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Javier Confalonieri, jefe de Escuadrón Aéreo de Combate

El obereño que decidió surcar los cielos en defensa de la Patria

Ya cuando era niño, en la Capital del Monte, supo que su vida era la Fuerza Aérea. Desde entonces dedicó cada segundo a estudiar y trabajar en pos de servir a la bandera argentina

sábado 27 de enero de 2024 | 2:00hs.
El obereño que decidió surcar los cielos en defensa de la Patria
“Uno sigue esta carrera por amor a nuestras raíces, a nuestra Bandera”, afirma Javier.
“Uno sigue esta carrera por amor a nuestras raíces, a nuestra Bandera”, afirma Javier.

Las oportunidades no aparecen por arte de magia, se crean a partir de esfuerzo, trabajo y constancia. Y sólo así se cumplen los sueños. Es lo que motivó a Javier Confalonieri a estudiar, capacitarse y poner el hombro a cada tarea para llegar a estar donde alguna vez soñó cuando era niño: la Fuerza Aérea Argentina. Oriundo de Oberá, Misiones, hoy es jefe de Escuadrón Pampa III en Tandil y recorrió todo el territorio nacional y el mundo desde el aire, brindando también sus conocimientos a estudiantes de otros países.

“Me encantaría que aquellos que tienen ganas y que quizás no se animan, que lo intenten. La Fuerza Aérea es una institución grandiosa, con grandes valores, desde donde pueden servir a la Patria. Simplemente hay que sacarse los miedos”, afirma en una entrevista con El Territorio. En las próximas líneas no sólo cuenta los desafíos de una profesión signada por el amor a la Bandera, sino también sobre el camino que recorrió para llegar, los obstáculos que enfrentó y las manos amigas que fue encontrando en la travesía. Una historia de esfuerzo, dedicación y sueños cumplidos (y claro, muchos otros por cumplir).

Contame sobre vos... ¿sos de Oberá, tu familia también?

Soy de la ciudad de Oberá, Misiones, donde nací y me crié hasta los 17, casi 18 años, momento en el cual me fui a la Escuela de Aviación Militar a estudiar, a seguir esta carrera en la Fuerza Aérea. Vengo de una familia con papá entrerriano, mamá misionera, de Oberá. Con dos hermanos, una más grande, Claudia, y un hermano más chico, Alejandro. Estudié en el Colegio Mariano de jardín a séptimo grado. Y luego seguí la secundaria en el Colegio Nacional. Terminé quinto año y me fui a estudiar a la Escuela de Aviación Militar a Córdoba.

¿Cuándo decidiste que querías dedicarte a ser piloto?

Era muy chiquito, creo que estaba en la primaria y ya me interesaba por vestir un uniforme, me llamaba la atención esta carrera militar. En ese momento quizás no discriminaba entre las diferentes opciones que existían, pero, al ir pasando el tiempo y también la experiencia de mi papá, que fue soldado en la Fuerza Aérea, me llevó a decantarme por la Fuerza Aérea Argentina y tratar de seguir esta profesión.

Mi papá había hecho el servicio militar en la Fuerza Aérea y recuerdo que tenía un cuadro de su Jura de Bandera con su foto como soldado y siempre le preguntaba al respecto, algunas veces me contaba de los aviones, de los helicópteros y esas cosas que había visto muy de lejos cuando había hecho el servicio militar. La verdad es que me llamaba mucho la atención la Fuerza Aérea. Cada vez que escuchaba un avión, un helicóptero, que pasaba sobre nuestra ciudad, que era poco usual, salía corriendo de donde estuviese para mirar hacia arriba y verlo pasar. Me llamaba mucho la atención, me gustaba mucho. Y eso combinado con las ganas de formar parte de una fuerza armada, terminó decantando, allá por cuarto año, en buscar la información para ir a rendir a la Escuela de Aviación Militar.

La familia es un pilar fundamental para Javier y valora su acompañamiento.

