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Otra espada de Damocles

miércoles 23 de febrero de 2022 | 6:00hs.
Otra espada de Damocles

P
or culpa de la aftosa, la ganadería argentina tuvo su espada de Damocles hasta fines de 1990. Desde su aparición en 1863, se gastaron millones de pesos en combatirla y representó la frustración técnica del Servicio Nacional, el quebranto del bolsillo del productor ganadero, grandes pérdidas en la recaudación fiscal y la baja estima del país en la consideración sanitaria internacional. Referenciada como el símbolo de las enfermedades a exterminar, su existencia impedía entrar al exclusivo circuito no aftósico de los países más exigentes y ricos del mundo: los Estados Unidos, Japón, CEE, Israel entre otros. Su maldita presencia en los potreros discriminaba el precio de la carne argentina, considerada la mejor del mundo, cuyo valor en los mercados internacionales promediaba en esa época mil quinientos dólares la tonelada, la mitad del valor que percibía Canadá por su carne de inferior calidad, resultado de haberla eliminado.

En 1990 sobre la base del programa del gobierno Radical de Raúl Alfonsín, se lanzó el Plan de Erradicación como verdadera continuación de una Política de Estado, hecho inusual en el país.

Ese año, sobre una población de 55 millones de cabezas se vacunaron 34 millones y, al término del programa en 1999 cuando en Colonia Caroya se dio el postrer pinchazo el 30 de abril, se logró vacunar 60 millones de bovinos, récord histórico jamás logrado. Así la Argentina alcanzaba el estatus libre de aftosa, tiempo en que fuera el mayor exportador de carne de Sudamérica.

Hoy Argentina, con 54.000.000 millones de cabezas pastando en sus rodeos, tiene nuevamente otra espada de Damocles, similar al que impuso los Estados Unidos en 1926 con la aftosa. En aquel entonces prohibieron la entrada de carnes provenientes de países con tal enfermedad; años más tarde los demás sin aftosa adoptaron tal posición, aprovechando la enfermedad para aplicar medidas proteccionistas.

Pero, ¿cuál es la actual espada de Damocles? Es el CGM, sigla en inglés del Compromiso Global de Metano (Global Methane Pledge), por el cual los Estados  Unidos  y la Unión Europea pretenden reducir en 2030 las emisiones de metano en al menos un 30% respecto de los niveles presentes en 2020.

Basado en estudios de los investigadores del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), han determinado que una molécula de metano (CH4) gas que eliminan los animales, es equivalente a 28 moléculas de dióxido de carbono (CO2), gas, por ejemplo, que elimina el ser humano al respirar.

La iniciativa de este estudio técnico representa para economistas un riesgo enorme para las naciones de base ganadera, ya que el metano emitido por bovinos forma parte de un ciclo natural que se recicla en el ambiente y, el estándar establecido por el IPCC, considera que las emanaciones de los vacunos –fuente de la emisión de CH4– son tan o más peligrosos que las emisiones de origen fósil que permanecen en la atmósfera y constituyen el principal impulsor del cambio climático.

103 países firmaron el compromiso de luchar por disminuir el gas metano, Argentina y Brasil entre ellos, otros no lo hicieron. La adopción de esta decisión no es un misterio, ya que ellos actualmente poseen grandes rodeos bovinos: India 300 millones de cabezas, China 88 millones, Australia y Rusia 18 millones. Argumentan que sería el fin de la industria de la carne bovina. Australia además expone que, para atenuar el gas metano en escala, sería sacrificando el tamaño de sus rodeos y no está dispuesto a realizarlo. Iguales argumentos exhiben los países que se oponen y, además, señalan que sin una gran planificación la meta final será transformar a la carne vacuna en un producto de acceso restringido, que sólo podrá ser consumido por millonarios.

De los gigantes sudamericanos, Brasil planea comprar créditos de carbono mediante un programa que intentará compensar las emisiones generadas por los bovinos, con la recuperación de pastizales degradados, la intensificación agrícola con esquemas regenerativos y la implantación de bosques entre otras medidas.

Argentina, por ahora, no tiene plan orientado a mitigar las emisiones de gas. Sin embargo, debido al gran incendio actual que al presente destruyó 800 mil hectáreas solo en Corrientes, tiene la oportunidad de realizar un gran programa de mitigación de esas tierras ígneas, más el acople de otras, en favor de la obtención de créditos para el carbono.

Tengamos presente que jamás el hombre ha sabido cuidar el ambiente y lo sigue destruyendo sin importarle las generaciones que vienen. 100 atrás, el sabio Moisés Bertoni dio a conocer sus 25 años de investigación: “El incendio destruye las materias orgánicas y el humus sobre el cual descansa la fertilidad de la tierra e impide retener la humedad, predisponiendo a las sequías, a la erosión, a los excesos de insolación, y de nuevos incendios”. Otros determinaron que se eliminaron la mitad de los árboles del planeta. En el mundo hay tres billones de árboles, 422 por persona según actual recuento, a este ritmo de deforestación desaparecerán en 300 años.

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