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Un punto y coma: Suicidio y la hipocresía

domingo 10 de septiembre de 2023 | 6:00hs.
Un punto y coma: Suicidio y la hipocresía

Era chica, creo que estábamos por comer un mediodía cuando se escuchó una explosión y todos salimos al balcón a ver de dónde venía. En la planta baja de mi edificio están las garrafas de gas y la explosión había parecido la de una garrafa, o al menos eso pensaron los adultos que fue hasta que vieron a una persona a lo lejos en el piso, 15 pisos abajo de lejos. Me acuerdo que quise ver y de un saque me metieron adentro al ton y son de “esas no son cosas para criaturas, andá para adentro”, creo que hasta ahora escucho el murmullo de mi casa y los gritos de los vecinos diciendo se mató, se suicidó.

Es el primer recuerdo que tengo del tema que no sabía que años más tarde lo iba a tener tan normalizado. Conozco más personas de las que quizás me hubiese gustado que decidieron dar fin al dolor de su vida. Las personas que se suicidan no se quieren matar, quieren matar el dolor, matar la angustia, dar fin a ese pesar que lo hace sentir muerto en vida.

Estadísticamente según empresares (Grupo gratuito para sobrevivientes al suicidio de un familiar), de 10 a 11 personas se suicidan por día en la Argentina. Cada suicidio afecta a la vida de por lo menos 6 personas.

Y yo no puedo dejar de pensar en mi mejor amigo brasilero, cuando vivíamos en Buenos Aires, la persona más alegre que conocí en mi vida, más divertida. Quizás el no haya sabido que su suicidio me haya marcado tanto, un antes y un después. Ni siquiera hablábamos seguido ya, siempre había una excusa para posponer la charla, porque tenía que trabajar o había cosas “más importantes” que hacer.

Me enseñó, entre otras cosas, a no posponer una charla cuando alguien la necesite, sea o no mi amigo. También me enseño lo solo que quizás se sentía y lo sola que yo me sentí muchas veces. La vida a veces es muy dura con algunas personas y nosotros desconocemos por completo esa realidad. Creemos hoy, en el mundo de las redes sociales, que la vida es eso que se muestra en redes y nada más alejado a la realidad.

Hoy, seguramente vos que me estás leyendo y muchas personas más, compartieron ya en redes sociales o vieron al menos una publicación sobre el 10 de septiembre, Día de la prevención y posvención del suicidio.

Prevención, porque es evitable. Posvención porque a todas las personas a las que “salpicó” ese suicidio se debería acompañar. “La posvención se refiere a las acciones e intervenciones posteriores a un evento autodestructivo destinadas a trabajar con las personas, familia o instituciones vinculadas a la persona que se quitó la vida.” Hoy, que tan en boga finalmente está el tema de la Salud Mental, hoy hablemos de suicidio. Hablemos de salud mental.

Hablemos de cómo los pacientes que están en tratamiento psiquiátrico DEBEN seguir con sus vidas. DEBEN SEGUIR trabajando, DEBEN SEGUIR teniendo amigos, DEBEN SEGUIR estudiando, DEBEN SEGUIR VIVIENDO. Algo que parece simple pero que para alguien con depresión es un desafío de todos los días, del minuto a minuto, de luchas consigo mismo para salir de ese lugar. Donde quizás le dicen que tiene que salir, donde la depresión es una mala palabra, es una burla o un defecto. Así como la diabetes, la depresión también tiene tratamiento.

Así como los diabéticos, los depresivos también tienen una vida, tienen que trabajar para comer todos los días, tienen gastos y deudas. Tienen hijos, parejas y amigos, tienen familia.

Es importante saber que la Salud Mental es casi más importante que la física y que debe ser tomada con la misma importancia que una fractura expuesta. Yo asisto a terapia hace tiempo y por decisión propia, me encanta ir, honestamente. Hoy cuento con profesionales que muy amorosamente me brindan espacios seguros para estar bien y mal, para reírme y llorar. Me brindan herramientas, me ayudan a sanar, me dan gratuitamente el apoyo y tratamiento que necesito. Sí, gratis. Después de años de estar pagando terapias y recurriendo a diferentes profesionales, encontré en un espacio de Salud Pública mi lugar seguro. Es muy importante, creo yo como paciente, no sentirse juzgado de parte de tu terapeuta o la persona que te escuche (un amigo por ejemplo), poder hablar o llorar sin tapujos, ser vulnerable y que nadie se aproveche de eso.

Hoy les escribo desde el lugar de una persona que muchas veces pensó en darle fin a su dolor. Desde el lugar donde a la muerte no se le tiene miedo, es amiga. Desde el lugar de una persona que pidió ayuda muchísimas veces y le dieron la espalda.

Si alguien que me lea está en la misma situación en la que no ve otra salida a su dolor de vida más que la muerte, te digo a vos, mi “no estás solo” es de verdad. Busca ayuda y si nadie te escucha de tus vínculos cercanos, escribime a mi, anda al psicólogo, anda al psiquiatra. Hace los tratamientos. Busca ayuda que en algún momento alguien si te va a escuchar y revaloriza a las personas a quienes brindas tu confianza. Hacerse cargo de la salud mental propia es hoy un acto de rebeldía.

“Antes mi papá con dos chancletazos me curaba los problemas mentales”, que triste que hayas tenido esa infancia donde quizás vulneraban tus sentimientos y minimizaban tus emociones. Nos educan enseñándonos que estar triste o llorar está mal y no es así.

Seamos vulnerables para ser un poco más libres también.

Si Usted, o algún familiar o allegado suyo, está atravesando una crisis emocional de cualquier tipo, siente que nada tiene sentido o se encuentra atrapado en una situación a la que no le encuentra salida, no lo dude: llame a la línea 135, 0800-345-1435 (desde todo el país). Su llamado es personal, confidencial y anónimo.

Por Marulina White (María Álvarez)
Realizadora audiovisual y diseñadora

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