El federalismo, el mercado y la agenda local
La Argentina se caracteriza por ser un país fundamentalmente centralista, con un “pseudo federalismo” atado siempre, no sólo al uso y abuso de nuestros recursos, sino también a una absurda visión que pareciera suponer que quienes estamos en la Argentina profunda debemos pleitesía al Obelisco y sus alrededores.
Todo pareciera estar bien, hasta que decidimos pensar distinto o reclamar lo que es nuestro.
Mientras tanto (e históricamente) nos someten al desmantelamiento de nuestras economías locales, no nos transfieren los recursos económicos que generamos y actúan desinteresadamente respecto de nuestros intereses, pretendiendo que vayamos de rodillas a pedir lo que en verdad nos pertenece.
Sin embargo, y a pesar de las piedras en el camino, la bandera de la Argentina federal sigue flameando gracias a los maestros y maestras que desde cada colonia siguen defendiendo en cada aula de cualquier rincón de nuestra tierra colorada.
Sigue flameando, a pesar del olvido a los pequeños productores, en cada chacra devastada por la crisis yerbatera y de cada uno de nuestros productores.
“Es una simple cuestión de mercado y de sobreoferta”, ”Deberán dedicarse a otra cosa”, se escucha decir por ahí.
¿Y mientras tanto? Qué hacemos con las rutas nacionales destrozadas, el sistema previsional devastado, la educación superior en crisis absoluta y con un poder adquisitivo al borde de la crisis total.
Lo que para el centralismo porteño aparece como “rebeldía” o una simple cuestión de “mercado” para Misiones es ejercicio de sus derechos.
Lógicamente, cada actor debe velar por sus intereses, pero pareciera que esto no es del agrado de todos, menos aún cuando un jugador que parece tan pequeño y lejano como Misiones decide ponerse firme en su postura de hacer simplemente lo que más le conviene a los misioneros.
Los misioneros tenemos nuestra propia agenda, y enojados (ellos) exigen que coincida con la suya. Intentan adivinar cómo es nuestra cotidianeidad, pretendiendo que siempre tengamos un accionar conforme a sus creencias y sin tener en cuenta nuestras costumbres, nuestra sociedad y a quiénes elegimos para representarnos y gobernar.
En la misma medida que nos cuesta, nos enorgullece ser misioneros y argentinos. Un pueblo que ha sido muchas veces denostado por la gran urbe, pero que con nuestras costumbres, nuestra tonada, nuestra tierra colorada y nuestro territorio rodeado en un 90% por frontera internacional, siempre ha levantado y enaltecido la bandera de la Argentina, la argentina federal la argentina profunda tantas veces olvidada.
Por Carolina López Forastier
Abogada especialista en Derechos Humanos e IA