“El mundo está loco… loco… loco... (XLII)”
Por Roberto Carlos Abínzano Profesor Emérito Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Universidad Nacional de Misiones
Tal como imaginamos en el artículo anterior, todo cambió en pocos días. Otra vez volvemos a torrentes de noticias contradictorias, oficiales o supuestamente neutrales. Nuevos ataques a Irán; cierres de Ormuz; contraataques a bases de EE.UU. en la Península Arábiga, etcétera. Es una guerra que se va haciendo crónica, mientras la destrucción y las muertes continúan. Israel insiste con su ocupación de Gaza y de sur del Líbano. El memorándum, que alentó esperanzas, ya no existe; la guerra adquirió una intensidad que augura días de enorme destrucción y se ha empezado a difundir la información de un posible uso de armas nucleares “tácticas”. Y, para colmo, se van incorporando nuevos actores y estados, de manera directa o indirecta.
La guerra logra que conozcamos a sociedades de las que ni siquiera hemos escuchado algo, o, quizás sólo su nombre. Y eso nos obliga a conocer mínimamente las características de estos pueblos, sus costumbres, sus ideas, sus creencias, etcétera. En este caso, nos referimos a los hutíes, segmento cada vez más importante del estado de Yemen, en el sur de la Península Arábiga. Este inmenso territorio es el asiento de varios estados muy ricos y poderosos, por su vinculación con la explotación petrolera. Estos países son: Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Bahrein, Omán y Yemen. También hay tierras de Iraq, Siria y Jordania. Desde el punto de vista geopolítico, Yemen es el país que, en este momento, representa la resistencia musulmana a la alianza que el resto de los vecinos de ese territorio mantiene con EEUU. Y esta beligerancia yemenita es protagonizada por los hutíes, no por la totalidad del país (es aconsejable consultar mapas para entender mejor lo que ocurre).
Los hutíes tomaron su nombre de su líder Hussein al Houthi, que fue asesinado en 2004. En sus comienzos, esta organización no era violenta. Muchas de sus acciones eran de ayuda social. Luego se fue radicalizando y tomó contacto con otras organizaciones, siempre enfrentando a los demás estados peninsulares y al propio gobierno de Yemen. Su relación más decisiva en estos tiempos fue con Hezbolá, organización chiíta, fundamentalista, apoyada por Irán. Mientras que Irán apoya a los hutíes, EE.UU. lo hace con los demás estados, donde posee bases militares muy importantes, que hoy son blanco de los misiles iraníes. Los hutíes amenazan con -y a veces concretan- ataques a barcos enemigos en el estrecho de Bad el Mandeb y de su posible cierre.
De sus 1.500 a 2.000 integrantes que tuvo en sus comienzos, hoy posee unos 150.000. Sus militantes de foguearon en guerras intestinas y su ideología, si bien es musulmana, no tan estricta como los salafistas y otros grupos, no se fusionó con Al Qaeda, que tiene presencia en la Península. Por el momento, más allá de algunos ataques a la costa este, los hutíes parecen decididos a bloquear el estrecho de Bad el Mandeb, que une el Mar Rojo con el Golfo de Adén. Y que es, además, una vía fundamental para la circulación desde el canal de Suez. En los últimos días, EE.UU. parece haber tomado conciencia del peligro que todo esto significaría para la economía mundial y reaccionó con un ultimátum, amenazando con atacar a los hutíes hasta destruirlos totalmente. Éstos, por su parte enarbolan sus banderas al grito de “Muerte a Estados Unidos”, “Muerte a Israel”, etcétera. ”Muerte al presidente de Yemen”.
No sabemos si las amenazas de Trump se van a cumplir o sólo se van a congelar, como otras anteriores. La guerra está costando muy cara; los enemigos no se rinden y aplican armas económicas inesperadas y contundentes, como ya vimos, y la situación interna de EE.UU. no es la mejor para el presidente. Sin embargo, los hutíes le están dando su excusa preferida: crear un peligro para su seguridad, en cualquier parte del mundo, para intervenir violando todas las reglas internacionales. Algunos funcionarios del Pentágono han sugerido la necesidad de cambiar resoluciones y normas de la ONU. Estas acciones de injerencia a nivel mundial se están multiplicando cada vez más. Lo estamos viendo en América Latina en los casos de Venezuela y Cuba, y en otros países donde intervienen en los procesos electorales. EE.UU. sigue una vieja tradición de injerencias, presiones y extorsiones para imponer sus políticas. No bien obtenida su independencia comenzó a expandirse por su territorio hacia el oeste y hacia tierras del sur y el mar Caribe. Para ocupar Cuba fraguó un autoatentado a un barco suyo anclado en el puerto de La Habana, lo que le permitió declarar la guerra a España y quedarse por muchas décadas luego de su victoria.
Desde entonces hay una larga historia de mecanismos similares. Ya en el siglo XX y durante la guerra fría, ambas potencias enfrentadas (EE.UU. y URSS) desplegaron toda clase de estrategias para atraer al resto de los países a su espacio hegemónico. Pero, al caer la potencia euroasiática y disolverse, la escena parecía despejada como para instalar, por fin, un orden mundial con sede en Washington. Esto multiplicó la estrategia que comentamos antes: intervenir donde sea con explicaciones falsas basadas en su supuesta victimización. El caso más resonante fue la Invasión a Irak por la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en su territorio, que ya se había demostrado, dentro del propio EE.UU. que eran falsas y, efectivamente, después de la muerte de miles de iraquíes y el ahorcamiento de Sadam Hussein, se comprobó la verdad: no existían las armas. Y los invasores se retiraron dejando un país arrasado y a merced, paradójicamente, de los grupos terroristas y fundamentalistas. Lo mismo pasó en Libia, Siria, Afganistán y ahora en Irán, suponiendo que posee capacidad de fabricar armas nucleares. Y el pronóstico parece ser similar, aunque en este caso no fue posible cambiar el régimen, apoderarse del petróleo, y resolver el conflicto en sólo cuatro días.
Mientras tanto, el mismo EE.UU. sigue sosteniendo una tensión peligrosa en Taiwán, Corea, Ucrania, Venezuela, Cuba y Colombia. Explícitamente ofreció a Canadá ser un estado más de EE.UU. y a Copenhague comprar Groenlandia. Su rival principal, China, utiliza otra estrategia: económica, tecnológica, comercial, mientras, también realiza grandes innovaciones en armamentos. Acabo de enterarme que Ucrania atacó a un barco de Irán. ¿Se vincularán las dos guerras?
Bueno, seguimos ya en agosto y tomen caña con ruda.