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Qué pasa con la geopolítica argentina

jueves 07 de abril de 2022 | 6:00hs.
Qué pasa con la geopolítica argentina

Entre la pandemia de Covid-19, la negociación con el FMI, la inflación y la grieta política entre dos sectores aparentemente antagónicos, parecería que Argentina no se ocupa de su geopolítica internacional.

Hay en nuestro país un pensador relevante, el doctor Juan Gabriel Tokatlian, especialista distinguido en relaciones internacionales, que ha analizado –y sugerido– en varias notas una probable estrategia geopolítica nacional; se basó en tradicionales ideas del general Perón, en el formidable crecimiento de China y en la creciente debilidad de los Estados Unidos, así como en la guerra Rusia-Ucrania para su propuesta, que considero interesante resumir.

El doctor Tokatlian –considerando nuestros dos contextos: el latinoamericano y el mundial– consultó palabras de Perón, quien, recién retornado a la Argentina, ya consideraba estratégica la unión-alianza de varios países sudamericanos que, dada su baja población, la identidad lingüística y su gigantesca capacidad de producción de alimentos, podrían plantarse frente al mundo desarrollado en forma mancomunada e intentar progresar en base a estas características regionales.

En cuanto al contexto mundial, Tokatlian afirma que “la relación entre Estados Unidos y China no tiene comparación con la antigua Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS; ahora se trata de un vínculo de rivalidad con interdependencia que, con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, persistirá”.

El firme propósito de Trump hacia América latina de subordinación a los Estados Unidos no estaba apoyado en aportes financieros, por lo que fue ascendiendo la presencia de Beijing en la región, sin capacidad de veto estadounidense para frenar este avance material chino.

El doctor Tokatlian sugiere, en consecuencia, “desplegar, frente a Estados Unidos y China, (y con una amplia mirada mundial) una diplomacia de equidistancia (DE), entendida como un modelo ideal. Este concepto de equidistancia no se refiere a estar a igual distancia de dos puntos o partes, ya que en política equidistancia no implica simetría exacta”. De hecho. las distancias a Washington y Beijing son muy dispares, lo que influirá en la definición concreta de nuestra DE, termina evaluando Tokatlian.

El tipo de diplomacia que propone se entiende como una doble búsqueda: construir una identidad regional y reflejar un status global; combinar aspectos ofensivos y defensivos disponiendo de los medios para establecer con la mayor independencia posible las propias prioridades. La DE no supone una política de confrontación ni de sumisión hacia Washington ni Beijing, sino que se inclina por una prudente doble cercanía a distancias seguras.

Debemos recordar que hace unos de dos meses –el 2 de febrero pasado– el presidente Alberto Fernández viajó a China y Rusia, desarrollando actividades protocolares y de negociación políticas. Un logro fue la incorporación de Argentina al proyecto chino la Ruta de la Seda y otro, financiero, obtener inversiones por unos 23.000 millones de dólares; se trata de inversión extranjera directa de empresas y en esa línea también están las misiones con empresas rusas. Fue una gira totalmente geopolítica.

Además, el conocido periodista Gabriel Fernández informa que a principios de marzo, el presidente argentino Alberto Fernández, a través de una carta, invitó a su par mexicano –Andrés Manuel López Obrador– a visitar nuestro país en breve. Pero esta es, tal vez, la noticia menos trascendente: Le sugirió una alianza entre las dos naciones mencionadas, y Brasil. Hasta le puso nombre: MBA (es ostensible que habría que ubicar la vocal en otro lugar). También, que la concreción de esta idea, sin perjuicio del apuntalamiento de la Celac, configuraría una movida estratégica regional potente.

Comenta dicho periodista que se debería señalar que esta carta enlaza con la política exterior desplegada desde el arranque de la gestión nacional en desarrollo de Alberto Fernández: Bolivia, OEA, Grupo de Lima, Celac, gira euroasiática, son algunos de los pasos desplegados por la Argentina en este tramo. En su conjunto, denotan un pragmatismo situado, sólidamente tercerista y con lucidez a la hora de definir el sendero de la unidad subregional.

También, que no deja de llamar la atención que esta nota, difundida intencionalmente por López Obrador en sus redes sociales, no haya alcanzado una difusión equivalente a su importancia.

Yo estimo agregar que otro resultado de esta diplomacia nacional ha sido que, en la negociación argentina con el FMI, los Estados Unidos no jugaron ningún rol visible –ni positivo ni negativo– dejando en manos de la conducción del FMI y de la Argentina llegar a acuerdos.

Considero que otras noticias geopolíticas positivas son las vinculadas a los avances argentinos con China por los Derechos Especiales de Giro (DEG) y el Swap. “Las posibilidades que se abren con respecto a la reasignación de los DEG y lo del Swap, son muy buenas porque se trata de alivios financieros que, si bien no son recursos para inyectar en la economía real, sirven para la estabilización financiera del país”, señalaron colaboradores del Presidente Fernández. 

Volviendo al contexto regional, Tokatlian analiza que Latinoamérica deberá estar más atenta al comportamiento de China con el propósito de evitar situaciones onerosas que redunden en una nueva dependencia, esta vez, hacia Beijing. Eso se podría asegurar con el triunfo de Boric en Chile, del partido de Evo Morales en Bolivia y el probable triunfo de Lula en Brasil, consolidándose una nueva izquierda –la “tercera” según el politólogo José Natanson– regional.

Debemos recordar, además, que los habitantes de Brasil, México y Colombia –a 2021– son 217, 137 y 51 millones, más que nuestro país.  

La rivalidad con interdependencia entre Estados Unidos y China no es un llamado a la pasividad. La región, que cohabita con una superpotencia en declive relativo, puede aprender de otras regiones que han dinamizado su diplomacia, como algunos países del Sudeste de Asia.

En el inicio del siglo XXI, Washington actuó con una alta dosis de fortaleza frente al terrorismo; hoy –en cambio y según analistas internacionales– opera con una fuerte cuota de debilidad derivada de una serie de fiascos militares en el exterior, y de una situación interna en la que se manifiestan malestar social, trauma institucional, crisis de identidad, baja competitividad y polarización partidaria (su propia “brecha”).

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