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Divulgar y concientizar sobre la biodiversidad de Misiones para promover su cuidado

Sergio Moya es docente universitario y un amante de la naturaleza. En sus redes sociales comparte un riquísimo material de registro e información sobre la flora y la fauna
jueves 02 de mayo de 2024 | 10:00hs.
Destaca la plenitud que da caminar por el monte y apreciarlo. Fotos: gentileza S. Moya
Destaca la plenitud que da caminar por el monte y apreciarlo. Fotos: gentileza S. Moya

El tesoro más grande de la humanidad no son sus reservas de petróleo, sus minas de metales preciosos, sino aquello que se puede admirar con todos los sentidos, que es garantía de futuro y sin ella no hay mañana posible. En esta descripción Misiones es la primera por naturaleza y por su naturaleza -permítanme la redundancia- por su biodiversidad que es única, irrepetible y sin nada que envidiar.

De manera inconsciente, a mediados de los 90, un pequeño Sergio Moya de 11 años ya mostraba interés por el monte, los animales, pero su curiosidad no encontraba nada referido a la tierra en la que estaba viviendo. “Como siempre me interesó la naturaleza me ponía a leer, a mirar tele, documentales y cosas de naturaleza, pero todo lo que había no era local, era sobre África, sobre Europa, Estados Unidos y nada de lo que teníamos a la vuelta de la esquina”, recordó Moya, hoy de 37 años y convertido, gracias a su pasión, en el influencer del monte, en un divulgador de la biodiversidad de la tierra colorada y en un generador de conciencia ambiental.

Aquel pequeño que se propuso escribir a mano un libro con todas las especies de aves del mundo -tomando como fuente el Encarta 97- y que se vino de muy chico de Jujuy a la tierra colorada con sus padres, combina su labor naturalista con la docencia universitaria. Es ingeniero electrónico, da clases en la Facultad de Ingeniería de Oberá y se hizo un tiempo para charlar con El Territorio sobre esta actividad.

¿Tu niñez estuvo marcada por la naturaleza?

Sí, absolutamente. Creo que cualquier persona o cualquier niño o niña que viva en Misiones, más allá de que viva en la ciudad, de alguna manera está conectada con la naturaleza porque básicamente nos rodea la naturaleza, Misiones la tiene y mucha por todos lados, incluso en las ciudades y en los departamentos más céntricos que puedan imaginarse en Posadas, algo de naturaleza envidiable para el resto del país podemos tener.

Otro recuerdo que tengo es cuando mi papá iba a jugar al fútbol, que yo lo acompañaba -habré tenido 8 o 10 años-; él iba a jugar a lugares en los que por ahí había algún arroyo, había algo de monte, yo me escapaba, me metía un poco al monte; me acuerdo que una vez me corrieron unas vacas porque me había acercado mucho.

Vivís en la reservita, ¿qué es?

En parte sí vivo ahí, en la reservita. Es como mi segunda casa, a donde voy a trabajar, a desconectarme, a hacer un montón de cosas; también vivo en la ciudad, la reserva es como mi casa de fin de semana, pero en realidad estoy todos los días ahí.

Es una chacra chiquita de las cientos que hay en Misiones, tiene 14 hectáreas con pino, eucalipto, un potrero viejo, ruta de un lado, calle picada del otro, camino rural del otro lado; con todo lo que tienen las chacras -lo bueno y lo malo- un poco de monte, pero también un poco de caza furtiva, de extracción de madera de hace muchos años.

El águila harpía, uno de los ejemplares más espectaculares de la selva misionera.

Es una chacra que mis viejos la compraron hace un montón y siempre estuvo ahí. Siempre que podía me iba, había encontrado que había algunas especies interesantes de aves. Un día hubo un incendio, se hizo un camino para abrir un cortafuego y a partir de ese momento decidí hacer una cabaña para poder estar ahí, controlar un poquito más y durante ese proceso del armado de la cabaña encontré huellas, por ejemplo, de un felino que después me di cuenta que era un tirica. Así puse cámaras trampa, empecé a investigar todo lo que había ahí y realmente fue muy sorprendente, porque aún sabiendo de biodiversidad y de fauna me sorprendió muchísimo la cantidad de animales que había en el lugar y así fue que decidí hacer una reserva, un refugio para la fauna.

