Se deberán cumplir 40 horas trabajadas
Brasil llevó la semana laboral de 6 a 5 días sin bajar sueldos, en una reforma histórica
El Senado de Brasil aprobó el miércoles una enmienda constitucional para reducir la jornada laboral máxima del país de 44 a 40 horas semanales sin disminuir el salario, una medida respaldada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien espera que impulse su posición frente a Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que se realizará el 25 de octubre.
Se prevé que Lula promulgue la reducción de la jornada laboral la próxima semana, luego de que la cámara alta aprobara la medida en dos rondas de votación con el mismo resultado: 75 a 1 de 81 miembros. El único voto en contra provino del exvicepresidente Hamilton Mourao, quien ejerció ese puesto en el gobierno del presidente Jair Bolsonaro.
Flávio Bolsonaro, quien se opuso a la iniciativa hasta hace unos días, votó a favor de forma remota mientras hacía campaña en el sur de Brasil. Analistas y políticos dicen que sus aliados en el Senado dejaron de bloquear la popular medida para que no se viera perjudicado en su reñida contienda contra Lula.
La enmienda les otorga a las empresas 14 meses para adoptar la jornada laboral más corta, lo que fue un punto de fricción en las negociaciones. Muchos líderes empresariales y legisladores querían que los cambios se hicieran de manera gradual durante 10 años.
La enmienda constitucional establece un límite de 40 horas semanales y dos días de descanso sin reducir el salario. Más de 37 millones de trabajadores podrían beneficiarse de las nuevas reglas, según el gobierno.
Celebración presidencial
“Hoy es un día para celebrar un logro histórico para millones de trabajadores”, declaró Lula en un comunicado. “Esto significa tener más tiempo para vivir, descansar, estar con la familia, ver crecer a sus hijos, cuidarse y disfrutar la vida. Aquellos que trabajan tan duro para construir Brasil también merecen tener tiempo para vivir”.
Muchos senadores corearon el nombre de Lula después de la votación, mientras que los partidarios de Bolsonaro abandonaron rápidamente el recinto.
“¿No dije que esto iba a funcionar?”, expresó Davi Alcolumbre, el presidente del Senado de Brasil, a un destacado senador del Partido de los Trabajadores de Lula después del resultado. Programó la decisión para que ocurriera entre la primera y la segunda vuelta de los comicios, lo que beneficia al mandatario en funciones.
Encuestas recientes indicaron que hay un amplio respaldo a la medida, pese a la oposición de muchos empresarios. Muchos aliados de Bolsonaro dijeron en sus intervenciones que ven que el costo de la vida sube debido al nuevo horario.
Lula ha tomado una serie de medidas en los últimos días para apuntalar el apoyo de los electores antes de la segunda vuelta, entre ellas nuevos recortes de impuestos a los combustibles, la ampliación de subsidios existentes, la promesa de condonar deudas de más de 3,6 millones de pequeñas empresas con el gobierno federal, la decisión de bloquear la señal de teléfonos celulares alrededor de las prisiones y un aumento de los pagos de un programa de asistencia para estudiantes universitarios.
El cambio en el sistema de jornada laboral es considerado el punto culminante de esas iniciativas.
Flávio Bolsonaro, que superó a Lula por 2,2 millones de votos en la primera vuelta, revirtió el martes su prolongada oposición a la medida. Antes defendía un régimen más flexible de pago por hora, pedía negociaciones individuales entre empleados y empleadores, y reiteradamente calificaba la propuesta como motivada por intereses electorales.
Horas después de anunciar su respaldo al cambio, Bolsonaro dijo a empresarios que el nuevo Congreso (donde su partido podría alcanzar una mayoría simple con otros partidos aliados desde febrero) podría revisar la medida, informó el diario local O Globo.
