Isla Mauke, un destino soñado en el corazón de la Polinesia neozelandesa

Sábado 12 de enero de 2019 | 16:00hs.
Conocida como la isla-jardín, se ubica entre Hawái y Nueva Zelanda y es parte del territorio insular que forma la Polinesia.
Las islas Cook son imponentes por donde se las mire, ideales para los espíritus más aventureros y que buscan al mismo tiempo un poco de tranquilidad lejos de las grandes ciudades. Situadas en el océano Pacífico sur, entre Hawái y Nueva Zelanda, forman parte del territorio insular que forma la Polinesia y que recibe a diario decenas de visitantes ansiosos por conocer paisajes únicos.

Con un clima tropical, una hospitalidad impecable, aguas cálidas de color azul cristalino, playas blancas, palmeras frondosas, una gastronomía basada en sus frutas y verduras tropicales, tienen todo lo que necesita el viajero para conocer un lugar paradisíaco.

Y aunque la mayoría de sus lugareños se hospedan en una isla llamada Rarotonga, hay otras menos conocidas que son justamente por su poca popularidad las más buscadas por aquellos que buscan un destino original. Una de ellas es Mauke, cuyo significado es "donde mi corazón descansa".

Conocida popularmente como la isla-jardín debido a su tamaño y ubicación en el corazón de la Polinesia neozelandesa, es uno de los destinos más extravagantes. Con un abanico de distintas especies de fauna y flora, las flores que crecen de manera silvestre por doquier son luego recolectadas para crear las guirnaldas que sirven para ornamentar a mujeres y hombres que llegan ansiosos a conocer a la isla.

La isla se encuentra rodeada por un arrecife y es un lugar casi virgen en el que solo viven unas 300 personas. En la isla no hay tráfico, ni ruido, ni la típica contaminación de la ciudad, por lo que todavía se pueden encontrar playas desiertas de arena blanca que aseguran la privacidad y un relax seguro.

En cuanto a la edificación que se encuentra en la isla, las casas no superan la altura de sus palmeras para preservar la esencia de la isla. Un recorrido por Mauke es sin dudas una experiencia perfecta para cualquier viajero que busca conocer paisajes vírgenes, cuevas que ocultan piscinas naturales con aguas cristalinas, así como playas idílicas que hacen de la isla-jardín un paraíso.

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