2026-09-20

Destrucción, gritos de dolor y milagros en medio de la tragedia

Cómo se contó el desastre encarnaceno en las páginas misioneras de 1926

Un enviado del diario La Tarde relató el escenario con el que se encontró ese día. Las colectas iniciadas en la capital y los adolescentes que fueron a levantar escombros

Durante la tardecita del 20 se septiembre de 1926 la ciudad de Posadas vivía un fuerte temporal. Nadie aquí podía imaginar, sin embargo, que a poca distancia, la zona Baja de Encarnación, Paraguay, estaba siendo arrasada de la faz de la tierra por uno de los fenómenos naturales más mortíferos de América Latina. Cientos de muertos, más heridos y cuantiosas pérdidas materiales fueron el saldo que dejó el llamado -en esa época- ciclón.

“Serían aproximadamente las 21 horas cuando llegó a nuestra ciudad el padre José quien había cruzado el río Paraná en una canoa acompañado de un botero que se ofreció voluntario para realizar la arriesgada prueba. Una vez en nuestra ciudad el padre José, dio las primeras noticias de lo sucedido y pidió auxilio a nuestras autoridades y a los médicos. De inmediato los facultativos doctores Torres, Torres, López Torres, Ruiz, Riva Farés y varios particulares, se trasladaron a Encarnación con objeto de prestar auxilio. A su vez el padre José regresó a la vecina ciudad acompañado de hermanas de caridad”, se lee en el artículo publicado en La Tarde el 21 de septiembre de 1926 bajo el título La mitad de la ciudad de Encarnación fue destruida ayer a las 18 horas por un ciclón.

Antes de relatar lo observado por un enviado especial del medio que pasó toda la noche cubriendo el hecho, se advierte que “la crónica periodística ante la constatación real de lo ocurrido en Encarnación, resulta un reflejo pálido. Hay que ver el estado lamentable, la obra desvastadora (sic) del ciclón, los cuadros de dolor, los espectáculos de miseria, para valorar en su amplitud el desastre”.

Así, tras la destrucción de la Usina Eléctrica y la heroica labor de  Juan Pedotti al cortar el suministro eléctrico de toda la ciudad y morir a causa de ello, toda Encarnación había quedado a oscuras. Se cuenta en la crónica que por todas partes se escuchaban lamentos, gritos de dolor y pedidos de auxilio de los heridos.

“La tarea de comprobar el número de víctimas de la catástrofe resulta bastante difícil. Son muchos los muertos y heridos que no han sido encontrados ni individualizados”, se escribía en la publicación del día después del desastre.

Lo que vio el enviado

“El espectáculo que presenta la vecina ciudad, conmueve y horroriza. Edificios completamente arrasados, familias en la mayor miseria, que perdieron cuanto tenían, llantos desesperantes de los que perdieron a los suyos, en fin, cuadros que dan una nota de congoja y tristeza. Toda la parte comercial que estaba en la planta baja de la ciudad, sufrió igualmente los efectos desastrosos del ciclón. Entre los edificios que fueron arrasados figura, el del Banco de la República, Club Social, Hotel Internacional, Usina Eléctrica, Escuela Elemental, Panadería de Bado, casa de Salomón Yunis”.

Durante el día se trabajó en la remoción de escombros y el entierro de los fallecidos, las primeras informaciones cuentan que en esa jornada se llevaron al cementerio más de 100 víctimas para las cuales Posadas envió una gran cantidad de ataúdes. “El triste desfile hacia el cementerio resultaba un cuadro imposible de imaginar, los cadáveres hacinados en carretas, carros, chatas y hasta ocho juntos eran conducidos sin siquiera haber sido encerrados en un cajón pues resultaron pocos los que se pudo conseguir a la centena de muertos que hubo que sepultar”, escriben.

“Algunas personas de las que se salvaron de la catástrofe, refieren que esta se produjo en forma tan rápida que no dio tiempo para nada. La mayoría de las víctimas fueron sorprendidas en sus propias casas. En el Club Social, perecieron casi todas las personas que en ese momento se hallaban allí reunidas tomando el aperitivo”, se relata.

Asimismo, se narra una escena desgarradora vista por el enviado especial: “En su recorrida por entre las ruinas, nuestro representante llegó a encontrarse con el señor Closs Vice Cónsul Alemán que herido en varias partes del cuerpo se dirigía trabajosamente en busca de su esposa y sus hijos de la que no tenía noticias de su suerte. Al ofrecerle nuestro representante para hacerlo trasladar a esta capital se opuso diciéndole que primero quería ver a su esposa e hijos en cuyo instante se le aproximó el señor Iassi que también dolorido e impresionado por la pérdida de un hijo le aportó dándole la fatal noticia de la muerte de la señora de Closs lo que motivó un impresionante espectáculo que no pudo menos que impresionar vivamente a todos los que lo presenciaron”.

