miércoles 01 de diciembre de 2021
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Posadas de mis amores

miércoles 10 de noviembre de 2021 | 6:00hs.
Posadas de mis amores

Posadas cumplió 151 años de su fundación, que tuvo lugar el 8 de noviembre de 1870, sobre los cimientos de la antigua Trincheras de San José.

Semblanzas

1- Los primeros gallos de la madrugada empezaron a cantar y el rey sol apuntaba tímidamente sus primeras lumbres por el lado de Encarnación, el pueblo fundado por Roque González de Santa Cruz junto a la que hoy es Posadas hace cuatrocientos años atrás, refundada en 1870.

2- El río parecía un ancho manto negro que se escurría sigiloso de este a oeste, contribuyendo a no alterar la serenidad del entorno y la quietud de la noche. Solamente se escuchaba el murmullo sutil de la bajante del agua besando las orillas pedregosas, pareciendo el aleteo del colibrí.

La luna no brillaba, la luna negra no mostraba ningún destello de lucidez como si se hubiera arremangado en su universo para no mostrar un hilo de claridad. Todo el ambiente escenificaba una gran caverna oscura sin principio ni fin y sin estrellas, cuya monotonía solamente alteraba los tenues parpadeos de las lucecitas de las luciérnagas del estío. Por eso tal vez el hombre en su laberinto sólo escuchaba el estallido o el retumbo del eco de su corazón en la sien como el martillo golpea al yunque, o como su imaginación le remitía que el remo del remero al hundirse en el agua sonaba a cataclismos.

Y es porque el hombre que desesperadamente va en busca de la anhelada libertad sabe muy bien que la negra oscuridad y el silencio de los cementerios son sus aliados. Y sabe también que el sonido salido de una yesca retumbaría como un cañón y su lumbre semejando al relámpago, y ahí sí que los esbirros del tirano arrasarían el río con sus potentes lanchas a la caza de la presa que busca escabullirse.

Y si por desgracia el perseguido cae en sus garras le esperará la muerte, que es la libertad del alma, o la mazmorra del lóbrego Tacumbú, la cárcel más promiscua y terrorífica de América.

Es por eso que el horizonte tan cercano y a la vez tan lejano para el hombre que escapa estando en el medio del río, las pobres luces diseminadas de los lánguidos focos de las esquinas posadeñas, ciudad de apenas 50 mil habitantes, le parecerán albor de redención, la tierra prometida, el faro de Alejandría de la liberación.

Y la canoa salvadora que lo acerca a la orilla de la esperanza, es la misma que lo aleja sin retorno de las luces mortecinas del país de las noches tenebrosas y las siestas engrilladas. Y ese hombre liberado tal vez regresará, alguna vez, cuando haya democracia y libertad manifiesta en su país. Pues solamente los zombis, o los minusválidos cerebrales, o un pueblo resignado soportan el estadio de la esclavitud tranquila, como los sumergidos en la caverna de Platón.

3- Justo a las 20 horas las campanas de la Iglesia Catedral comenzaron a sonar en esa tarde-noche de real estío posadeño, tiempo de verano caliente donde el sol se vuelve perezoso y tarda más de la cuenta en esconderse. La claridad aún reinaba en el ambiente obligando a los comerciantes a cerrar sus negocios un poco más tarde de lo habitual. Y por supuesto, se debía dar gracias a Dios, o a la divina providencia, que los inmensos árboles de las aceras cubrieran con sus copas el cielo dejando entrever apenas las primeras estrellas y haciendo, además, que amainara la caldera reverberante del asfalto.

La peluquería ¨Rolón de calle Colón¨, según eslogan, se encontraba atiborrada de jóvenes esperando turno por el corte de pelo o la afeitada bien al ras, puesto que a la noche había fandango y debían lucir bien apuestos si deseaban conseguir parejas. Pero también seguían con sus ventas la frutería de los Zampaca y la despensa San Martín, el lugar de compras preferido del doctor Guibert sobre todo cuando servían bocadillos de las exquisiteces introducidas de las nuevas marcas. No degustaba solo, convidaba a los pibes ante la mirada cómplice de Juan Garmendia, uno de los dueños, que divertido sonreía. Años más tarde, cuando cerraron la despensa, Jorge Todero y Cacho Juañuk montaron la churrasquería El Estribo, y luego Edgar Cataldi su famoso boliche Chaval.

4- En el centro de la plaza, unos chicos indiferentes al romanticismo de las parejas jugaban a la mancha, otros al brusco juego del “cachado”, mientras caraduras hacían oídos sordos a los chillidos de Foca, el placero, que furibundo y mascando bronca amenazaba con echarlos. Y en la sublime lírica de la expresión nocturna, la banda de los Catalano comenzaba a ejecutar La Marcha Nupcial de Aída.

5- La marcha de las comparsas encabezaba el que portaba el estandarte con el pabellón insignia brillando de lentejuelas y el nombre de la escuadra con letras rutilantes. Generalmente vestía chaqueta roja con charreteras, pantalón blanco y gorra militar, lo mismo que el capitán general, que pasos más atrás se acompañaba de su esposa, si la tenía, y de otras damiselas las más veces disfrazadas de gitanas. A estos seguían los tamborileros marcando el compás de los disfrazados de pieles rojas a la usanza posadeña. Danzaban como estos indios con la diferencia de que soplaban unos pitos muy sonoros y por llevar largas y anchas capas que revoleaban por el aire. Luego seguía el grupo más numeroso luciendo diversos disfraces: charros mexicanos, zorros, aviadores, gauchos, paisanas criollas, damas españolas y algunas mascaritas sueltas, confundiéndose entre ellas las chicas de algunos piringundines de la Bajada Vieja. No faltaba la carreta con el rancho de los músicos chamameceros, acompañando a pobres trovadores que se desgañitaban cantando sin que nadie los escuchara debido al fragor de los altoparlantes y el bullicio de la gente

6- Se recuerda el paso marcial del orgulloso colegio Roque González marchando a tambores batientes ejecutados por alumnos, cuyo compás marcaba Carlitos Pacheco con el bastón mayor. Bizarros lucían el clásico uniforme que los distinguía sobre los demás: camisa blanca, pantalón azul, birrete del mismo color con el escudito blanco y azul. Mientras el sargento mayor don Isaac Mariaschi en un palco oficial y micrófono en mano trasmitía a voz en cuello el paso de las escuadras.

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