A mitad del secundario ya tenía en claro que quería ir a la escuela de la Fuerza Aérea, en este caso a la Escuela de Aviación Militar, donde preparan a oficiales que son los que van a ser después los pilotos. Es la única escuela que hay en el país y está en Córdoba capital. Me favoreció mucho tener las ideas claras de que quería ir a hacer esta carrera, porque podía estudiar a conciencia y también prepararme físicamente, conscientemente. No conocía absolutamente a nadie que haya estado ahí, sí a algunos que habían intentado y no terminaron concretando esta opción. Había mucho misterio al respecto, porque la falta de familiarización de nuestra provincia, nuestra ciudad con esta especialidad, hacía que uno lo viera como lejano e incluso que cuando uno dijera lo que quería estudiar, mucha gente le saliera con alguna negativa o con esos comentarios de que es muy difícil, que no vas a poder y demás. Creo que eso también contribuyó a que lo vea como un desafío y realmente intentara hacerlo porque yo pensaba que lo podía hacer. Un poco de terco y un poco de ganas, de constancia, hicieron que vaya y que pruebe con todo esto. También, por supuesto, con la ayuda de mi familia que se esforzó muchísimo para que pudiese hacer esta carrera. Y siempre menciono, que también fue con la ayuda de muchos amigos que estaban en ese entonces estudiando en Córdoba y me dieron albergue para pasar los fines de semana que normalmente se tiene franco fuera de la escuela. Convivía con ellos, que me abrían las puertas de su casa. Así fue un poquito al comienzo.

¿Qué vino después? ¿Cómo fue el ingreso?

Me interesa que la gente sepa y se saque los miedos, porque, por ejemplo, nuestra ciudad no tiene la opción de una academia que prepare para ir a rendir a este tipo de instituciones. En las grandes ciudades sí existen esas opciones. Así que yo mientras hacía mi quinto año del secundario, me facilitaron los programas para rendir la parte académica. La Escuela de Aviación te envía qué es lo que va a tomar como cursillos de ingreso en el año siguiente. Entonces, con eso en mano fui viendo las materias que tenía que estudiar.   Mayormente me preparé sólo, viendo punto por punto de cada una de las asignaturas que tenía y después hubo materias que me ayudaron colegas de mi mamá.

En ese entonces mi mamá trabajaba en la Escuela Técnica de Oberá y algunos docentes, colegas de ella, desinteresadamente me brindaron su tiempo y me ayudaron a preparar los programas para rendir el ingreso, que sin duda para mí fue una gran ayuda, más que nada porque había un montón de temas que los había visto hace mucho tiempo en mi escuela, o algunos incluso no los había visto nunca, no iba a alcanzar a prepararme yo sólo.

Con todo eso, me fui a rendir. Normalmente la parte de ingreso suele ser exigente. Primero se hace la parte académica, luego, simultáneamente, la parte médica, parte psicológica, que tiene una gran carga con un montón de evaluaciones, test y demás. Y luego de eso viene la parte física y de instrucción militar. En definitiva, fui pasando los diferentes filtros. En ese entonces nos presentamos aproximadamente 500 candidatos, de los cuales entramos 85. Todos los años varía ese número en función de cuáles son las vacantes que ofrece la escuela. Así que ingresé y a partir de ahí fue un desafío, porque desconocía completamente cómo era la vida interna y me fui encontrando con el día a día en la escuela y con la formación militar en sí que para mí era totalmente una novedad.

¿Cómo es la vida en la Escuela?

Fueron cuatro años, que es el plan de carrera para ser un oficial de Fuerza Aérea. En esos cuatro años como cadete, fui progresivamente mejorando dentro de lo que respecta a mí mismo, porque me fui acostumbrando. Recién en tercer año pude subirme a volar algo, así estaba en ese entonces el plan de carrera. En tercer año lo que hacíamos era un curso de planeadores, como una introducción al vuelo, y ahí también uno decide si le gusta o no, o si quiere seguir alguna de las otras especialidades.

Llegó cuarto año y me esforcé muchísimo para terminar bien mi carrera; tuve la suerte de egresar primero de promoción y como una forma de premio, me dieron la posibilidad de tener una comisión con la Armada Argentina a bordo de la Fragata Libertad en el viaje de instrucción que hacen todos los años; así que mi primer año como oficial en realidad lo hice a bordo de un barco. Estuve 6 meses y un poquito más dando la vuelta al mundo por diferentes lugares, llenos de amigos, de camaradas, el barco fue una experiencia única. Antes de eso había tenido la posibilidad de viajar también como cadete a intercambios a diferentes países. Entre las comisiones me tocó Estados Unidos, fui a una semana de visita a la Academia del Aire, compartiendo, conociendo cómo era la vida de ellos en cuanto a nuestra misma profesión.

