Planes y stock ganadero: el tiempo perdido

miércoles 22 de abril de 2026 | 6:00hs.

Si revisamos bibliografías de planes ganaderos realizados en el país, encontraremos proyectos elaborados en el ámbito nacional, de las provincias, de entidades rurales y del Consejo Federal Agropecuario (CFA). De todos ellos, obviaron la decisión política más importante para consumarlo: cómo financiarlos y dónde ejecutarlos.

La miopía es creer que el país ganadero se reduce a los límites de la pampa húmeda y el consumo de carne circunscripto a los habitantes de la Capital Federal. Si las cosas por allí andan bien, de rebote el país se contonea de igual manera, y esto no es así.

Esta situación indudablemente debe revertirse. Para ello expongo el siguiente ejemplo comparativo de ejecución efectiva: En los años noventa la camada de veterinarios combatió la aftosa, obtuvo el estatus internacional libre de esa enfermedad y logró vacunar la totalidad del rodeo nacional: 60 millones de cabezas de ganado bovino, a la par de ese estatus, internacionalmente, aumentó el valor la carne y por supuesto la cuota Hilton.

En comparación, hoy, año 2026, la cifra de vacunos se redujo a 50.900.000 animales, siendo el nivel más bajo desde la entrada del nuevo siglo.

Años antes, mediados de los setenta, Brasil tuvo que cambiar su situación ganadera a fuerza de grandes sacrificios. (Si tomamos ese ejemplo, a lo mejor, encontramos nuestro rumbo). Por empezar ellos hicieron dos cosas: primero, descentralizaron la capital y trasladaron del lujurioso Río de Janeiro al actual nuevo y ascético. Es lo que quiso hacer Raúl Alfonsín, pensando, tal vez, que en tiempos de la Confederación Argentina, la Capital estaba en Paraná y, como tal, las decisiones se tomaban lejos de la influencia de la ciudad-puerto. Habrá pensado el viejo caudillo que Paraná, como Viedma, era y sigue siendo austera.

En segundo lugar, dejaron de sobreactuar en Río Grande do Sul, su Pampa Húmeda, limitada a producir alimentos que no alcanzaban para exportar y dar de comer a su creciente población. Fue cuando se decidieron explotar en escala las rudas tierras del norte, asentando hombres, animales, maquinarias, semillas y créditos orientados a la producción agropecuaria. Comenzaron la movida con 140.000, cantidad de ganado de inferior calidad. Hoy registran 240 millones de cabezas y es el mayor exportador de carne del mundo. Además, tienen reforestadas más de 20 millones de hectáreas para paliar las emisiones de carbono de los bovinos.

Es como si la Secretaría de Agricultura de la época volcara la mirada hacia el NOA y el NEA y procediera de igual manera. Si la misma decisión se hubiera tomado en nuestra Argentina en décadas pasadas, no diez, ni veinte, treinta millones de vacunos estarían pastando en la vasta región del Norte y nuestros desvelos actuales no pasarían por la crisis de la vaca, sino cómo evitar la aftosa e ingeniarnos en meter la máxima cantidad de carne en los mercados del mundo.

¿Ortega y Gasset decía “argentinos, a las cosas”? Exponiendo la frase no peyorativamente digo, sería bueno que las autoridades del área organicen con las entidades rurales, de la industria frigorífica y representantes del NOA-NEA una especie de Moncloa ganadero y concreten un plan pecuario que Argentina necesita de cara al futuro y digan, de una vez, “argentinos, a los bifes”, sin olvidarse allende el río Colorado donde habitan argentinos abastecidos por la carne más cara del país.

No obstante, en nuestra Argentina, donde el precio de la carne bovina es caro y bajó su consumo a 47 kilos/año por habitante (en décadas anteriores se consumía más de 60 kilos/año) el consumo de proteína animal es uno de los más alto del mundo: 116 kilos por habitante al año. En este ítem se destaca el pollo: 50 kilo/año, luego el cerdo, y en huevos somos los mayores consumidores del mundo: 400 unidades por persona. De acuerdo a esos datos Argentina se posiciona entre los principales países de consumo de proteína animal a nivel global junto a los EE.UU.

Con el acuerdo de la Comunidad Europea/Mercosur de la baja del arancel cero eliminando el gravamen anterior del 20%, se incrementa la rentabilidad y competitividad de nuestras carnes. Entonces, qué mejor oportunidad para implementar un gran plan ganadero y así aumentar el rodeo bovino. Ese animal que brinda la mejor carne del mundo.

Sugerencia para una posible recuperación, otros podrán aportar la suya. Primero, establecer que la pampa húmeda tiene acotada la ganadería por la producción de granos a raíz de los mejores precios internacionales de los cereales, por ello, se deberá cargar más carne por unidad de animal mediante el empleo de tecnología y genética en otro lugar físico. Segundo, en la porción del mundo con hambre aumentará la compra de granos, alimento más barato que la carne. A la inversa, en los países ricos de mayor poder adquisitivo, crecerá la demanda de carne a medida que se supere el alto precio del petróleo. Tercero, es necesario expandir las fronteras ganaderas a los campos marginados del Nordeste y del Noroeste de probados rendimientos, cuyo valor por ha es menor que las tierras de la Pampa Húmeda, factor que disminuye el costo de inversión. Y cuarto, esta gran región, ubicada por arriba del trópico de Capricornio, abarca 12 provincias incluidas el norte de Córdoba y Santa Fe. Posee una extensión superior a los 850.000 kilómetros cuadrados y tiene en existencia 13 millones de vacunos, es poco más del 19% del total del país y, necesariamente debe aumentar al doble su población animal.

Este sencillo análisis, tan de actualidad, fue sugerido por el CFA de 1992, del cual participé.

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