Joven de Iguazú relata su experiencia con las adicciones

Una vida marcada por las recaídas y las tentaciones

Día a día, con la meta de un día a la vez, intenta mantenerse sobrio buscando refugio e intentando volver a encajar
domingo 18 de enero de 2026 | 6:05hs.

La vida de muchos jóvenes es destruida a diario por el consumo de sustancias, muchos buscaron refugio en lugares poco recomendables y otros simplemente cayeron por curiosidad. Este último es el caso de Juan (nombre ficticio) que cometió un error motivado por una joven con la que quería una relación amorosa y terminó cayendo en un círculo vicioso y se vio solo tras la muerte de la única persona que luchó por él.

En memoria de su madre intenta no consumir hoy, porque es un día a la vez, pero las tentaciones están a la orden del día acechando, esperando un simple tropiezo emocional.

Juan es un joven de Iguazú, de una familia humilde pero honrada, su madre hizo lo imposible para que terminara sus estudios secundarios, debido a su formación y un poco de ayuda logró ingresar a trabajar en el aeropuerto realizando tareas de mantenimiento y limpieza. Madre orgullosa porque logró encaminar sola a su hijo, sin embargo, la vida y las malas compañías se lo arrebataron.

“Yo estaba bien, y cuando cobré mi primer sueldo quise salir a disfrutar de la noche, no tenía mucha experiencia porque mi mamá no contaba con dinero para malgastar. Conocí a alguien esa noche que me ofreció fumar pedra, y yo no sabía lo que era, pero como yo quería algo con ella le dije que sí. Perdí la cuenta de cuantas veces fumamos esa noche, lo que sí te digo es que al otro día no podía pensar en otra cosa que no sea fumar”.

En menos de dos semanas dejó de ir a trabajar porque no podía estar en ese lugar sin consumir. “Temblaba, me ponía nervioso, me enojaba y perdí mi trabajo. Con el tiempo no tenía cómo mantener el vicio y me enseñaron a robar. Caí preso tres veces, la última me pegaron tanto que dije 'nunca más voy a robar'. Veía que mi mamá lloraba y busqué ayuda. Iba al centro de contención, pero cuando salía en la esquina me regalaban la primera pedra, acepté varias veces y cuando me puse firme y me negué a agarrar, me amenazaron que ahora les debía la plata de las anteriores, fue horrible”.

Para pagar esa deuda, el joven decidió pedir trabajo a los vecinos: cortar pasto, podar un árbol y demás hasta que logró saldarla. Pero las recaídas continuaban.

“Cuando uno anda sucio o te vieron consumiendo, la gente ya te mira raro, quizás a veces no lo hace, pero yo me siento mal. Intenté matarme varias veces cuando me maltrataron porque pedí comida o trabajo. Pero Dios nunca quiso que muera”.

Hace ocho meses el joven perdió a su madre y fue muy duro para él. “Cuando murió, no me querían dejar que me acerque, todos me acusaron de que se murió por mi culpa. Caí de nuevo y un día dormía en la calle y soñé con ella y me dijo que me rehabilitara. Hace cinco meses trato de no caer de nuevo. Por el momento trabajo con un señor que me dio una oportunidad, cortamos pasto, yo lo ayudo. Él me dijo que si vuelvo a caer que no aparezca y yo trato de sobrevivir todos los días por la memoria de mi mamá”.

Un día a la vez, una hora a la vez y una noche por vez es el único camino que debe seguir.

Juan se aferró a Dios y a la memoria de su madre para mantenerse sobrio. “Quisiera volver el tiempo y acostarme a dormir y no haber salido al boliche”.

En Iguazú funciona el Centro de Adicciones en barrio Santa Rosa, donde se realizan tratamientos ambulatorios. Además, en el Hogar de Día hay un espacio de primera escucha para familiares y personas con consumos problemáticos.

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