domingo 23 de enero de 2022
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Ñande Reko Rapyta (Nuestras raíces)

Fu Manchú, Quico y el Gran Bonete

viernes 17 de diciembre de 2021 | 6:00hs.
Fu Manchú, Quico y el Gran Bonete

En la mitad del siglo pasado, la gurisada misionera se entretenía con la lectura de historietas como “Fu Manchú”, una especie de “malvado oriental” que arrasó con el mercado estadounidense en la década de 1930 y acaparó luego, a los pequeños -y no tanto- lectores latinos; tanto fue el éxito que hasta llegó al cine y atravesó varias generaciones. Otro tanto sucedió con una serie televisiva mejicana, “El Chavo del 8”, que en nuestro país se difundió desde el año 1979 -su origen data de unos siete u ocho años antes-, y de los numerosos personajes desplegados, dos se destacaron en el gusto del público: Chavo -un niño huérfano y pobre- y Quico -otro nene huérfano de padre, hijo único, sobreprotegido por su mamá y contrafigura del anterior -.

También fue muy popular, un juego grupal definido por un cantito, que un participante entonaba a otro jugador y más o menos decía: “Al Gran Bonete se le ha perdido un firulete y dice que lo tiene el nene meterete, ¿Yo señor.?; Sí, señor; No, señor.; ¿entonces quién lo tiene?, Otro nene”; y así sucesivamente hasta que alguno se equivocaba, se le aplicaba una “prenda” y vuelta a empezar.

Estos entretenimientos infantiles bien se podrían aplicar como alegorías, en una especie de licencia lúdica, a los objetos y lugares que dan cuenta de nuestra historia misionera y del misionerismo, entendido como una manera de concebir, sentir y transmitir nuestro pasado, la construcción social y colectiva que nos trajo hasta acá.

La historiografía de Misiones tiene incontables textos y autores, con puntos en común, perspectivas variadas y relatos que se condicen con el momento y contexto de su producción; desde sus inicios, a principios del siglo XX, se ha enriquecido con el aporte de nuevas fuentes, completando períodos casi desconocidos, donde la aplicación de la metodología de la investigación histórica pasó de ser un desafío a un estadio ineludible del trabajo; desde aquellos tiempos con encumbrados protagonistas buenos…buenísimos y malos… malísimos… como la historieta de Fu Manchú, actualmente podemos acceder a relatos más aproximados a una posible realidad, porque es importante recordar que la historia como ciencia contribuye a una re-construcción del pasado, en un proceso dinámico determinado y acotado por el/la/le investigador y por ende es subjetivo.

A lo largo de -más o menos- un siglo de leer, interpretar, cuestionar, deducir y escribir sobre el recorrido espacio-temporal de la actual provincia de Misiones, se ha usado mucha tinta… a veces para sostener cosas, que hoy dan vergüenza ajena, tanta, que hasta dan ganas de gritar “cállate, cállate, que me desesperas”, el latiguillo que popularizara el personaje de Chespirito, pero todo ese camino nos condujo a este momento.

Mucho daño se ha hecho, hay que decirlo, a la memoria misionera desde el personalismo, concebido como el egoísmo exacerbado por apropiarse de un relato único, una “verdad absoluta” e indiscutible -sobre todo incuestionable- que retrasó décadas de difusión de nuevos textos, retaceó fondos y trató, por todos los medios, de imponer una “historia oficial”; también contribuyó en ese detrimento, la “pérdida” de objetos que daban cuenta del proceso atravesado.

Ejemplo indiscutido es el Museo Regional Aníbal Cambas, actualmente un modelo a seguir, el primero que tuvimos en la Tierra Colorada, inaugurado el 20 de marzo de 1940, producto de un puñado de personas preocupadas y ocupadas en rescatar el pasado más pasado de estos lares, que exactamente un año antes habían constituido la Junta de Estudios Históricos de Misiones; en pos de cumplir con el objetivo para el que fue creado se recibieron donaciones de objetos, muebles, colecciones, se impulsaron investigaciones, se trabajó con ahínco en las escuelas, etc.

Un tema importante en esos días fue dar a conocer la historia de Guacurarí, lugarteniente misionero de Artigas y pieza fundamental del proyecto federalista que el oriental llevara adelante entre 1811 y 1820 en el litoral rioplatense; para ello consideraron imprescindible -casi- darle “cuerpo”.

La Junta contrató a un prestigioso escultor porteño, Luis Perlotti, famoso por su arte americanista, para realizar un modelo del héroe guaraní; la historia es bastante más extensa, haciéndola corta, se inició una colecta para erigir un monumento basado en el trabajo de Perlotti, en la Rotonda de Posadas -avenida Uruguay y ruta 12-, pero el terremoto acaecido en San Juan, en 1944 generó un nuevo y urgente destino para los fondos recaudados.

Finalmente, en mayo de 1973 se pudo concretar la escultura que se emplazó en el acceso a Garupá; Perlotti, en su momento, entregó dos de las tres maquetas que realizó, una al Museo Regional, otra se la obsequió a Aníbal Cambas -en el año 2006 sus descendientes la donaron al museo- y la última quedó en su taller -actualmente Museo de la Escultura, en Buenos Aires-.

Cuando en 1983 se reorganizó la Junta y se reestructuró el museo, la maqueta de Guacurarí no estaba, algunos comentarios “off de record” daban cuenta que, ante un “posible saqueamiento de las instalaciones”, se la había resguardado en un domicilio particular -a la maqueta y a otros objetos-, rumores que circularon… como en el juego del “Gran Bonete” -¿yo señor?; no, señor; sí, señor… -; hasta que un día de abril de 2012, un vecino periodista entregó esa maqueta a una Asociación Civil, no al Museo Cambas.

Rápidamente se movieron los resortes del Estado y el 21 de junio del mismo año, la Cámara de Representantes aprobó un Proyecto de Comunicación presentado por los diputados Rovira y Álvarez, donde se le solicitó al Ejecutivo Provincial que “a través del organismo competente, gestione la restitución de la maqueta de Andrés Guacurarí, realizada por el artista plástico Luis Perlotti en 1939, a la Junta de Estudios Históricos de Misiones para ser exhibida en el Museo Regional Aníbal Cambas, por tratarse del Patrimonio Histórico y Cultural de la Provincia”.

Pasó casi una década y la reposición no se concretó, o sea, el Poder Ejecutivo Provincial no atendió un pedido sancionado por el Poder Legislativo y la Asociación Civil hizo como que no se enteró.

Retomando la arista lúdica, “toca prenda” porque se equivocaron; si la Resolución de la Cámara no es suficiente, sugiero la aplicación de las Leyes Provinciales VI - N° 143 y VI - N° 145; las Leyes Nacionales N° 12.665/40, Decreto Reglamentario 84.005/41- texto ordenado en 1993 – y N° 25.197/99; el Protocolo de Integración Regional del Mercosur Cultural aprobado en diciembre de 1996… Ah!, también pueden considerarse las Ordenanzas III – N° 30 y III – N° 179… digo nomás.

¡Hasta el próximo viernes!

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