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Qué es una coalición

jueves 04 de marzo de 2021 | 6:00hs.
Qué es una coalición

U
na coalición es –por ejemplo– un conjunto político formado cuando un grupo parlamentario quizás no haya obtenido mayoría propia como para formar “su” gobierno propio, por lo que debe pactar con otros sectores, con ideologías afines, para formar un gobierno conjunto.

En Argentina, desde hace unos 60 años, el peronismo ensayó esta modalidad electoral al apoyar a la recién creada Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) del doctor Arturo Frondizi –desprendida de la tradicional Unión Cívica Radical (UCR) del doctor Ricardo Balbín– por un pacto firmado por cuatro actores: el general Perón, exilado, William Cooke, por un lado, y A. Frondizi y Rogelio Frigerio por el otro, con la intención de impulsar un gobierno desarrollista policlacista. Desde entonces el peronismo suele presentarse en esta forma, generalmente con éxitos electorales.

La coalición es generalmente un reflejo de la composición multisectorial de la comunidad. En síntesis, se trata de un grupo diverso de individuos, organizaciones o partidos políticos que operan o trabajan juntos para alcanzar una meta común. Las metas pueden ser un gran número de objetivos, pero a menudo incluyen alguna de las siguientes: adaptación, creación o desarrollo de varias políticas públicas; influenciar en el comportamiento de la gente y construir una comunidad mejor que las existentes.

Obviamente en una coalición suele existir un grupo mayoritario -no hegemónico- y diversos grupos menores, de distintos tipos e ideologías, cada uno de los cuales proponen determinadas conductas a la coalición, que, en asambleas, juntas o “mesas chicas” (reunión de pocos líderes de cada grupo componente), para decidir futuras acciones institucionales o políticas de acción.

Toda coalición política implica cierta noción de corresponsabilidad. Esto es que, dado que los partidos o sectores sociales integrantes acuerdan puntos en común, son todos responsables por los resultados alcanzados. No uno solo, no el presidente, ni el partido mayoritario: todos sus integrantes. Eso hace a la convivencia de una coalición. Debe permitir, además, que cada actor mantenga su autonomía interna (elección de sus propias autoridades, sus particulares normas de funcionamiento, selección de candidatos propios para elecciones, etc.).

Además, como todo acuerdo funciona en base a reglas, ellas son la base de la convivencia. Respetarlas contribuye a que perdure. Romperlas implica que la coalición puede resquebrajarse. Tal como un matrimonio.

Una coalición electoral es aquella que cumple su propia definición: existe para ganar elecciones o, al menos, sacar la mayor cantidad de votos posibles. Pero cuando esta coalición triunfa, se convierte en una coalición de gobierno. Esta conversión es, tal vez, el proceso más complejo de todo acuerdo multipartidario. Implica pasar de un conjunto de reglas electorales acordadas a nuevas reglas de gobierno.

Un tema espinoso en política son los cargos: ¿cuántos y para quién? Pero sobre todo, ¿por qué para ése y no para el otro? Entonces la clave radica en que las reglas del acuerdo de gobierno sean, al menos, debatidas y preacordadas antes de ganar el gobierno. Si se hace todo sobre la marcha y si, encima, la asunción de gobierno se hace poco tiempo después de ganar, entonces los chispazos pueden ser inmediatos.

Hubo casos exitosos en este proceso de conversión en América Latina: Frente Amplio en Uruguay, Concertación en Chile; Incluso Cambiemos y Frente De Todos en Argentina. También las coaliciones parlamentarias que se formaron en Bolivia en los años noventa, combinando gobiernos del MNR y ADN, y con apoyos del MIR a cada uno de ellos, aunque no fueron tan exitosos como los anteriores.

Si pensamos que las acciones de gobierno tienen una etapa de debate, otra de toma de decisiones, otra de implementación y otra de control de lo logrado, entonces en cada una de ellas debería haber interacción entre los actores integrantes de la coalición, o bien reparto de funciones. Podemos pensar que el proceso de debate y toma de decisión se circunscribe a los principales referentes. Una coalición que manifiesta críticas internas, públicas o moderadas, y que el líder del sector mayoritario tiene a escuchar, reflexionar, y buscar formas de avanzar en sus políticas -o no- revelan la dinámica de esta coalición y su evolución o estancamiento que, si es percibida por la comunidad votante, puede influir seriamente en los futuros resultados electorales.

Por ejemplo, el intento de crear un Consejo Económico y Social en que está empeñado el actual presidente nacional –a pesar de la puntual renuncia del ex ministro Ginés– es una propuesta de formar una coalición intersectorial que, atenuando los enfrentamientos económicos, financieros e institucionales entre variados sectores sociales (empresarios, académicos, comerciantes, gente del agro y de la industria, sindicalistas, representantes de entidades sociales o confesionales, del deporte, turismo, hotelería, del arte, de los medios de comunicación y de ciencia y tecnología, empresas de servicios y otros), intenten discutir –sector por sector– las mejores políticas públicas que armonicen necesidades, intereses, anhelos intrasectoriales, lo hagan público y exhorten la aplicación o creación de instrumentos públicos (leyes, decretos, disposiciones ministeriales nacionales, provinciales o municipales) que orienten y estimulen acciones y conductas de los actores involucrados con mayores sentidos sociales.

El arma fundamental para avanzar en este fin es el diálogo y la discusión, con actores que se escuchen los unos a los otros, con comprensión que, si no, sólo triunfará el enfrentamiento y el ataque de unos contra los otros actores.

Obviamente, cuando los intereses en juego son económicos o monetarios, el egoísmo, la avaricia y el individualismo son enemigos del consenso, la equidad y la visión social de nuestra vida. 

En este punto aclaro en una visión personal: los gobiernos que desarrollan políticas “para pocos” –sectores económicos, empresariales o financieros– generalmente parecen ser más “ejecutivos” que aquellos que se proponen atender problemas de sectores sociales postergados, ya que éstos son muchísimos más numerosos que aquellos, y por lo tanto estas gestiones son más complejas, contradictorias, aparentando ser más lentas o ineficaces. La gran diferencia entre unos gobiernos y los otros es la complejidad de sus objetivos.

Es similar a una familia con un solo hijo y otra con seis o siete hijos, que a medida que pasan los años la vida familiar se complejiza más en las segundas que en las primeras.

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