Ambos son docentes en San Pedro

Ingresos extra para que el sueño del título no quede truncado

Raúl Añais y Lorena Fernández destinan más del 60% de sus sueldos al pago de alquileres y gastos básicos de sus tres hijos
domingo 22 de febrero de 2026 | 6:05hs.
Karen, una de las hijas, está en 4° año de la carrera de Bioquímica.
Karen, una de las hijas, está en 4° año de la carrera de Bioquímica.

La situación de las familias de San Pedro que deben sostener a sus hijos en universidades alejadas de sus hogares atraviesan un momento “al límite”. El principal obstáculo hoy es el gasto en alquileres, que se convirtió en la mayor carga financiera, superando en muchos casos el 50% de los ingresos totales de ambos progenitores. Esta presión económica provocó que varios estudiantes se vieran obligados a abandonar sus estudios por falta de recursos y que las familias busquen ingresos extras.

Desde San Pedro son miles los jóvenes que emprenden un viaje con mochilas cargadas de sueños, desafíos y el enorme esfuerzo que encaran sus padres para que puedan acceder a la universidad, en su mayoría pública, ubicada en localidades como San Vicente, Eldorado, Oberá o Posadas, realidad que tampoco es ajena a otros cientos que deciden estudiar en el municipio opciones gratuitas como Profesorado de Enseñanza Primaria, Profesorado de Nivel Inicial o la Tecnicatura Universitaria en Guardaparque.

Para quienes dependen de cargos públicos, la realidad es tajante: los sueldos estatales no alcanzan para cubrir la vida de los jóvenes fuera de sus localidades. Esto obliga a los núcleos familiares a optimizar recursos al máximo y buscar actividades extras o emprendimientos privados. El panorama es aún más desolador para los productores agropecuarios, quienes enfrentan el costo educativo en medio de crisis profundas en sectores motores de la economía local y regional como la yerba mate.

En esta oportunidad, Raúl Añais y Lorena Fernández representan el esfuerzo de miles de padres docentes. Tienen tres hijos estudiando fuera: Aldana,  cursa el 2º año de Ingeniería Química y Karen está en el 4º año de Bioquímica (ambas en la Unam) y Facundo en una licenciatura privada de Entrenamiento Deportivo.

El matrimonio relató cómo los números apenas cierran. “A nosotros más del 60% de los ingresos que tenemos con nuestros sueldos de docentes se nos va destinado a los chicos allá”, indicó Raúl.

Están convencidos de que darles a sus hijos la oportunidad de alcanzar un título profesional, pero afirmaron: “Si dependiéramos hoy solamente de los sueldos, estaríamos complicados y no podríamos estar asumiendo esos compromisos”.

Por ello, deben realizar otras actividades para sumar ingresos extra a la economía familiar.

Peso de los alquileres y servicios

La estrategia de la familia para alivianar el alto costo de un departamento fue alquilar dos unidades, un departamento que comparten las hermanas y otro para el hijo varón. Sin embargo, el costo de un departamento para dos personas en ciudades como Posadas ya oscila entre los $500.000 y $700.000 mensuales, sin contar los servicios.

A esto se suma la carencia de asistencia alimentaria directa. “Hoy no hay comedor universitario, al menos ni Karen ni Aldana pueden acceder, tampoco Facu. Así que el gasto de alimentación lo tienen también”, señaló el padre.

En este escenario, el gasto en servicios como luz, agua e internet se vuelve innegociable, siendo este último considerado hoy un “servicio esencial” para cualquier estudiante.

A pesar de la complejidad, existe un respiro para el bolsillo familiar gracias al Boleto Estudiantil Gratuito (BEG). Este programa provincial subsidiado permite que los jóvenes se trasladen tanto dentro de las ciudades universitarias como desde sus hogares hasta los centros de estudio de la provincia sin costo adicional.

Para familias como la de Raúl y Lorena, la vida se resume hoy en un complejo equilibrio de sus recursos, donde el 40% restante de sus sueldos debe alcanzar para cubrir los gastos del hogar, servicios, seguros de vehículos y movilidad laboral.

La prioridad, a pesar del esfuerzo que implica realizar trabajos fuera de la docencia, sigue siendo que sus hijos no pasen a formar parte de las estadísticas de deserción universitaria.

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