Se cuenta además que a las 13 del 21 septiembre se logra dar con un adolescente de unos 15 años que se encontraba bajo los ladrillos y vigas de una casa. Lo sorprendente fue que el chico no había sufrido heridas. “Completamente amoratado no conseguía articular palabra. Ignoraba la suerte corrida por su familia, el padre, la madre y varios hijos habían perecido sepultados por el derrumbe de la misma casa bajo la cual él habíase salvado milagrosamente”, se escribe.

El trabajo de sacar a los fallecidos que quedaron atrapados bajo los escombros se extendió por varios días y quienes recorrieron las calles desdibujadas relataban que el olor a descomposición de los cuerpos que aún no habían sido sacados empezaba a ser insoportable.

La zona más afectada 

En la edición del 23 de septiembre de 1926, La Tarde detalla las zonas más afectadas por el ciclón según el recorrido hecho por sus enviados. “En nuestra recorrida por el lugar de la catástrofe, hemos podido observar que el ciclón tuvo su más violenta acción destructora en las manzanas comprendidas entre las calles Presidente Franco, Coronel Bogado, 15 de Noviembre y una parte de la costa del río Paraná”, escriben y cuentan que muy pocas casas quedaron de pie.

“En cambio en otros lugares el ciclón caprichoso como todo fenómeno atmosférico, actuó parcialmente arrasando con determinadas casas entre grupos numerosos. Así se explica que el edificio de la Municipalidad fuera totalmente destruido quedando intacto el edificio de la Escuela Normal que se encuentra a muy corta distancia. A su vez, la tromba siguió en esa dirección a San Miguel de Caturé, aldea distante a unos dos kilómetros de Encarnación, donde tronchó infinidad de árboles y se nos dijo que levantó una casa de madera y la arrasó a muchos metros con todos sus moradores”, se lee.

En las páginas de El Territorio, 90 años después, en septiembre de 2016, Menardo Ayala Palacios, entonces de 98 años, relataba: “Tenía 8 años, mi familia tenía un tambo y abastecíamos de leche al Hospital Madariaga de Posadas, mi madre iba los sábados a cobrar, por eso me acuerdo que fue un sábado, y cuando venía de cruzar en la última lancha nos dijo ‘se viene el tiempo feo’ y nos llevó con lo puesto a la casa de mi tía, donde estaba la lechería, en la chacra”.

Un kilómetro y medio hizo a pie la familia para llegar al campo y alejarse de la costa, “pero fue cosa de llegar que ya el viento nos levantó sin que podamos hacer nada, había una parte de la casa de tablas y otra de barro, las tablas volaron y el barro se vino abajo, yo estaba por meterme abajo de una cama pero el mueble salió volando, era increíble, las chapas volaron kilómetros”, contaba.

En un solo día pasaron más de 4.000 curiosos

En su edición del 27 de septiembre de 1926, seis días después del hecho, el diario La Tarde relataba que el día anterior más de 4.000 personas habían cruzado el Paraná para ver con sus propios ojos lo que se leía en las páginas de los diarios de la época. Sin embargo, días previos, aunque no con tanta masividad, muchos ya se habían movido hasta la otra orilla. Así se escribía la noticia ese día bajo el título ‘Más de cuatro mil personas fueron ayer a Encarnación’: 

“El tráfico de pasajeros entre nuestra ciudad y Encarnación, fué (sic) ayer de enorme intensidad. Todos los que antes no habían podido observar personalmente el desastre causado por el ciclón, quisieron satisfacer la curiosidad y ver personalmente la desvastación (sic) ya que en otra forma, es difícil poder apreciarla en toda su amplitud. Las lanchas transportaron más de cuatro mil pasajeros y hubo momentos en que en nuestro puerto la aglomeración fué tan grande, que resultaba materialmente imposible abrirse paso para embarcarse”. Un escenario, quizás, prácticamente imposible en la actualidad cuando frente a una catástrofe de tales magnitudes las autoridades impiden el paso a todo aquel que pueda entorpecer los trabajos de rescate.

Agradecimiento

Archivos. Este matutino agradece al personal del archivo de Casa de Gobierno y de la biblioteca “Clotilde González de Fernández Ramos” del museo Aníbal Cambas por el material documental facilitado y gracias al cual se reconstruyó lo escrito en estas páginas.

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