La maestra
Pequeño homenaje a las maestras asesinadas que trabajan con entusiasmo entrega y pasión en su oficio. En 1953 fue Angélica, después Rita, Emma y ahora Nancy… ¡No pueden y no deben ser más!
La picada larga y extendida era nuestro camino cotidiano a la escuela.
Esa mañana había amanecido nublado y gris, partimos con mis hermanos camino a las clases con el grito de los benteveos que confirmaban de que la lluvia iba a ser real en este día. Diciembre estaba en su plenitud y en la casa el aroma a vainilla, canela y clavo de olor inundaba todo con las galletitas que mamá hacía en esta época. La alegría de saber que era el último día de clases se sumaba a que recibiríamos los regalos que la antigua maestra, Angélica, nos traía cada año. Papá siempre decía que Angélica había sido la que le enseñó en la escuela a plantar la yerba.
El bajo del arroyo con su largo bañado convertido en potrero, con la neblina cerrada, lo confirmaba. Apenas echamos a andar descubrimos unas manchas oscuras, de un color rojo y levemente ennegrecidas sobre el camino.
—¿Pintura?
—¿Sangre de algún animal cazado?
Intrigados y seguimos la larga e interminable línea que estaba marcada de una forma llamativa sobre la roja tierra de la calle que aún seguía polvorienta y sedienta de lluvia. A medida que nos acercábamos a la escuela las manchas estaban más juntas hasta transformarse en una fina línea que arrancaba justamente allí en el portón de la escuela.
Un policía que estaba parado en la entrada del edificio nos informó que no había clases. Que volviéramos a la casa. Intrigados y sin respuestas, pero llenos de alegría por la falta de clases, emprendimos el regreso.
Claro, la intriga entre nosotros fue en aumento. En el camino de regreso nos pusimos a observar con mayor detalle las manchas a las que mis hermanos aseguraban que eran de sangre. Cuando nos encontrábamos con otros compañeros, que venían hacia la escuela, los comentarios fueron varios. Nosotros les dábamos la notica de la suspensión de las clases y el tema derivaba, ineludiblemente, hacia las manchas en la calle. Algunos aseguraban que era la sangre de un animal cazado durante la noche, otros de un animal faenado en alguno de los potreros vecinos, aunque algunos decían que era sangre humana.
La sangre, nuestra sangre, se nos heló, cuando tres compañeros, que venían de uno de los barrios cercanos al aserradero, afirmaron que la sangre era de la maestra que había sido asesinada la noche anterior. Con horror seguimos camino a casa dónde ya estaban en conocimiento de la triste noticia. Nadie podía acabar de creerlo y no salíamos del estupor ya que el domingo, es decir el día anterior, habíamos tenido la fiesta en la escuela. El acto comenzó temprano, hubo un almuerzo con asado y ensaladas varias preparadas por la cooperadora. La tarde transcurrió con partidos de fútbol varios y el sorteo de premios de la tómbola, organizada por las madres. Alrededor de las seis de la tarde ya todo el mundo regresó a su casa. Algunos porque tenían que atender a los animales en sus chacras y otros porque debían arrancar temprano con las actividades en los aserraderos, en las chacras y en los secaderos arrancaban temprano, además los niños debíamos volver a la escuela.
Cerca del mediodía se confirmó lo que palomas y benteveos anunciaron a la mañana, el gris cielo encapotado comenzó a desprender una inmensa cantidad de lágrimas que se fueron transformando en lluvia, aguacero y lluviarada. Primero se encharcaron las calles para luego inundarse todo el bajo del arroyo que esta vez no solo estaba teñido de rojo tierra, si no de rojo sangre. Para esa hora ya la noticia se propaló de familia en familia. Las maestras habían quedado con otros a terminar de ordenar y limpiar la escuela para dejar las aulas en condiciones para las clases del lunes.
Ante el comisario confesó un muchacho muy joven que no fue imputado y tampoco dijo quienes lo habían acompañado.
Esperaron a la maestra, junto a dos compañeros, ofreciéndose a acompañarla a su casa. Ella no se opuso, pero cuando la invitaron a entrar al sendero, al lado del arroyo, no quiso. Aprovechando la oscuridad y la soledad del lugar la obligaron llevándola hacía la espesura del monte que había en el lugar.
—Tan solo queríamos robarle las cosas que traía…
La maestra se zafó y volvió corriendo hacia la escuela esperando encontrar a alguien que pudiera ayudarla. El lugar, al fondo de la picada, no tenía vecinos, nadie escuchó los gritos de ayuda y el implorar de la docente.
—Queríamos que se calle, que no grite... Me dio mucha rabia que ella estuviera ahí a los gritos… Después la vi acostada en el suelo ahí, en el bajo del arroyo…
Cuentan que, en la mañana, cuando uno de los chacareros iba hacia el pueblo, escuchó a los perros y descubrió el cuerpo desnudo de la mujer acuchillada, violada y desgarrada por los perros…
Veinte y tantas cuchilladas, veinte y tantas heridas por las que se desangró la maestra.
Temprano fue la policía con la camioneta y la cargaron en la caja para llevarla a la funeraria.
Cuentan que el joven comisario que manejaba la camioneta temblaba y conducía muy lentamente, como no queriendo hacerle otra lastimadura al cuerpo de la maestra que seguía sangrando, mientras recorría el trayecto desde la escuela rural hasta el pueblo.
Esa tarde no pudimos salir a jugar al arroyo inundado, como lo hacíamos siempre. Una tormenta y la tristeza que a todos nos embargaba nos dejó encerrados hojeando alguna revista o mirando alguno de los libros que teníamos en la pequeña biblioteca.
Al otro día tampoco tuvimos clases, el sepelio de la maestra se realizó en la tarde una vez que desde judiciales se dio la autorización. En mi mente quedo la imagen de una larga procesión de familias que caminaba detrás del ataúd con la maestra que llevaba en su cuerpo veinte y tantas heridas, de la cual, me imaginaba yo, continuaba saliendo sangre que dejaba un reguero de gotas desde el pueblo hasta el mismo cementerio, allá en su Apóstoles natal.
Von Hof, nacido en Montecarlo, Misiones es pastor en la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, escritor con ocho libros publicado y acreedor del premio mayor en la convocatoria de la Fiesta Nacional de la Navidad. Publica en diarios artículos de opinión y cuentos que hacen ver la realidad del ser humano.