2026-09-20

Las nietas de Jorge Memmel y de los Castelnovo, entre las voces

El silencio de la ciudad después del ciclón y lo que queda de sus protagonistas

Descendientes de las víctimas guardan archivos inéditos de sus familias y de lo que sucedió antes y después de 1926. Acercar la historia local a la juventud, el desafío

Como si estuviera ante algo frágil, delicado, irreproducible, Margarita Memmel de Goligorsky repasaba entre sus manos los documentos, cartas y fotografías de su abuelo, Don Jorge Memmel, figura ilustre de la ciudad de Encarnación por ser quien, en plena noche y en treinta minutos, cruzó el río Paraná hasta Posadas a buscar ayuda para las familias que fueron devastadas por el ciclón.

Aquel 20 de septiembre de 1926 hacía calor, una primavera que se avecinaba húmeda. “De a poco el cielo empezó a oscurecer, se armaron nubes, y ese ciclón que duró segundos destrozó toda la villa baja”, rememoró Fabiola Castelnovo, nieta de Emilio Castelnovo, sobreviviente.

De repente, un silencio ensordecedor, sumaría después Rosa Villalba Gómez. “Eso recordaba mi mamá: el silencio de la ciudad después del ciclón y cómo se escuchaban los gritos de auxilio”.

Profesionales meteorólogos definieron este hecho como un tornado F4 según la escala Fujita-Pearson. Los documentos de la época coinciden en que fue el mayor desastre natural del Paraguay y de la región: entre 300 y 400 fallecidos, más de 500 heridos y una historia compleja que, a 100 años, busca ser revalorizada para las generaciones futuras.

Ese camino unió hace varios meses a mujeres descendientes de las víctimas del ciclón, quienes cálidamente recibieron a El Territorio para compartir sus historias en este informe. Para Castelnovo, que además es directora de Cultura de la Municipalidad de Encarnación, “tenemos una deuda pendiente con esta parte de nuestra historia y aún siento que todavía no hacemos lo suficiente”.

Desde el Estado, contó, trabajan con charlas en escuelas y una cargada agenda cultural. “Muchos adolescentes de 17 o 18 años no tienen ni idea lo que fue este episodio, y sin embargo cuando les contamos quedan en silencio, asombrados, y salen con ese orgullo de ser encarnacenos”, destacó.

Memmel de Goligorsky, figura del ámbito cultural encarnaceno y recordada por su trabajo en el Consulado de Alemania en el vecino país, coincidió en la necesidad de hacer accesible a la comunidad los archivos y los relatos de los protagonistas del Ciclón, y lo que dejó aquello en la sociedad. “En estos recortes siempre se da cuenta de la solidaridad del pueblo de Posadas, que esa noche no dudó en brindar ayuda”, sumó.

La mujer describió a su abuelo como un gran relator de historias, cautivador, y que sin embargo, cuando al ciclón se refería, “él hablaba como que era algo que tenía que hacer, creo que no dimensionó lo que hizo, actuó bajo una corazonada: ‘Gracias a Dios pudimos cruzar y se salvaron muchas personas’”, citó Margarita.

Don Jorge tenía 29 años y estaba en la Villa Alta cuando la tormenta atravesó la zona baja de Encarnación, según contó a su familia. Desde otros puntos de la ciudad, la tragedia había pasado silenciosa, pero la escena que encontró Jorge Memmel al acercarse a la villa Baja terminó de mostrarle la dimensión de la tragedia: su padrastro había muerto y su madre estaba gravemente herida (horas después, también falleció).

Entusiasta, Margarita repasó las crónicas de esa noche calurosa de septiembre en la que Memmel y el padre José Kreusser cruzaron el Paraná con una canoa que lograron rescatar en la costa y dos palas. “Mira, Jorge, yo no voy, no sé remar, nunca lo hice, yo solamente evangelizo, no sé remar”, le habría repetido el sacerdote Kreusser a Don Jorge.

La ayuda desde Posadas llegó poco después. Según el relato familiar, se movilizaron lanchas de la Prefectura, hermanas de caridad y otros colaboradores de la Logia Roque Pérez -donde funcionó el primer hospital de sangre que atendió a cientos de heridos durante el tornado-.

