Es el bolsillo, estúpido
Esta semana, sobre la calle Bolívar, bajó otra persiana. Como a cada inicio de mes, desde enero, varios negocios dejaron sus locales vacíos. Esta vez uno de esos cierres no fue uno más. Le Utthe, tienda de ropa con más de 20 años de presencia en Posadas, dejó a seis trabajadores en la calle. Veinte años no son poca cosa. Son dos décadas de alquileres pagados, de proveedores abastecidos, de salarios depositados, de familias sostenidas. Son, también, dos décadas de adaptación, de cambios de local, de apuestas renovadas por una ciudad y por un país que hoy los expulsa del sistema con un consumo desplomado y costos por las nubes.
Mientras tanto, en Buenos Aires, los funcionarios deben estar preparando una diapositiva para celebrar el superávit fiscal y decirnos que “la economía está volando”. Sí, volando en jet privado como los que usa Manuel Adorni.
Apenas trascendió el cierre, las redes sociales misioneras se convirtieron en el escenario previsible de una disputa que en el fondo trasciende largamente a Le Utthe.
De un lado los trolls libertarios, con la velocidad de respuesta que suele ser inversamente proporcional a la profundidad del análisis, instalaron su explicación de cabecera. La culpa es de los impuestos, la presión fiscal y, en particular, del sistema de percepción anticipada de Ingresos Brutos, que genera saldos a favor irrecuperables para las empresas. El fisco misionero como villano. La Provincia como verdugo. La Nación, claro, brillando por su ausencia en el análisis.
Del otro lado los que saltan en defensa del esquema de recaudación voraz, e injusto por su forma intempestiva, de la Provincia. Es cierto que en la ex Rentas, hoy ATM, siempre fueron más rápidos para cobrar que para devolver el excedente, que nunca llega o cuando llega, lo hace muy licuado por los índices de inflación. Pero instalar que el centro empieza a mostrarse desolado por la presión fiscal y no por el deterioro de los bolsillos es querer tomarnos a todos por estúpidos.
Porque la voracidad de ATM es la misma hace dos décadas, por eso ese argumento tiene un problema estructural y es tan evidente que sorprende que haya que señalarlo. Le Utthe operó en Posadas durante más de 20 años bajo el mismo régimen impositivo provincial. Estuvo en Córdoba y Ayacucho. Estuvo en San Lorenzo y cerró sobre Bolívar. Creció. Se mudó. Se consolidó. Todo eso ocurrió mientras el sistema de Rentas existía, mientras el sistema de percepción anticipada de IIBB existía, mientras ese peso fiscal que denuncian insoportable existía.
Esto no exime al gobierno provincial de tener que revisar, con honestidad y sin soberbia, si su estructura tributaria contribuye o no a encarecer los costos operativos de los comercios. Esa es una conversación legítima que merece darse en serio y de la forma más urgente posible, pero no como coartada política.
Si la causa del cierre fuera la presión fiscal misionera, el fenómeno debería ser exclusivo de Misiones. Pero la peatonal Junín de Corrientes, históricamente uno de los paseos comerciales más activos de esa ciudad, empieza a mostrar la misma postal. Locales cerrados y carteles de "se alquila" donde antes había movimiento. Un referente comercial correntino describió la situación como el resultado de un "ajuste de tornillos" que los negocios no lograron resistir. Caída estrepitosa en las ventas, incremento de alquileres y tarifas de servicios públicos que crearon un cuello de botella letal para el pequeño y mediano comerciante.
Corrientes no tiene el sistema tributario de Misiones. Tiene el suyo propio, un sistema al que muchos libertarios ponen como ejemplo a seguir. Lo que si tiene igual que Misiones son clientes sin plata.
Le Utthe sobrevivió a la pesificación, a varios ciclos inflacionarios, a gobiernos kirchneristas con sus propias cargas impositivas, a la pandemia, a la presión impositiva y a la voracidad de Rentas o ATM. Veinte años de tormentas diversas, con el mismo fisco misionero encima. Cerró ahora, en el año tres del experimento libertario, cuando el poder adquisitivo de sus clientes lleva meses en caída libre y cuando los alquileres, desregulados por decreto nacional, se dispararon sin techo.
El centro de Posadas, como el de tantas ciudades del interior, está siendo vaciado en cámara lenta. No por una transformación tecnológica inevitable ni por la irrupción del comercio electrónico que lleva a la gente a comprar por internet, sino por la destrucción sistemática del poder de compra de los asalariados y de los empresarios, y por el encarecimiento de los costos fijos en un contexto donde los ingresos no acompañan.
La persiana de Le Utthe bajó esta semana. Y lamentablemente sólo nos queda esperar para ver cual será la persiana que se bajará en la primera semana de mayo. Porque en la Casa Rosada siguen sin querer ver que el problema es el bolsillo.