El rincón literario de Pino

Viernes 17 de mayo de 2019 | 01:00hs.
María Elena Hipólito

Por María Elena Hipólito sociedad@elterritorio.com.ar

Nació bajo el nombre de José Valerín hace casi 84 años en Vicenza, una ciudad de la región del Véneto, al noroeste de Italia. “Soy ciudadano del mundo aunque soy más ciudadano argentino que italiano porque ya hace 70 años que vivo acá”, señala con una sonrisa este hombre que es uno de los más conocidos y antiguos libreros que tiene Posadas.
Pino, como le pusiera su padre y le dicen sus más allegados, se dedica a este rubro desde 1972 cuando, recién llegado a Posadas desde Rosario, adquiere la antigua revistería y librería King Kong, sobre la calle Bolívar frente al Correo.
Con el tiempo se cambió de nombre y se convirtió en Millenium, como se llama hasta el presente. Las varias mudanzas lo fueron alejando del casco céntrico de la ciudad y hoy este centro de la literatura, que ofrece tanto volúmenes nuevos como usados, continúa con sus puertas abiertas y resistiendo al paso de los años en Roque Pérez 1689.
“Nos fuimos corriendo del centro porque los alquileres son cada vez más caros, entre 40 y 50 mil pesos; una librería no puede en estos momentos afrontar un gasto así. Los libros son el alimento para el alma, pero si la gente no tiene dinero para comprar comida la cosa se complica”, lamenta el hombre de ojos celestes y cabellera de plata.

Un oasis de paz
La historia de Pino en Argentina comienza a escribirse en 1950, cuando llega junto a su madre y su hermana menor al encuentro de su padre, que había arribado a Rosario un año antes.
Tenía apenas 4 años cuando dio inicio la Segunda Guerra Mundial y, aunque era pequeño, asegura que tiene recuerdos de aquel tiempo y de la ausencia de su padre, que se fue como voluntario y regresó recién en 1946 por haber permanecido prisionero de los ingleses durante un año más de finalizado el conflicto bélico. 
“En el 50 empezó la guerra de Corea de la cual participaban todos los países que formaron parte de las Naciones Unidas, que acababa de formarse, por lo tanto Alemania e Italia también tenían que mandar soldados”, cuenta Pino y sigue: “Mi padre hacía poco que había vuelto a su país y había sufrido siendo prisionero, en cierta forma no tenía casi vida familiar, entonces ante el peligro de una nueva guerra se vino a la Argentina porque tenía una hermana que se había venido en 1928 para acá”.
En Argentina, Pino visitó varias provincias y fue en Rosario que siguió la carrera de Bibliotecología. No obstante, también trabajó en San Nicolás, Buenos Aires, en la llamada Super Usina, hoy más conocida como central térmica San Nicolás.
“Dentro de todas las provincias que conocí, Misiones fue la que más me gustó porque parecía un oasis de paz. En aquel tiempo acá todavía se podía dormir con la puerta de las casas abiertas, cosa que ahora ni pensarlo”, rememora el hombre que se casó tres veces y tuvo tres hijos.

La importancia del cuento
A Pino se le dibuja una sonrisa al acordarse del primer libro que leyó y lo atrapó. Hace una pausa como para escoger el indicado y se decide por Tarzán de los monos. “Me gustaba mucho la fantasía y ese fue uno de los primeros libros que leí. Después entré en la parte de las novelas policiales que estaban muy de moda y los ingleses eran especialistas en eso, como por ejemplo Edgar Wallace”, reconoce.
Es por eso que este librero de antaño es uno de los que apuesta al cuento como formador de lectores desde la niñez. “El chico cuando es chico está al cuidado de sus padres, no está en la escuela todavía. Entonces la cosa empieza en la familia. Si desde chiquito les leen cuentos porque la base de todo está en los cuentos y que no me digan que a los chicos no les gustan porque sí les encanta escuchar y que les lean”, define con seriedad.
Y se explaya en su idea: “Ahí entramos en una parte filosófica de la vida, la familia es la base de todo, la base del estado. La educación que se les da desde chicos no se va nunca más”.
A Pino se lo encontró ayer ocupándose de los ejemplares que llevará a la Feria Provincial del Libro que se hace todos los años en Oberá en el mes de junio y de la que participa hace 35 años.
Es que la la subsistencia de su librería reside en su empeño y amor por los libros, profesión que eligió y acuna como un niño hace mucho tiempo. “En este momento yo pongo plata para hacer subsistir a la librería, no la librería para mí. Yo quiero a los libros y quiero que la gente también los tenga. Hay que buscar, remover y hacer las cosas”, declara.

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