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Funcionamiento del cerebro de los niños

Una corriente psicológica considera que el rasgo que más ha difundido los conocimientos y la cultura humana es la capacidad de enseñar a otros que poseemos ¡ya de bebés!

jueves 21 de diciembre de 2023 | 6:00hs.
Funcionamiento del cerebro de los niños

Muchas personas creemos que un rasgo específico humano es la capacidad de aprender: aprendemos más y más rápido que cualquier otra especie animal, ave o pez.

Sin embargo, curioseando bibliografía especializada, descubro una nueva corriente psicológica ‒uno de cuyos líderes es el doctor argentino Mariano Sigman‒ que considera que el rasgo que más ha difundido los conocimientos y la cultura humana es la capacidad de enseñar a otros que poseemos los humanos ¡ya de bebés!

Un gran experimento, repetido cientos de veces, es lo que sucede cuando un especialista y un bebé de un año ‒que aún no aprendió a hablar‒ están sentados en una mesa; el especialista frente al bebé.

Súbitamente, y a la vista del bebé, el especialista deja caer un objeto al suelo y que no quede a su vista, pero sí a la vista del bebé.

Si a continuación el especialista hace que busca infructuosamente el objeto, luego de un rato el bebé ‒ostensiblemente‒ le señala con el dedo dónde está el objeto.

Es más, asombrosamente, si el bebé percibe que el doctor sabe dónde cayó el objeto, no se lo señala.

Esto ha evidenciado en los estudiosos de la inteligencia de los niños que aún no hablan, que la comunicación que usan para transmitir conocimientos son los signos “ostensibles”, llegando a tener un repertorio de signos que usan para “enseñar” a otras personas cosas que éstas ignoran.

Esta suerte de pedagogía infantil tiene tres rasgos: 1º) el niño no gana nada con usar estos signos; 2º) Denota la percepción clara y precisa de una brecha de conocimiento (o sea algo que su interlocutor no conoce); 3º) no es un automatismo, sino que expresa una acción específica para transmitirle conocimiento al otro cuando no lo tiene.

Y agrega el doctor Sigman: “En algún sentido, los chicos ya tienen una perspectiva ‘comercial’ del conocimiento; es decir, vale la pena el esfuerzo de transmitirlo sólo cuando para el otro es útil”.   

Sigman, y los psicólogos que actuaron con él, han acordado que a ningún niño se le enseñó a enseñar, por lo que los humanos, desde bebés, tenemos un instinto docente.

Esta conclusión tiene dos partes: a) cuando el bebé comunica el mensaje ostensiblemente, lo hace en forma eficiente; b) cuando los niños ‒ya hablantes‒ utilizan este canal y expropian la atención y la sensibilidad del receptor.

Semiólogos prestigiosos como Umberto Eco, llegan a afirmar que grandes líderes de la humanidad funcionan (comunican) a la gente sus opiniones en forma ostensible, gestualizando sus discursos tanto como sea posible.

Sigman da un simple ejemplo del uso de claves compartidas entre los humanos: si levantamos con una mano un salero y le decimos a otra persona la palabra “¿querés?”. No hace falta aclarar qué es lo que quiere; es la sal. E, irónicamente, Sigman comenta que si estamos con un robot que ya entiende el lenguaje a quien ofrecemos el salero, seguramente le preguntará “¿Qué es lo que me pregunta si quiero o no que me dé?”, al no tener ciertos códigos humanos incorporados.

También por eso cuando hablamos con alguien siempre miramos a sus ojos y actuamos corporal y gestualmente hacia esa otra persona.

Otras claves ostensivas son mencionar el nombre de nuestro interlocutor, levantar las cejas o cambiar el tono de nuestra voz.

Dos científicos húngaros, Gergely Csibra y Gvorgy Gergely, del departamento de Ciencias Cognitivas de la Central European University, descubrieron que el canal ostensivo de comunicación humana es efectivo desde el mismísimo día en que nacemos. Un bebé de pocos días ya percibe si le hablamos mirándolo, cambiando el tono de voz, llamándolo por su nombre o apuntando a objetos relevantes.

Esta es una de las esencias de la intuición y la comprensión humana, y que ‒por otra parte‒ explican la aparente torpeza con la que aprenden los robots autómatas que diseñamos. Quizás esta sea una eterna diferencia que habrá entre los humanos y los robots.

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