Renato Chini comparte claves para familias, deportistas y embarcaciones
Prohibir no alcanza: en el agua, educar también salva vidas
Para las y los misioneros, el río históricamente fue fuente de trabajo y de ocio. Pero también es comunidad, naturaleza; salud y cuidado. Y como todo, merece ser vivido con conciencia y herramientas. Esto último reconoce Renato Chini, responsable de Seguridad del Club Náutico León Seró, es tarea pendiente no sólo del Estado provincial sino de quienes promueven actividades para reconectar con el río y sus beneficios.
No es ajeno a los accidentes que suceden en entornos acuáticos: “Escuchamos decir ‘acá no pasa nada’, pero cuando alguien actúa de forma imprudente, cualquier cosa que ocurra nos repercute a todos los que trabajamos en esto. No es ‘a nosotros no nos pasó’: somos todos parte del mismo tema”. Pero la solución, apuntó, “no es prohibir el ingreso al agua: hay que educar, enseñar a la gente a nadar y que tengan los medios de seguridad para hacerlo”.
Acostumbrado a ese ambiente, Chini observa a diario cómo cambió la relación de las familias con el agua -principalmente, en una provincia marcada por tragedias como el Cruce del Paraná y episodios que cada verano se conocen y que enlutan a la comunidad-.
En particular, mencionó prejuicios históricos y una convivencia que aún necesita aprendizaje: “Al principio había mucho miedo, sobre todo de los padres. Era entendible. Con el tiempo se demostró que se puede trabajar con seguridad, aunque las fatalidades existen y, muchas veces, están ligadas a negligencias”, sostuvo.

El lugar en el que Chini recibió a El Territorio para participar de esta entrega, habla por sí mismo: un río imponente y que invita a ser conocido y disfrutado, cuidándonos entre todos, pero también sabiendo los límtes y responsabilidades.
Precauciones
Para quienes llegan por primera vez a un espejo de agua, el especialista fue claro: conocer el lugar es la regla básica, y aplica tanto a aquellos balnearios habilitados como a aquellos (o, especialmente para esos) que no lo están. “El primer error es salir en un sitio que no conocen, y el segundo, hacerlo sin un elemento de seguridad”, explicó.
Chalecos, bidones de agua atados a sogas o cualquier objeto que permita flotar pueden marcar la diferencia ante el cansancio o el pánico: “Hay gente que se cae a dos metros del muelle, en un lugar donde hace pie, y entra en pánico. El chaleco es la herramienta fundamental”, ejemplificó.
Otro error frecuente es subestimar las distancias y la vuelta. Reconoció que, muchas veces jugando o como “desafío”, las personas “se fijan un punto, una boya o un palo, llegan hasta ahí y después hay que volver. En grupos pasa mucho que uno no sabe nadar bien y, por no quedar atrás, se expone. En el agua, esa presión social te puede costar la vida”, advirtió.
También cuestionó los mitos del “pozo” o del río que “chupa”: “No es que el río te traga. Perdés pie, buscás fondo donde no hay y eso genera desesperación”.
En ese sentido, reconoció que, al menos 15 años atrás, el río presentaba más peligros al tener mayor corriente. Después de las obras de embalse de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), “el río casi no corre, salvo los días que está un poco inundado. Lo que sí varía es el viento” (una condición del ambiente que, para quienes practican deportes náuticos o tienen embarcaciones, es crucial consultar antes de zarpar).
Rescatar con un bidón de agua
Protocolos de seguridad hay muchos. Entre los más sencillos, para una escapada familiar o entre amigos a un camping o a una playa, con tener a mano una botella de 5 litros de agua que permita “ser sustento”, se puede salvar una vida.
Al respecto, Chini explicó que un error común, para quienes no tienen preparación física, es intentar salvar a alguien que se alejó de la costa acercándose y tirándose encima: “Una persona que se está ahogando no busca ahogar a otro, busca un punto de sustentación. Improvisar en el momento es imposible. Si no preparaste algo para acercarselo y que pueda flotar, una soga con un bidón o un kayak cerca, no lo vas a poder resolver”, señaló.
“Si hay alerta, no se sale”
Para quienes practican deportes náuticos o tienen embarcaciones, las recomendaciones se vuelven aún más estrictas. El monitoreo meteorológico es clave: “Si hay alerta, no se sale. Así esté soleado, porque es una disposición de Prefectura Naval”, aclaró.
Además, recordó que el área segura para piraguas y botes a remo es hasta 200 metros de la costa, que el chaleco salvavidas debe ser uno por persona y que navegar de noche está prohibido. “Esto responde a una cuestión lógica y es que de noche no te ven. Una embarcación sin luces es invisible y el riesgo es enorme”, enfatizó.
También puntualizó en los cuidados para nadadores expertos y de aguas abiertas. “Si vas a salir al río, llevá un kayak de apoyo. No es sólo por flotar, es para que te vean. Muchas veces el problema no es el agua, sino que una lancha no te percibe”, explicó. Y lanzó una advertencia que atraviesa toda su mirada: “Se puede nadar, sí, pero con precaución. Si se cometen errores, hay incidentes y nos perjudicamos todos”.
Ingreso seguro
En los clubes náuticos, la prevención se apoya en protocolos y entrenamiento constante. Chini detalló que cuentan con planes de evacuación, códigos de emergencia y personal capacitado en RCP y uso de desfibrilador externo automático (DEA).
“El riesgo nunca es nulo. Por eso hacemos simulacros, corregimos errores y practicamos para cada evento. No hay que dejar nada por sabido ni por supuesto”, afirmó. El trabajo se articula con Prefectura, guardavidas registrados y servicios médicos, bajo un esquema coordinado que prioriza la rapidez y la comunicación.
Sin embargo, el responsable de Seguridad insistió en que ninguna infraestructura alcanza sin educación. “Hay que ser coherentes y no desconocer que la gente va a lugares que le queden cómodos. Alguien de Nemesio Parma, por ejemplo, ¿va a venir hasta El Brete? Entonces, si esos lugares no están habilitados o no se pueden habilitar porque no da la infraestructura, por lo menos hay que capacitarlos”.
El debate es claro: “No podemos ser hipócritas de prohibirle a la gente que ingrese a un lugar que no está habilitado, pero tienen que hacerlo bajo prevención y con conciencia”.
Para el profesional, la clave está en formar desde lo básico: aprender a nadar, entender el comportamiento del río, usar elementos de seguridad y abandonar la idea de que cuidarse es exagerado. “El cartel de ‘prohibido el ingreso’ es sólo un amparo legal. La solución real es educar”, subrayó. En esa línea, propuso que “así como se hacen capacitaciones en primeros auxilios, hay que empezar a hacerlo sobre salvamento básico”. Sin embargo, las condiciones deben estar dadas para dictarlo: “Lo teórico no resuelve, hay que enseñar a la gente estando en el agua y que puedan dimensionar una situación de emergencia”.
Informe de domingo
- Educar para evitar tragedias en el agua
- Tragedias en el agua: entre la falta de precaución y las zonas no habilitadas
- Costa Sur y El Brete: balnearios públicos habilitados en Posadas
- En lo que va del verano, la mitad de los ahogados fueron menores
- Prevención y sensatez, el pedido para entrar al agua
- Prohibir no alcanza: en el agua, educar también salva vidas