Ironía de la vida, quizás, que cuarenta años después del ciclón Don Jorge Memmel desapareciera en el río Paraná, en plena excursión. “Recuerdo que tenía 10 años, estaba en sexto grado, y el país se movilizó para encontrar el cuerpo de mi abuelo”, compartió Margarita, nostálgica y a la vez asombrada por el peso que tuvo su familiar y que, en la actualidad, busca hacer honor compartiendo su historia.

En lo que fue el proceso de recuperación de Encarnación tras el ciclón, la solidaridad posadeña se destacó una y otra vez. “La gratitud hacia Posadas que no dudó un segundo en brindar ayuda es algo que siempre va a quedar”, valoró.

Pero si algo atravesó a las generaciones siguientes fue el miedo. La abuela de Margarita estaba embarazada cuando ocurrió el ciclón y sobrevivió mientras a su alrededor morían sus seres queridos y otros cientos encarnacenos.

Décadas después, cada vez que una tormenta se aproximaba desde el sur, volvía la misma reacción. “Escondeles a los chicos debajo de la mesa. No abran las ventanas porque va a volar todo”, recuerda Margarita que decía su abuela. La imagen era esa: “Nosotros estábamos sentados debajo de la mesa hasta que pasaba la lluvia”.

Historia que se hace cotidianamente

Algo de ese temor, que atraviesa el cuerpo, también forma parte de las historias que Fabiola Castelnovo busca recuperar. Para ella, el problema no es solamente recordar una catástrofe, sino reconstruir un episodio que quedó fuera de los registros oficiales.

“La Municipalidad se destruyó completamente con el ciclón. O sea, no existen documentos. Todos los documentos que tiene la municipalidad desde ordenanzas, resoluciones... comienzan después del 26: todo se perdió ahí”.

De allí la demanda que, como comunidad y comisión organizadora de la agenda por los 100 años del Ciclón, decidieron saldar reuniendo cartas, recortes, fotos, archivos y encuentros. “Hay que hacer un buen libro que haga este rescate histórico, un buen material audiovisual que trate de respetar todos estos datos”, planteó Fabiola.

Su experiencia en las charlas con estudiantes también le mostró cuánto falta por transmitir. En una de ellas participaron más de 70 jóvenes. “Era un silencio absoluto”, contó. Para Fabiola, esa reacción demostró que la historia todavía puede volver a ocupar un lugar en la memoria colectiva.

De la tertulia a la catástrofe

Rosa Villalba Gómez llegó a ese pasado por otra vía: la historia que escuchó de su madre, Hilda ‘Mimí’ Gómez, que tenía 13 años cuando ocurrió el ciclón.

Su recuerdo familiar se relaciona con una tertulia de jóvenes que se celebraba en una vivienda de la zona baja. Cuando se cortó la luz, terminó la música y comenzaron a escucharse los gritos de las personas que pedían auxilio.

Después del paso del ciclón quedó otro recuerdo: el silencio. En medio de la destrucción, recordó Rosa del relato de su madre y de archivos locales, los jóvenes que estaban en aquella reunión salieron a ayudar a quienes habían quedado atrapados.

Literatura para hacer memoria

Descendientes de sobrevivientes y escritores de la ciudad recuperaron para este centenario del Ciclón testimonios, documentos y recuerdos transmitidos de padres y abuelos para preservar una memoria que, con el paso del tiempo, corre el riesgo de perderse.

Zunilda Báez Arzamendia es comunicadora y vicepresidenta de la Sociedad de Escritores de Paraguay filial Itapúa. Encarnacena de primera generación, contó a El Territorio que desde pequeña se interesó por la historia de su ciudad. “Desde muy chiquita tengo esta afición por conocer y registrar la historia”, una inquietud que, señaló, estuvo marcada por su vínculo con el profesor Julio Sotelo, a quien definió como “el mejor y el más grande escritor investigador que tuvo Encarnación”.

La entidad asumió además el compromiso de editar un libro sobre la tragedia, con trabajos que reúnen distintos géneros, bajo la coordinación de Roberto Zub y con escritos de Báez Arzamendia, del obispo de Encarnación Francisco Pistilli; Belén Penayo, Andrés Morel, Irma Fornerón; Julio Capli; Julia Martínez y Mario Cáceres. “Hay cuentos, poemas, relatos, hay análisis filosóficos”, detalló.