Después del viaje comisionado con la Fragata Libertad, vino el curso de aviador militar también en Córdoba capital, donde uno vuela primero un avión más básico, luego pasa a otro un poquito más complejo. En ese momento el plan incluía dos años de curso de aviador militar y luego, al egresar, la rama de aviadores se separa en tres, siendo una de las opciones la parte de aviación de caza para volar aviones de combate. Luego las otras dos son aviación de transporte y de helicóptero, todo dentro de la Fuerza Aérea. Así que en mi caso me decidí a ir por la aviación de caza y fui destinado a Mendoza donde está la Cuarta Brigada Aérea. Pasé un año y medio allá especializándome en el curso de estandarización para aviadores de combate.

¿Cuál es tu tarea hoy? ¿En qué consiste?

Luego del curso para ser piloto de caza fui destinado a la Sexta Brigada Aérea en Tandil, donde pasé la mayor parte de mi carrera. Los primeros años volé Mirage. En el 2015 me tocó la experiencia de ir como instructor a la Escuela de Caza del Ejército del Aire Español. Estuve dos años allá. Y a la vuelta de eso estuve destinado en diferentes lugares, entre la Sexta Brigada de Vuelta en Tandil, Buenos Aires y demás. Actualmente soy jefe de Escuadrón Pampa III en Tandil. Es un escuadrón operativo. Así que, bueno, sigo en Tandil favorecido con el lugar porque para mí es una brigada fantástica. Vivo ahí junto a mi familia, tengo mi esposa que es de Oberá también, Florencia Derna. Y tenemos la gracia de Dios de tener dos niñitos: Juan Cruz y Lucía, de cuatro años y un añito y unos meses.

¿También te dedicás a enseñar?

 En realidad nuestra carrera está llena de contactos con la docencia dentro de la misma vida militar. Hoy en día, yo formo parte de un escuadrón donde cuando llegan los pilotos recién egresados de la escuela de caza, tenemos que adaptarlos al avión y después vamos teniendo también ciertas capacitaciones que tienen que ver con nuestra formación en sí. Y siempre estás en contacto con esa parte del hacer docencia. Nos dedicamos a volar, mayormente, y hacer tareas operativas en pos de la defensa de nuestros cielos, que es la responsabilidad primaria de nuestra Fuerza Aérea: cuidar la soberanía de nuestros cielos. Y después, en tiempo compartido, uno va dando instrucción y demás.

Por supuesto, yo te contaba que estuve de intercambio en España cuando, en oportunidad de esa comisión, fui exclusivamente a dar clases como instructor de vuelo al curso para pilotos de caza de los españoles. Nuestro país tiene una larga tradición de 30 años que venimos haciendo esto para España y ese país lo reconoce con un gran mérito porque muchos de ellos han egresado siendo alumnos nuestros y siempre nos tienen un altísimo aprecio por nuestro profesionalismo. No hablo por mí, sino por la gente de la Fuerza Aérea Argentina.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Es difícil. No hay una cosa que te diga que es lo que más me gusta. Son muy difíciles tus preguntas, muy profundas. La verdad es que, en mi trabajo, en un sentido general, yo te diría que lo que más me gusta es poder brindarme al servicio de la Patria. Siento que es algo que uno no lo hace por un fin económico, porque es mucho más profundo. Uno sigue esta carrera por un amor que tiene que ver con nuestras raíces, con nuestra bandera... Y en eso, si me preguntas, puede que hoy me encuentre volando, y me encanta hacer lo que hago, estar en un escuadrón de combate, estar en un escuadrón donde día a día salimos a hacer misiones, nos entrenamos o participamos de operativos reales, de despliegues para hacer defensa de nuestro país. Casualmente, ahora hace muy poquito, durante el cambio presidencial, nosotros en ese momento estábamos haciendo custodia aérea sobre el Río de la Plata, cuidando de que no existiese ningún tipo de amenazas aéreas mientras estaban todas las autoridades abajo. Hay cosas muy valiosas y no te podría decir que hay algo que me guste más que otra cosa.

