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Reflexiones para una Navidad en paz

Ejercicio que sana

Pedir perdón y perdonar son valores humanos, para que sea un acto sincero debe mediar la reflexión y el diálogo, dicen de la Iglesia y del campo de la salud mental

jueves 24 de diciembre de 2020 | 1:28hs.
Ejercicio que sana
Un pedido de disculpas sincero debe contener el reconocimiento de una responsabilidad en el error o la falta.
Un pedido de disculpas sincero debe contener el reconocimiento de una responsabilidad en el error o la falta.

El tramo final del año con las fiestas que convocan a reunirse con amigos y familia, es además un tiempo propicio para  reflexiones introspectivas que permiten elaborar a modo de cierre simbólico un ciclo para dar comienzo a una nueva etapa.

Además, en este 2020 atravesado por la pandemia de coronavirus y el extenso confinamiento de la cuarentena, cuando más se dimensionó el valor de los afectos, se da una oportunidad para poner en perspectiva los vínculos y lo transitado. Y reconocer si actos o palabras dichas o recibidas dañaron a otros o nos afectaron.

Hoy, a horas de celebrar la Nochebuena y en víspera de la Navidad, desde la ciencia y la religión se aportan herramientas para lograr dilucidar errores y pedir perdón y perdonar. De manera de vivenciar esta festividad espiritual y de fe en paz.

Estos campos del conocimiento y de la cultura coinciden plenamente en que perdonar es sanador y reparador.

Se trata de una acción terapéutica que repercute en paz y serenidad para las emociones, sentimiento de alivio y alegría, claridad mental, mejoría del sueño y la digestión, sensación de bienestar general.

Herramienta de salud

Desde el ámbito de la salud mental, la licenciada en Psicología Melania Juan (MP 1160) expresó a El Territorio que “básicamente tenemos que diferenciar  dos cuestiones a grandes rasgos, que son el perdón en la vida cotidiana y el perdón en el consultorio. Para la vida cotidiana y en sociedad, el perdón es el equivalente a pedir disculpas o disculpar. Es considerado un valor humano tanto pedir perdón como saber disculpar. Porque implica reconocer la responsabilidad, aceptar que hubo un daño y hay una conciencia de querer reparar ese daño”. 

“En lo que respecta a mi área -puntualizó-, que es el ámbito de la psicología, pedir perdón como perdonar es considerado una capacidad grande que tiene el ser humano. El perdón es una herramienta que nos ayuda a alivianar cargas emocionales, sentimentales y del pensamiento. Porque el enojo deviene en pensamientos negativos. De ahí que el hecho de perdonar libera y mejora la calidad de vida”.

“Para el caso del abordaje en el consultorio psicológico, cualquiera sea la modalidad de la atención -individual, de pareja o familiar-, el perdón forma parte del proceso, ya que se suele acudir a un profesional porque una de las partes hizo una situación que causó dolor en el otro”. 

Sostuvo que hay una infinidad de situaciones por las que recurrir a un terapeuta en la búsqueda de elaborar el perdón -cada una es única-.

“Cada abordaje es diferente, porque no es lo mismo perdonar a alguien que quizás nos hirió sin darse cuenta o no tenemos un vínculo cercano, que perdonar una infidelidad de la pareja, o perdonarse entre la pareja el no poder ser padres por ejemplo. Y hay otras situaciones que son muy complejas y que tienen un riesgo”.

Entonces, dijo, “hay que entender que perdonar no es olvidar. El que pide perdón no puede pensar que el tema no volverá a surgir, porque hay heridas abiertas. Estas heridas pueden sanar en un proceso largo, con trabajo, con herramientas que da la terapia, y que dependerá mucho también de la madurez del vínculo, de la empatía que se pueda generar, de la capacidad de diálogo. Desde la psicología propiciamos un diálogo eterno, diálogo siempre”.

En este sentido, indicó, “en la última etapa del proceso del perdón, está la toma de decisión, que es cuando la persona deberá definir si perdona o si dice ‘esto no lo puedo perdonar’, porque esa es una decisión muy personal”.