Para Báez, recuperar estas historias implica también recordar a las víctimas, a los sobrevivientes, la solidaridad recibida desde Posadas y la capacidad de reconstrucción de Encarnación. El libro será exhibido para la venta a la comunidad en la ciudad vecina y también en Posadas, en el marco del acto homenaje en el Monolito del Parque República del Paraguay que se realizará esta mañana.

Wilma Melenik es descendiente de uno de los hombres que aquella noche participó del res cate de víctimas. Contó que su abuelo trabajaba en un taller donde se construían barcos y fue testigo de la formación de la tromba sobre el río Paraná que, segundos después, arrasó con la villa baja.

Después de refugiarse junto a sus compañeros, decidió bajar hacia la ciudad porque imaginaba que el temporal podía haber provocado daños. Lo que encontró fue mucho más grave. “Cuando él llegó, todavía había tormenta, lluvia, había relámpagos, y en medio del relámpago él llegó a ver cuerpos y gente entre los escombros llorando, pidiendo auxilio”, relató Melenik de los recuerdos que conoció a través de su madre.

Aquella imagen acompañó a su abuelo durante toda su vida y también dejó una marca en su familia. “Creo que esa herencia del miedo a la tormenta, al viento, nos transmitió a todos”, contó.

Su historia quedó plasmada en el libro “Entre escombros y esperanzas, las historias que el ciclón no se llevó”, donde fue coautora con su escrito ‘La noche más negra, la mano que no soltó’.

Pero la historia también contiene un episodio de amor: los documentos matrimoniales de sus abuelos se perdieron durante el Ciclón y, décadas después, debieron volver a casarse para poder acreditar legalmente su vínculo.

Mirta y Fabiola Castelnovo reconstruyeron una de las historias familiares más duras vinculadas al ciclón. Mirta, quien también puso tinta al libro “Entre escombros y esperanzas (...)” creció escuchando que su abuelo, Carlos Alberto Castelnovo, había sido rescatado de un pozo después de que una viga cayera sobre la vivienda. En aquella casa murieron nueve de los once hijos de Charles Castelnovo y Avelina Ríos, además de la pareja y dos tías que estaban de visita: 13 pérdidas en minutos.

El único sobreviviente que se encontraba en la vivienda fue Carlos. Su hermano Emilio, abuelo de Fabiola, se había ausentado poco antes para realizar un mandado. Las nietas Castelnovo coincidieron en describir la imagen festiva que reinaba en el hogar momentos antes del tornado, en la antesala al día de la primavera.

“Mi abuelo debió enterrar a su mamá y a su hermanita, que era bebé”, sumó Fabiola sobre su historia. También recordó que una carreta recorría los barrios recogiendo víctimas y que su abuelo llegó a cargar 13 cuerpos antes de viajar a Posadas para encontrarse con su hermano Carlos, que había sobrevivido herido.

La investigación familiar continuó décadas después a través de cartas, fotografías y contactos con descendientes en Europa. Para Mirta, escribir esta historia permitió recuperar una tragedia que permanecía en la memoria familiar. Para Fabiola, también significó reconstruir vínculos que atravesaron generaciones.

Hoy parte de la historia del ciclón se exhibe en el Museo Memoria Viva que funciona en el edificio del viejo Molino Harinero San José, en la costa de Encarnación. Allí se conservan recortes de prensa originales de la época; fotos; vigas y marcos de ventanas que se recuperaron de la devastada villa baja, entre otros archivos y escritos que fueron donados por familiares.

“Gracias, Posadas”

Teresa Znacovski de Sánchez, docente y embajadora cultural de la Universidad Católica de Itapúa, dedicó y compartió con El Territorio un poema atravesado por agradecimientos y la hermandad de dos naciones.

“GRACIAS, ciudad de POSADAS!

Yo, ciudad de Encarnación

recuerdo 100 años

del ciclón que me azotó,

destruyendo la bonanza.

Y todavía siento

la fuerza de tu abrazo,

la impetuosidad de tu amor,

y la esperanza!

Y ya son 100 años

que vivo agradeciendo 

la solidaridad increíble

de tu valiosa gente!

GRACIAS, ciudad de POSADAS!”

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