2026-04-05

La vida depués del egreso de un hogar convivencial

“Cuando salís, aprendés a administrarte y a sanar”

Ester Cabaña egresó con casi 19 años junto a su hermana tras pasar siete años en Tupá Rendá. Hoy trabaja, estudia y acompaña a otras jóvenes en el mismo proceso

Ester Cabaña tenía 12 años cuando ingresó al hogar convivencial Tupá Rendá. Salió a los 18, casi 19, junto a una de sus hermanas, después de siete años de convivencia, de haber terminado la secundaria y comenzado su vida universitaria. El egreso no fue un corte abrupto, sino un proceso sostenido entre acompañamiento, estudio y preparación para la vida afuera.

Oriunda de Garupá, es una de cinco hermanas: una de ellas quedó al cuidado de su abuela y cuatro ingresaron al hogar. Ester y su hermana mayor egresaron en 2022, mientras que otra de las menores lo hará en los próximos meses.

“Primero terminamos el secundario y después vimos qué hacer”, recordó. Esa fue la prioridad dentro del hogar: sostener la escolaridad antes de proyectar el futuro.

Al finalizar esa etapa, comenzó a estudiar en el Instituto Montoya la Tecnicatura Superior en Actividades Físicas con orientación en Musculación y Entrenamiento Personalizado. Durante el primer año de cursado, continuó viviendo en el hogar junto a su hermana.

El paso a la vida independiente llegó después. Primero compartió vivienda con ella; hoy, próxima a cumplir 23 años, vive con su pareja. “El hogar nos ayudó mucho. Salimos con algunas cosas y también con la mudanza”.

Sostenerse y no volver atrás

Una vez egresada, empezó a trabajar para sostenerse en gimnasios y con servicios personalizados de entrenamiento. Este año dio un nuevo paso: rindió e ingresó al Profesorado de Educación Física en la misma institución donde se formó.

El ingreso del Programa de Acompañamiento al Egreso (PAE) fue clave en esa primera etapa fuera del hogar. “Es una beca que cobrás cuando salís. Si querés seguir, tenés que estudiar”. Sin embargo, advirtió que no alcanza por sí sola. “Al principio sentís que es mucho, pero después te das cuenta de que no rinde si no te organizás”.

La administración de recursos apareció como uno de los principales desafíos. “Yo me iba a la facultad y compraba galletitas todos los días. Después entendés que tenés que llevar algo o manejar mejor la plata”.

Continúa visitando y colaborando con el hogar Tupá Rendá. Foto: Julián Grondona

El acompañamiento posterior no es uniforme. Aunque existe la figura de un referente, su continuidad depende de cada caso. En el suyo, ese vínculo se fue diluyendo, pero encontró sostén en redes cercanas. “Mi mejor amiga, que también egresó del hogar, nos ayudó mucho a entender cómo manejarnos afuera”.

Las trayectorias, incluso entre quienes comparten una misma historia, son distintas. Ester decidió no volver con su familia de origen. “No lo recomiendo. Siento que te atrasa”, afirmó.

Hoy, además de trabajar y estudiar, continúa vinculada al hogar: junto a su amiga egresada sigue visitando y colaborando con las chicas que aún viven allí. También se prepara para acompañar el egreso de una de sus hermanas en los próximos meses.

Tanto para sus hermanas como para quienes están por atravesar el momento del egreso, les dejó un mensaje concreto: “Primero el estudio y después ver qué sigue”. Y sumó otro eje: la salud emocional. “Todos los que estuvimos en un hogar cargamos algo. Está bueno tener un acompañamiento psicológico”.

Para Ester, el egreso no fue sólo resolver lo inmediato. También implicó revisar su propia historia. “Muchos dicen que van a hacer algo distinto a su familia y terminan repitiendo lo mismo”.

Su propio proceso de sanación con su pasado sigue en curso. “Si tengo que poner un número, estoy en un 60 por ciento. Cuando salís, aprendés a administrarte y a sanar”, finalizó.

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