“También hay cuestiones que no pueden quedar sólo en el perdón individual, sino que son penalizadas legalmente como la violencia y otras”. 

En todo caso, recomendó que, más allá de que ese vínculo de pareja, familiar, de amistad, laboral se haya dañado -haya o no  retorno-, “el acto de perdonar libera a la persona que sufre el dolor del daño, el rencor, la angustia, la culpa, la bronca. Entonces, también perdonar y perdonarse puede ser sanador y un punto de partida para mirar hacia adelante”.

Apuntó que según sea el agravio recibido, “la religión también tiene herramientas para acercarnos al perdón. El cristianismo tiene los sacramentos, la penitencia, la reconciliación y el judaísmo tiene el Yom Kippur”.

Reconciliación y esperanza

El sacerdote Alberto Barros, párroco de la Sagrada Familia, reflexionó: “La Navidad tiene mucho que ver con la reconciliación y la esperanza. Es una festividad que tiene que ver con el perdón. Es muy lindo cuando leemos en las misas de este tiempo de Navidad el relato de los ángeles que anuncian a los pastores que están cerca de Belén la llegada del salvador. Ellos dicen ‘traemos la buena noticia de que hoy les ha nacido un salvador’”.

Señaló: “Nosotros desde la fe creemos que Jesús, hijo de Dios, viene a salvarnos. Todos necesitamos ser salvados de nuestros pecados, envidias, odios, indiferencias frente al que sufre. Porque todos tenemos nuestras esclavitudes con nuestros egoísmos y Jesús viene a salvar”.

“Él siempre dijo que vino a salvarnos, a perdonarnos, no a juzgar, no a condenar. Así, la Navidad es una gran experiencia de perdón. Y como Jesús perdona, nos invita a perdonarnos unos a otros”.

Consignó que, además de dar y recibir el perdón, necesitamos hoy más que nunca “ser salvados de otras cosas que sucedieron en este año tan difícil que nos quitó la alegría y la esperanza, que generó incertidumbre, soledad, desempleo, pobreza, distanciamiento afectivo de los seres queridos”.

“Y por la fe sabemos que Jesús es cercano a todo dolor humano y que viene esta Navidad especial a sanar las heridas que nos deja este año y a renovar la esperanza de que el tiempo venidero será mejor”.

El papa Francisco declaró en medio de la crisis sanitaria-humanitaria del planeta que de esta situación “no se sale igual, salimos mejores o peores”.

“Yo pienso mucho en esta frase del Papa -reflejó Barros-, dependerá de nosotros qué hacer, si queremos salir mejores de esta pandemia, de esta crisis, debemos dejarnos sanar por Jesús, dejarnos amar y perdonar. Para salir fortalecidos en lo bueno, en la caridad, en el servicio, en el amor”.

Por último, el sacerdote católico aclaró que “perdonar no es olvidar. A veces perdonar abre el camino a la reconciliación, que es algo muy lindo. Hay ocasiones en que esta reconciliación no puede darse, entonces cada uno sigue su camino. Lo importante al perdonar y al pedir perdón es que esta vuelta de página se pueda hacer sin rencores, sin ansias de venganza, sin odios, porque todo eso enferma, y el perdón es otra cosa, el perdón sana y da serenidad al corazón”.

Paso a paso 

El perdón puede ser un acto individual y colectivo y entraña múltiples dimensiones, por ello su análisis y conceptualización requieren del aporte de una pluralidad de perspectivas: la religión, la ciencia, las artes, la política, la filosofía han abordado y abordan este valor que es capaz de redimir, aliviar y de generar salud.

Aunque no hay una única receta, para pedir perdón se requiere, señaló la psicóloga Melania Juan, primero reconocer la responsabilidad del error o el agravio; comunicar qué se siente haber provocado dolor y escuchar a la otra parte; elaborar una explicación que no exima de la responsabilidad y demostrar que hay un sincero arrepentimiento. La empatía es muy importante en todo este proceso, señaló.

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