Ñande Reko Rapyta (Nuestras raíces)
1° de mayo: mensúes
La explotación de la yerba mate es tan antigua como la conquista misma, en el momento que el español descubrió el potencial económico de la planta, atrás quedó la arista “diabólica” de su uso; cuando se produjo la expulsión de los jesuitas el negocio verde quedó a la deriva y casi un siglo después, volvió al centro de la economía regional con la vieja estructura de producción actualizada, en lugar de indios reducidos o encomendados se impuso la figura del mensú y con ella, dos oficios estrechamente relacionados y necesarios, el conchabador y el kapanga o capanga tiñeron la historia regional desde la mitad del siglo XIX hasta…
De acuerdo con el diccionario conchabador deriva del verbo conchabar, del latín conclavare, significa unir, juntar, asociar; también “mezclar la clase inferior de la lana con la superior o mediana, después de esquilada”; en lenguaje coloquial se utilizó como “dicho de dos o más personas, ponerse de acuerdo para un fin, con frecuencia ilícito”; otras acepciones son “romperse, frustrarse, quebrarse”; en Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela hace referencia a “contratar a alguien para un servicio de orden inferior, generalmente doméstico”.
Por su parte kapanga es un término de origen portugués; escrito con c significa “bolsa pequeña, tejida, de cuero o de plástico, la basura tirada por los viajeros, bolsita usada por los comerciantes de piedras preciosas”; en cambio con la letra k “es un concepto relacionado con aspectos negativos de la personalidad de las personas relacionadas con la esquila, el que corta el vellón, el esquilador, el capeador, es la forma tradicional de decirlo en Paso de los Toros, Tacuarembó, Uruguay”; en Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay define a la “persona que cumple las funciones de capataz, conduciéndose, a veces, con violencia; obrero jefe de obreros que responde a la patronal, eran (o son) los capataces de las plantaciones de yerba mate y de la tala de quebracho colorado en el Noreste argentino”.
El primero de los mencionados fue una especie de contratista que captaba peones, su función era convencer y negociar con ellos -mensúes- las condiciones y valores para la cosecha de yerba mate o el apeo de árboles en la selva virgen del Alto Paraná; más temidos que respetados, fueron “señores de la vida y de la muerte”, en nombre de propietarios que casi nunca pisaron Misiones, y la representación del “exceso de autoridad” bajo la mirada indiferente de autoridades y la sociedad.
Algunos nombres trascendieron el tiempo: Antonio Julián, Nicolás Chemes, Jorge Simón, Ramón Haddad, Paí-mí, el Turco Burak y José Omar, todos “independientes”; los grandes comercios locales tenían los suyos, por cada trabajador conseguido ganaban entre 3 y 5 pesos; según un informe oficial, en 1914, se registraron conchabadores de diecinueve nacionalidades, los contratos generalmente eran verbales; Posadas fue el principal centro de conchabo, seguida por Candelaria, Santa Ana y San Ignacio.
Una vez apalabrado el trabajador, se le entregaba una suma de dinero como anticipo, bajo la mirada “paternal” del conchabador que los vigilaba hasta el momento del embarque en algún vapor, sin tener muy en claro las condiciones del duro trabajo, los mensúes se encaminaban hacia el puerto y la realidad se transformaba, sobre cubierta, hacinados, sin agua ni comida, remontaban el río hasta el establecimiento en cuestión donde eran recibidos por otros kapangas, que los organizaban y trasladaban hasta los lugares de trabajo, a pie, en ocasiones hasta inmediaciones del río Uruguay -Campo Eré, Pepirí-; en los campamentos eran sometidos a condiciones infrahumanas de vida, siempre bajo el estricto control de los kapangas y administradores.
Al poco tiempo, la idea de huir de los establecimientos era potente, urgente, los primeros intentos se castigaban con latigazos, dos o tres días de cepo con ataduras de tiento fresco o cuerpos enterrados en el monte dejando solamente la cabeza a ras de tierra; si el mensú no “entraba en razón”, una bala y el cuerpo arrojado al río era “la solución final” y el escarmiento para el resto.
Pocos mensúes trascendieron la memoria colectiva, como Doroteo “Yaguareté” Ramírez, sobrevivió a la selva, delinquió, pagó la deuda con la justicia y falleció a los setenta años en la zona de San Vicente.
En Misiones, el registro más antiguo de la conmemoración del Día de los Trabajadores, del Trabajo o del Trabajador data del 30 de abril de 1917, cuando el diario La Tarde publicó en tapa, bajo el título “El 1° de Mayo – Manifestación Obrera” donde se puede leer lo siguiente “(…) Adhiriendo al día de los trabajadores la Sociedad Unión Obrera, ha resuelto realizar mañana una manifestación pública. Dicho acto que promete verse muy concurrido, se efectuará a las 4 p.m. ajustándose al siguiente recorrido: Del local del Centro hasta Belgrano, de Belgrano a Félix de Azara hasta Bolívar siguiendo Bolívar hasta Ayacucho, siguiendo Ayacucho hasta Entre Ríos dando vuelta la plaza San Martín y encaminándose por la calle Rioja, seguirá hasta San Lorenzo siguiendo de allí hasta Córdoba, por cuya calle seguirá hasta 25 de Mayo de donde seguirá hasta Bolívar siguiendo Bolívar hasta Rivadavia de donde seguirá hasta el local social, punto donde harán uso de la palabra varios obreros explicando el significado de la fecha que se rememora (…)”.
En el año 1946, por primera vez, autoridades nacionales encabezaron el evento, al año siguiente la Confederación General del Trabajo conjuntamente con el Ejecutivo Nacional llevaron adelante la actividad y todo cambió, se instituyó un acto con discursos alegóricos y encendidos, luego se presentaban números artísticos con afamados y populares exponentes, a continuación, un gran desfile de carrozas y la elección de la Reina del Trabajo; luego del Golpe de Estado de 1955, el 1° de Mayo quedó en manos del Partido Socialista, durante la Presidencia de Illia el evento retomó su carisma más popular pero un nuevo gobierno de facto retrotrajo las cosas; la década de 1970 estuvo marcada por el final de la proscripción política, el regreso del líder exiliado y la recuperación de la efeméride para el “pueblo trabajador”, aunque por poco tiempo.
En estos tiempos es imprescindible tener memoria y repetir el artículo 14 bis de la Constitución Nacional que dice: “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial”.
¡Hasta la próxima!