Tenés instaladas cámaras trampa ahí…

Sí, tengo cámaras trampa, en este momento tengo como cinco o seis. Una de ellas fue donación de la Fundación Naturaleza y Hombre de España que está tratando de venir a hacer algún proyecto de conservación en la provincia y les estoy dando una mano en algunas cosas. El resto las compré con mi dinero, pero básicamente ese dinero proviene de donaciones y aportes de personas a las que les gusta lo que hago y me ayudan económicamente con algo. Con eso voy comprando cámaras, que es lo que me permite saber qué hay en la reserva y compartirlo con todos.

Las cámaras en varios casos las he llevado a otras chacras, a personas que quieren saber qué hay en su chacras y eso está bueno porque las personas, al igual que me pasó a mí, tienen una chacra con un poco de monte y piensan que no hay nada porque vivieron ahí toda su vida y nunca vieron nada, pero uno pone la cámara y de repente aparece un tirica, un margay, un tatú rabo molle que es un animal en extinción, está amenazado.  Un montón de animalitos que están ahí y el propietario se da cuenta y dice ‘la pucha, todo eso vive en mi monte’ y ahí ya cambia la perspectiva hacia ese lugar, lo empiezan a respetar más o incluso hasta querer restaurar y eso está bueno.

¿Hacés colaboraciones con tu material a revistas o algún otro formato?

Generalmente sí, en revistas, en libros, en páginas web, en artículos científicos, donde sea que mi trabajo pueda sumar y sea algo vinculado a la conservación y a la educación ambiental, ahí trato de aportar ya sea como donación sin costo o, por supuesto, si me dan algo de dinero también porque todo lo que hago lleva muchísimos gastos en equipo. Pero todo lo que sea para educación ambiental, ONG o gente que necesita escribir un paper e ilustrarlo con algo y demás mi trabajo está a disposición para eso, porque básicamente lo que hago es para dar a conocer la biodiversidad de Misiones, la importancia de la selva.

Cuanto más pueda dar mi trabajo para que se muestre en otros lados, mejor. No habría un libro o una revista donde estén todas mis cosas, pero básicamente en mis redes sociales, en Instagram que es donde estoy más activo, ahí todos los días algo subo: cosas que aparecen en la reserva, un bicho, algún insecto, un sonido, algo siempre estoy subiendo.

¿Qué fue lo más gratificante y lo que quizás te dio miedo en tus recorridos por el monte?

Es difícil porque sinceramente cuando uno va al monte es todo lindo, tanto ver los animales o no verlos, el sólo hecho de tener la posibilidad o la dicha de caminar la selva en lugares donde está muy conservada, donde ves las huellas de los yaguaretés y vos estás ahí caminando junto a esos animales o en el mismo lugar que esos animales ya es algo extraordinario, no en todo el mundo eso puede pasar y acá en Misiones pasa.

Pero cosas lindas que me pasaron fueron varias, un montón: haber visto, por ejemplo, el águila harpía un par de veces en la zona del Yabotí, eso es una cosa muy hermosa. Haber sacado algunas fotos de águilas que particularmente son muy difíciles de ver, por eso los encuentros con ellas son muy importantes.

Hace poco también tuve un encuentro con unos zorros pitocos, que son muy raros, muy difíciles de poder ver. Iba caminando por el monte y vinieron, se acercaron a mí, me olfatearon. Saqué el teléfono y puede filmar a uno. Esas son cosas muy lindas en la selva.

Tuve un encuentro muy cercano con un puma, que saltó enfrente mío y como que me quiso atacar; sinceramente no me dio temor para nada porque es un animal que se defiende si uno lo ataca y yo no lo ataqué, entonces nos fuimos cada uno por su lado, yo me fui para atrás y el puma se metió al monte. Pero ese mismo día me encontré con cuatro cazadores dentro de la selva y eso me dio bastante miedo porque el humano tiene maldad adentro, el animal no.

¿Creés necesaria la educación ambiental desde la niñez para tener en el futuro adultos responsables y conscientes?

En lugares como Misiones con tanta biodiversidad, con tantos sitios amenazados, con tanto riesgo de que la selva pase a ser, como en nuestros países vecinos, un recuerdo, la educación ambiental es fundamental, debería ser no sé si obligatoria pero casi porque toda persona que vive en Misiones, que crece en Misiones y que después en algún momento puede tomar decisiones que afecten al medioambiente tiene que estar sabiendo dónde viven, cómo es su casa, con quién la comparte para poder hacer cosas de manera responsable. No sólo vinculado a conservar y demás, sino al disfrute, a la vida sana y también a la producción y hasta posibilidades económicas de negocios, de proyectos, producción.