Hoy, como te digo, me encuentro volando y haciendo lo que me gusta. Mañana quizás pueda ocupar una oficina y ya no esté volando por el plan de carrera que uno lleva. Y la Fuerza requiere que uno esté en otro lugar, fuera de la actividad netamente operativa, quizás actividades de planificación o que tengan que ver con la conducción general de la Fuerza; y sin embargo estoy seguro que lo voy a hacer con mucho gusto y también me va a gustar.

¿Cuál fue el mayor desafío de tu carrera?

Progresivamente todo fue un desafío. Desde el momento que me presenté a rendir, para mí el mayor desafío era tratar de entrar a la Escuela. Estando ya allí, mi mayor meta era pasar mi primer año, adaptarme. Luego cuando fueron pasando los diferentes años, cada uno tenía su complejidad y me iba autoimponiendo metas cortas tratando de superarlas. Cuando llegó mi egreso y después de elegir la especialidad que iba a hacer, también fue un gran desafío hacer el curso de aviador militar, donde la incertidumbre principal pasaba por si lo iba a poder lograr, no por estudio, sino por capacidad, por adaptación al vuelo en general, si físicamente me la iba a bancar. Superé eso, y el siguiente desafío grandísimo fue ir a hacer el curso de caza bombardero en Mendoza, donde nos forman como pilotos de combate. Una vez terminado eso, ir a volar Mirage y encontrarme con semejante avión...

Cuando tocó irme a España, el desafío fue tratar de representar a mi país y hacer el trabajo de la mejor manera posible, porque no era solamente un oficial que iba a enseñar, sino que era el argentino que estaba tratando de formar a un puñado de pilotos que luego de ahí iban a ser pilotos de combate y que van a cumplir misiones reales dentro de la Otan. Así que la vida militar está llena de desafíos y para mí son todas importantes.

¿En algún momento sentiste miedo? De volar o de alguna tarea que te encomendaran...

Y te diría que nuestra formación tiene que ver mucho con eso, con el manejo de situaciones riesgosas. Se trata de que se controlen esas situaciones sabiendo conscientemente qué es lo que se debe hacer. Es muy progresiva la carrera, desde el punto de vista del vuelo, uno parte de aviones muy básicos con maniobras muy sencillas, que después de a poco se van complejizando y también va progresivamente aumentando la performance del avión que uno vuela. Así que no tengo recuerdos de haber sentido miedo en una situación en particular, pero nuestra actividad está llena de situaciones riesgosas que son manejadas conscientemente. La administración de riesgos.

¿Cuáles son tus metas a futuro?

Yo me planteo o me autoimpongo el ejercer de la mejor manera posible el cargo que ocupo hoy en día como jefe de Escuadrón Aéreo de Combate. Es un lugar para mí importante, tengo gente a cargo, tengo grandes responsabilidades y si hago bien mi trabajo, estoy contribuyendo a la defensa de mi Patria y a todos estos valores y cuestiones que tiene como responsabilidad nuestra Fuerza Aérea Argentina. Así que eso principalmente. Y después, en forma paralela, que no es menos importante, tratar de cuidar a mi familia y de criar a mis hijos de la mejor manera, inculcándoles enseñanzas, valores y tratar de ir llevando de la mano la vida militar, que a veces nos lleva para un lado o para el otro, con diferentes desafíos. Así que esa es la parte más difícil, quizás. Nosotros somos soldados, vamos para cualquier lado, sin preguntar. Pero la familia, que siempre está detrás de uno, tiene que ir acompañando y es importante.

¿Qué mensaje les darías a los jóvenes  que sueñan también con conocer el mundo desde el aire?

Para aquellos jóvenes que les gusta esta profesión y se preguntan acerca de las posibilidades, les diría que se animen. Simplemente hay que tener ganas e intentarlo.

En mi caso, creo que sólo las ganas, la constancia y tratar de ir peleando sueños me llevaron a estar donde estoy. Me encantaría que aquellos que tienen ganas y que quizás no se animan, que lo intenten. La Fuerza Aérea es una institución grandiosa, con grandes valores desde donde pueden servir a la Patria.

Así que hay que sacarse los miedos y darse una oportunidad de formar parte de esta institución y servir a la defensa de nuestro país vistiendo este uniforme. 

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