Vínculos tóxicos: mas allá de una relación de pareja

jueves 27 de abril de 2023 | 6:00hs.

Qué importante es escuchar a tu madre cuando te dice ‘esa persona no es una amistad genuina en realidad’, como si por algún sexto sentido materno lo sabe. El tiempo de Dios es perfecto y pone a todo en su lugar. Hasta los peores momentos pueden servirte para aprender. Dicen, digo.

¿Será más o menos importante que lo diga una madre con enfermedades mentales o que parece que necesita terapia a gritos y se rehúsa a hacerla? No tengo la respuesta de momento a esa pregunta, sólo sé que la vida me enseñó que tenía razón, en todas y cada una de las personas sobre las que me dijo eso. Su sexto sentido.

Personas que quizás yo consideraba pilares, referentes, parte de mi familia -con una familia sumamente disfuncional- que en mis peores momentos no siempre estaban, si estaban juzgaban o estaban sólo cuando necesitaban algo en pos de su beneficio personal. Vínculos. Era o es, algo parecido a una simbiosis, donde yo sentía que siempre daba más en ese afán de buscar amor y hacerle sentir al otro que no está solo en su lodo como yo siempre sentí que lo estuve, quizás buscando que alguien más me diga eso y no me deje sola las veces que visito ese lodo.

Pero, al fin y al cabo, como siempre digo, nacemos y morimos solos. Lo que recuerdo en este momento es que tres o cuatro personas que yo consideraba de esa manera se vinculaban conmigo quizás para no sentirse tan solos o ver que a alguien más le va peor, entonces a vos te ‘va bien’, no aceptando las propias miserias. Como para sentirse menos miserables quizás o para llenar un vacío que no quieren asumir o les cuesta demasiado hacerlo. Jugando con mi necesidad y vulnerabilidad. Eran vínculos y son tóxicos, más allá de una relación de pareja, puede ser tu amigo, tu mamá, tu compa de colegio o laburo.

Siempre también perdoné, si se quiere, me olvido rápido, decía yo, en pos de mantener esos vínculos para no sentir soledad, sin darme cuenta de que no eran genuinos, leales o sanos. A la vez, creo que no hay nada que perdonar también, que las personas hacen cosas, cada uno se las toma como quiere y no debería ser nada personal. Pero no insistir, mantener o conservar o sostener algo que te hace daño, lo sabés y no lo aceptás. Sea quien sea, sin especificación de vínculo o relación.

También directamente tengo como norte que las personas, los vínculos y las situaciones son ciclos, algunos más largos otros más cortos. Pero ciclos, que cuando alguno se termina es porque sí o sí ya cumplió su función en tu vida, ya te enseñó lo que finalmente aprendiste y siguió su camino.

Lo importante es tener vínculos leales y genuinos. ¿Por qué digo leales y no fieles? Porque quien te es leal, te va a querer en la cresta de la ola o en el fondo del lodo, pero jamás te va a desear el mal o hacer mal, aunque su ciclo se cumpla y no sigan en vínculo; intenta ayudarte y abrirte los ojos aunque eso determine el fin de ese vínculo para una de las partes y quizás el aprendizaje de ambas partes, aunque no al mismo tiempo. Una persona aprendió a que no necesita la valoración de nadie más que la suya y su paz mental, a la otra quizás el tiempo le demuestre y aprenda en su momento. A la vez, estas dos situaciones le pueden pasar a la misma persona a la vez.

Quien da de corazón y bien, nunca espera algo a cambio, lo hace por la fuerza del amor, que dicen es la mejor de todas, yo creo que es la más peligrosa de todas. Si no se ama correctamente y priorizándonos primero a nosotros mismos, luego al resto. El amor propio, ante todo.

El amor te muestra vulnerable ante esas personas que amás, vínculo cualquiera. Siendo vulnerable les das a esas personas exactamente todas las herramientas para que te destruyan; confiando, creyendo, deseando o queriendo que eso jamás ocurrirá porque ‘te ama’, ‘te quiere’.

Si bien estoy más a favor de la vulnerabilidad que antes, también sé que no todo el mundo está listo para serlo o ver/escuchar a alguien que la intenta practicar.

Muchas veces ayudé o hice/hago voluntariados, no soy ni mejor ni peor persona por eso, pero siento que las veces que algunas personas lo hicieron conmigo fue únicamente por manipulación, tener ese algo a cambio. Realmente creo que ciertas personas se regocijaban de verme mal y ellos ‘triunfar’.

Siempre me deseaban lo mejor pero ese deseo, sólo era viable y factible en tanto y en cuanto no me vaya mejor que a ese vínculo del cual venía tal deseo.

Creo que en el mundo de hoy ser vulnerable y vincularse son como amenazas mortales.

La sociedad está tan obnubilada por ser mejor que el otro, que se olvida de ser mejor persona quizás o de cuidarse a sí misma y no mantener caretas, por cumplir con ese mandato o estereotipos de pareja, estabilidad económica y si esa estabilidad viene acompañada de mucho dinero o beneficios que no tuviste en tu infancia (tema del que hablaremos más adelante), muchas personas son capaces de perderse creyendo que se encontraron por tener todas esas cosas que le faltaron alguna vez.

Creo que ese dolor de alguna o varias carencias en la infancia, es la ceguera de generaciones tras generaciones, que hace hasta incluso hoy hay humanos que fingen ser felices pero viven como robots aguantando cosas para mantener una imagen, un matrimonio, un estatus, por esa avaricia de ser mejor que el otro.

¿Pero qué es ser mejor que el otro?

En las buenas están todos, en las malas también creemos que están todos. Pero en realidad ¿esa presencia es real, genuina y desinteresada? ¿O consecuente?

Por Marulina White (María Álvarez)
Realizadora audiovisual y diseñadora

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