mejorar la democracia, la está impugnando”.

Aquí es donde el diagnóstico se complica. Según Monge los principales beneficiarios de la antipolítica son los cuatro o cinco “tecnofascistas que están gobernando el mundo: no quieren reglas ni organización, quieren dominar el mundo con lo suyo”.

Como otras veces en la historia el poder concentrado no busca acuerdos. Pero el resto, el 99 por ciento de la humanidad, necesita de la política como una forma de organizar los desafíos colectivos.

Monge lo dice directamente: hay que hacer una reivindicación de la política, de la buena política. “Necesitamos construir una expectativa de futuro como un sitio en el que nos gustaría vivir: no un sitio del que quisiéramos escapar”.

Pero eso requiere de medidas urgentes, según la especialista. En la cuestión tecnológica propone regular internet, las redes y la inteligencia artificial, de manera que ayuden a las democracias en vez de empeorarlas.

“El gran problema hoy es recuperar la confianza de la ciudadanía, que está perdida no solo en lo político, sino también en lo mediático. El reto de recuperar la confianza no es solo del intendente que llega a gobernar; es del conjunto del sistema: los medios, la academia, las empresas. Es vital dar señales claras de que el objetivo es reducir la desigualdad, que es la gran promesa incumplida de las democracias”.

¿Y qué propone Monge? Construir liderazgos ciudadanos. Las asociaciones de vecinos, los líderes comunales, los agricultores organizados forman parte de los agentes de intermediación, junto a partidos políticos y medios de comunicación. Hay que recuperar esas esferas de intermediación.

“La gente no cree en los Estados, pero cuando hay un terremoto llama al ejército, a la policía, a los bomberos. Eso es Estado. La crisis es del conjunto del sistema. En la medida en que se mueve uno de esos engranajes, se pueden mover los demás”.

Monge insiste en la mirada al futuro. Los seres humanos necesitamos esperanza para arrancar cada día.

“La pregunta no es qué va a pasar, la pregunta es qué vamos a hacer, y eso significa reconocer que el futuro no está escrito, que depende de lo que hagamos, que no depende de cuatro señores tecnofeudales sino del conjunto de la sociedad”.

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