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Ñande Reko Rapyta (Nuestras raíces)

Peabiyú

viernes 17 de marzo de 2023 | 6:00hs.
Peabiyú

En líneas generales nuestra historia continental se cuenta -y escribe- a partir de la llegada del conquistador europeo, el relato surgido desde entonces sostiene la idea de una América salvaje, paradisíaca, con “presencia humana” escasa, primitiva, más animal que racional.

Desde ese punto de partida se abonó una historia de avasallamiento, sometimiento, muerte y aculturación que sostenemos hasta la actualidad, en líneas generales; muy lentamente los científicos van echando luz con estudios que dan cuenta, sin lugar a dudas, que la realidad en el siglo XV, por acá, era bastante diferente.

Muchos aprendimos -y repetimos- que fueron aquellos europeos los que construyeron las primeras vías de comunicación del continente, conocido como Camino Real… en realidad a finales del siglo XV el Peabiyú (Peabirú, Piabirú, Peavirú o Peavijú) era una especie de red de caminos que conectaban a distintas comunidades nativas, unía los pueblos cercanos al Océano Atlántico con los existentes en inmediaciones del Pacífico, su construcción se atribuye a Paí Zumé (Pa´í Sumé o Pay Sume) un héroe mítico guaraní, enviado por Ñande Ru a enseñar preceptos religiosos, sociales, morales, la fabricación de utensilios, guiarlos en los cultivos y en el uso de plantas medicinales.

Los españoles llamaron a esta red vial “camino de Santo Tomás”, la tradición lo relacionaba con un recorrido hecho por Zumé, lo utilizaron y mejoraron para las exploraciones, especialmente hacia el sur del continente americano; leyendas similares tenían los aztecas, mayas y chibchas, la primera referencia de la presencia del camino la escribió Nicolás del Techo, en su obra relató que el Cacique Marakaná de la región del Guayrá, le contó sobre él a los jesuitas Cataldino y Mazzeta, aunque fue Antonio Ruíz de Montoya quien lo describió en sus textos,

Resulta que el barco del portugués Aleixo Garcia naufragó en la zona luego denominada Porto dos Patos -actual Florianópolis, Santa Catarina, Brasil-, allá por 1516, sobrevivieron dieciocho tripulantes, fundaron el primer fuerte sobre el Atlántico cerca del área de la región de Massiambú, allí escucharon a los nativos hablar sobre este camino que se adentraba por la Cordillera, se dirigía al Cusco y luego hasta el océano, en su sinuoso recorrido se podía acceder al Potosí o Cerro Rico, una verdadera “montaña de plata” y a un lago dorado -Titicaca-; obnubilados por la posibilidad de acceder a riquezas nunca imaginadas, García organizó una expedición, cruzaron todo el actual territorio catarinense, el Matto Grasso, la Bahía de Caceres, Moxos y Charcas, tomaron el pueblo de Inkallacta - ubicado en el departamento de Cochabamba en Bolivia, como lo conocemos en la actualidad - por algún tiempo, recuperado más tarde por el Inca Guayna Capac.

El recorrido de miles de kilómetros finalizó con la huida de los ambiciosos al ser descubiertos cuando asaltaban un edificio sagrado, la persecución fue interminable, a pesar de las condiciones desfavorables, García envió un botín suculento de objetos y metales preciosos hacia Santa Catalina; todo este periplo llevó una década, ya que en la ruta de un supuesto regreso a Brasil fueron tomando y saqueando poblaciones nativas hasta que, en el año 1526, estando en inmediaciones del río Ipané, en tierras del Cacique Guacani - mucho después bautizadas San Pedro de Ycuamandiyú y hoy llamadas simplemente San Pedro, en Paraguay - fueron emboscados por un grupos de payaguaes o guaycurúes - según una versión - que mataron a García; otra versión refiere a que el asesinato fue producto de un desigual reparto del botín acumulado y el descontento generalizado de sus compañeros y subordinados.

A pesar del tiempo transcurrido y de la escases de fuentes confiables, el historiador Luis Antonio de Sousa, concluyó que el Peabiyú partía desde “San Pablo, pasaba por Sorocaba, por la estancia de Batucatu, que fue de los jesuitas, se dirigía a San Miguel, junto al Paranapanema, costeaba ese río por la izquierda, tocaba Encarnación, sobre el Paraná, continuaba hasta Corrientes y de ahí subía hasta Asunción, lo que colocaba al viajero vía Pilcomayo, frente a los contrafuertes andinos”.

Batista Pereira describió a este camino como “una picada de doscientas leguas, desde el litoral brasileño hasta Asunción, pasando por San Pablo”.

En las últimas dos décadas, estudiosos brasileños han dedicado esfuerzos y recursos a este enigma, con escasos restos materiales, sobradas leyendas y relatos místicos, intentan dar veracidad científica al Peabiyú, la sede en la ciudad homónima, fundada en 1940, es un epicentro de “vieja data” para profesionales interesados en el tema; la convivencia científica entre historiadores, arqueólogos, antropólogos, astrónomos y otros, consensuaron que “(…) la ruta principal de la red conectaba las costas oriental y occidental de América del Sur: partía de tres puntos de inicio en la costa de Brasil (en los estados de Sao Paulo, Paraná y Santa Catarina) que se unían en Paraná, continuaba por Paraguay hasta Potosí, rico en plata, y el lago Titicaca, en Bolivia, seguía hasta Cuzco (la capital del Imperio inca), en Perú, y bajaba hasta la costa peruana y el norte de Chile. A grandes rasgos, podemos decir que el camino seguía el movimiento del sol poniente y naciente (…)” afirmación publicada por Rosana Bond, en su trabajo “História do Caminho de Peabiru”.

Desde el año 2016, el gobierno brasileño impulsó un proyecto para “reavivar” esta vía, al menos el trayecto en sus tierras, como un circuito turístico orientado al visitante internacional, con interés religioso y étnico, especialmente; también plantearon un hipotético recorrido en tres tramos, el primero de ochocientos kilómetros desde Paranaguá hasta Peabiru, el segundo con una extensión menor hasta Foz de Iguazú y el tercero de Peabiru a Guaira, pensado para ciclistas y senderistas…¿se habrá concretado?

En nuestro país y en Misiones parece no haber interés en el Peabiyú, casi que se diluye su existencia y su historia.

¡Hasta el próximo viernes!

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