La aprobación de la reducción de la jornada laboral fue uno de los temas en decenas de protestas a favor de Lula que se realizan en todo el país desde la semana pasada. Algunos celebraron la votación del Senado el miércoles en las calles de Río de Janeiro y San Pablo.
“Necesitábamos a la gente en las calles”, expresó Lunna Normande, de 23 años, durante una protesta con cientos de personas en Río. “Seguiremos en las calles hasta que termine esta semana laboral inhumana”.
El gobierno de Lula ha trabajado en la propuesta desde el año pasado. “Cualquier cambio hecho en un año electoral puede considerarse una medida electoral”, expresó Carla Beni, economista de la Fundación Getulio Vargas, un centro de estudios y universidad.
Las personas que trabajan en la economía informal, tales como los trabajadores independientes y los repartidores, no se verán afectadas por la nueva ley.
El impulso detrás de esta reforma refleja una tendencia creciente en América Latina. Países vecinos como Chile y Colombia han aprobado recientemente leyes históricas para reducir sus respectivas jornadas laborales a 40 y 42 horas, lo que envalentonó a los grupos laborales brasileños a buscar lo mismo.
En febrero, legisladores mexicanos aprobaron una propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum para recortar la semana laboral de 48 horas. Las horas de trabajo se reducirán gradualmente hasta llegar a una semana laboral de 40 horas para 2030.
En 2023, Chile aprobó la llamada Ley de 40 Horas, que redujo su semana laboral a 40 horas desde el año pasado. Se aplica a todos los trabajadores bajo el Código del Trabajo del país, sin reducción salarial.
En Uruguay el gobierno habilitó este año formalmente el ámbito de discusión en el Consejo Superior Tripartito. El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) propuso avanzar hacia una reducción de 48 a 40 horas semanales sin pérdida salarial, incorporando variables de productividad y competitividad, un punto especialmente reclamado por el sector empresarial.
Por su parte, Argentina se ha desmarcado de esa tendencia durante el gobierno del presidente Javier Milei, y podría ampliar su semana laboral de 48 horas.
Críticas empresariales
La reducción de la jornada también generó objeciones de sectores empresariales, que advierten sobre un posible aumento de los costos laborales y dificultades para algunas actividades productivas, en particular para las pequeñas y medianas empresas.
Durante el debate, representantes del sector comercial plantearon que la reforma podría elevar el costo de la hora trabajada y afectar la contratación. Los defensores de la medida, por su parte, sostuvieron que la jornada vigente desde la Constitución de 1988 ya no refleja las transformaciones del mundo laboral.
Con la aprobación del Senado, Brasil quedó ante una de las principales reformas laborales de las últimas décadas. Su aplicación efectiva dependerá de la promulgación y del cumplimiento del cronograma de transición establecido en el texto.
La nueva semana laboral fue motivo de varias multitudinarias marchas en Brasil este año que unió a los sindicatos con otros sectores sociales.
Bolsonaro, los sindicatos y las dudas a futuro
El respaldo de Flávio Bolsonaro a la eliminación de la jornada laboral 6×1 en Brasil quedó bajo cuestionamiento tras un pronunciamiento conjunto de ocho centrales sindicales, que señalan contradicciones entre su posición reciente y las propuestas laborales que le atribuyen. Las organizaciones sostienen que el debate no se limita a reducir las horas de trabajo, sino que también involucra los salarios, la estabilidad de los ingresos y la capacidad de los trabajadores para negociar sus condiciones laborales. En mayo de 2026, durante la Marcha a Brasilia en Defensa de los Municipios, Bolsonaro había cuestionado la eliminación de ese régimen y defendido la flexibilidad horaria. “¿Por qué el trabajador no debería poder elegir su horario laboral según sus necesidades? Mucha gente quiere trabajar más, y el PEC (de eliminar el horario 6×1) podría restringir a quienes desean trabajar más”, afirmó, según el documento sindical.
Las centrales contrastan esas declaraciones con su posterior respaldo a la reducción de la jornada.