La sombra de Quiroga
Dicen que él la desterró para no matarla.
Dicen que ella echó raíces
en la tierra colorada
y aún así no pudo retenerlo.
Los hombres le han arrancado
la compañía de sigilosa del yaguareté,
el amparo sagrado del ñandubay,
la miel laboriosa de las abejas.
El río, los peces, el aroma de la yerba
y la balsa infinita del recuerdo
son consuelos que el hacha del tiempo
no ha deforestado todavía.
De la antigua selva queda solo el mito;
de ciertos animales, solo sus cuentos;
del hombre que los amó, su insolada sombra.
Dicen que cuando el sol se degüella
baila con las sombras de los flamencos,
conspira con pérfidos yacarés
y duerme sobre un almohadón de plumas
que se suicida a la deriva
por la húmeda noche del Paraná.
Dicen que aún lo busca por el monte
para escuchar sus historias
de amor, de locura y de muerte.
Dicen que sueña con ir al mar
a dormir con la mujer que no ha vuelto.
Dicen que la selva la protege
del hacha indetenible del tiempo.
Segundo premio del XIII Concurso literario homenaje a Horacio Quiroga 2026.
Diego Antonio López es de Chacabuco, Buenos Aires, Argentina.