Todo se puede hacer respetando la naturaleza, en convivencia con la naturaleza; se puede producir, se puede vivir, disfrutar, se puede ganar dinero, todo siempre se puede hacer a la par de la naturaleza, pero siempre y cuando sepamos dónde vivimos, con quién compartimos, qué requerimientos ambientales tiene la biodiversidad. Si las personas supieran eso Misiones hasta podría ser otra cosa hoy, pero por suerte lo más difícil de tener, que es la selva -que es lo más fácil de romper también-, aún la tenemos y estamos a tiempo de educar a las futuras generaciones y creo que ya se está haciendo un poco.

¿Cómo ves la conservación de la biodiversidad en Misiones?

Sinceramente le veo un buen horizonte si es que se mantiene como está. Cuando empecé todo esto hace diez años, un poquito más capaz, no lo veía tan bien, estaba muy crítico y esas cosas fueron cambiando bastante y creo que hoy en día siguen cambiando y si bien hay un montón de cosas para mejorar, muchísimas, por lo menos veo que hay interés y veo que hay cosas moviéndose, tanto desde el gobierno de la provincia con el Ministerio de Ecología, Turismo y demás como también de ONG que están viniendo a Misiones o que ya están trabajando muy activamente, están haciendo cosas muy buenas con sus reservas, con trabajo en campo, educación, etcétera.

Creo que ahí está el secreto, en el conjunto, la vinculación entre el Estado con los privados, las ONG y también con los individuos como yo que no pertenezco a ninguna ONG, no pertenezco a ningún gobierno, ningún sector político, pero hago mi parte, cuido mi pedacito de monte y trato de contagiar a todos a que lo hagan. Por ahí llegó a más personas con lo que hago, pero tengo lo mismo que puede tener un montón de otras personas. Siento eso, que la gente también está respondiendo un montón, así como comparto yo cosas de mi reserva, conozco muchas otras personas, jóvenes y no tan jóvenes que tienen sus chacras y de repente decidieron conservarlas, arman su pequeña reserva, comparten sus registros y se compran una cámara trampa.

Eso hace diez años me parecía algo imposible, entonces le veo buen horizonte siempre que se mantenga esta línea que se tiene ahora, creo que va muy bien.

¿Cómo es un día de observación de la naturaleza?

Un día de observación de naturaleza o de aves es una actividad que yo siempre la hice y por ahí la compartía con amigos, pero este año empecé a hacerlo como una actividad laboral, me inscribí como prestador de servicio de rastro activo en la provincia, con los papeles y el legajo y todo lo que lo que eso implica y actualmente me dedico a ofrecer ese servicio a quien quiera hacerlo. Son tours muy personalizados y privados para entre una y tres personas que empieza muy temprano, nos vamos a Yabotí generalmente o podemos ir a distintos lugares; vamos un poco en camioneta, caminando, entramos a senderos y más allá de ver aves o fauna también los invito a entender un poco la selva, a interpretar los árboles, los tamaños, las plantas, las enredaderas, las huellas, los olores, los sonidos.

Una salida de observación de naturaleza, de fauna o de aves debería ser mucho más que ver los animales. Hay veces que no vemos nada, he llevado a gente a ver fauna, que quieren ver mamíferos, es muy difícil ver un ver un yaguareté o un puma, entonces generalmente en esos casos muchas veces se vuelve a la casa sin haber visto nada, pero aún así todo el día en la selva mirando los árboles, un montón de cosas es muy lindo. Paramos a comer ahí, generalmente adentro de la selva, ponemos una mesita y estamos todo el día y después a la noche cenamos algo y volvemos a salir a buscar lechuzas y bichos de noche.


Sergio Moya

Docente y divulgador
Ingeniero electrónico de la  Universidad Nacional de Misiones y doctor en Ciencias por la Universidad Nacional de Mar del Plata. Docente de la Facultad de Ingeniería de la Unam, en Oberá.  Divulgador de la flora y fauna de la tierra colorada.
Su contenido puede verse en su cuenta de instagram personal   @sergio.moya.selva

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