2026-10-18

Informe de Domingo

Memorias del Yazá a un año de la tragedia

La tragedia del Yazá dejó como saldo nueve fallecidos y 29 heridos. Sobrevivientes y familiares explicaron cómo vivir con ese dolor y recuperarse de un siniestro vial que quedará marcado en toda una comunidad.

El próximo lunes 26 de octubre se cumplirá el primer aniversario de la tragedia del arroyo Yazá, Campo Viera, uno de los siniestros viales más dolorosos que marcaron a Misiones en el último tiempo.

Aquella madrugada, la caída desde el puente sobre el arroyo -en el kilómetro 892 de la ruta nacional 14- de un colectivo de dos pisos que segundos antes fue atropellado de frente por un automóvil Ford Focus -cuyo conductor estaba alcoholizado- dejó un saldo devastador de nueve personas fallecidas y otras 29 heridas, siendo en su mayoría las víctimas estudiantes universitarios.

A medida que transcurre el tiempo, el recuerdo de aquella tragedia permanece atravesado por el dolor de las familias que perdieron a sus seres queridos y por las secuelas físicas y emocionales que debieron afrontar los sobrevivientes.

A casi un año de aquella madrugada, el aniversario vuelve a poner en primer plano no sólo la magnitud de lo ocurrido, sino también el largo camino de recuperación que debieron emprender los heridos y sus familias, tras un hecho que dejó una huella imborrable en quienes vivieron de cerca sus consecuencias.

Por ello, en este nuevo informe de El Territorio, recordar la tragedia del Yazá significa volver sobre una de las páginas más dolorosas de la historia vial reciente de Misiones, escuchar las voces de quienes sobrevivieron y acompañar a quienes todavía conviven con las pérdidas. Porque, más allá del tiempo transcurrido, hay heridas que no se miden en días ni en meses, y una madrugada que permanece viva en la memoria de toda una comunidad.

Con apenas 12 años, Alejandro Aquino aún lucha con los recuerdos de aquella madrugada que suelen abordarlo a veces en forma de sueños, otras con “ganas de llorar”.

Tenían un plan con su padre de ir a Piray y volver en el día. Ese domingo se rompió la moto de su progenitor, por lo que tuvieron que ir en micro. “Subimos al cole y agarré el celu. Cuando íbamos llegando al puente me estaba durmiendo, y en eso sentí el choque o la frenada del colectivo y choqué contra el asiento del frente”.

“Mi papá me cubrió con su cuerpo y me abrazó, volcamos. Me desmayé y me desperté al rato, con los gritos de unos chicos de atrás. Era todo oscuro, una desesperación”, detalló.

Otro de los sobrevivientes de la tragedia es Gustavo Báez, quien relató que “la recuperación fue bastante favorable. Ni bien salí del Hospital Madariaga me recetaron rehabilitación con kinesiólogos. De no mover nada la mano, ahora con kinesiología comencé moviendo dedo por dedo, lo cual me dio fuerzas para seguir. Me dieron rutina de ejercicios para recuperarme”.

En el plano emocional, el joven completó un acompañamiento psicológico inicial que le permitió asimilar el impacto del siniestro y apoyarse en su entorno cercano.

“Estoy retomando la vida universitaria con las personas que estuvieron en ese momento, mayormente mi familia y compañeros de la facultad, que me ayudaron mucho para volver. Quedaron algunas secuelas, pero nada que me impida la movilidad. La idea es seguir adelante con la carrera”, explicó.

Báez enfoca su presente en la recuperación física y mantiene un vínculo constante con Yazmín, la joven que lo asistió en el arroyo, mientras proyecta su continuidad académica en la educación pública superior.

Justamente, Yazmín había relatado, poco después del hecho: “Chocamos con el auto, después nos fuimos a la banquina, directamente nos estrellamos y caímos 15 metros”.

“Nos caímos y a los dos segundos se llenó de agua, el agua me empujó hacia afuera, fui expulsada del colectivo”, contó la joven de 23 años al revivir lo ocurrido.

La siguiente situación fue lo que marcó la tragedia para ella, una persona flotando delante de ella y la necesidad de ayudarla sin medir las consecuencias. “Pasó un cuerpo y lo primero que se me vino a la cabeza es que no puede estar muerto. Cuando lo vi me tiré y nos llevó costa abajo, no lo iba a soltar y no lo iba a dejar ir. Él no podía moverse del cuello para abajo. Lo agarré fuerte y cuando empezó a sentir su cuerpo de nuevo de a poco pudimos ir saliendo”.

Por otro lado, se suma la voz de la licenciada en Psicología y docente universitaria Emilse Lunge, quien hizo referencia a cómo se trabaja desde dicho espacio para comprender, evaluar y tratar las secuelas emocionales, cognitivas y físicas que deja una experiencia altamente estresante como un siniestro vial.

“El primer abordaje es evaluar el estado en el que llega esta persona, identificar cuáles son las necesidades más urgentes que tiene, ayudarla a recuperar la orientación, pero principalmente conectar con sus redes de apoyo. Tener siempre presentes las redes de apoyo, pero también entender los tiempos de esta persona”, resaltó la profesional.

Te puede interesar