Vinculaciones fallidas y demoras

Hogares advierten que cada vez hay menos adopciones

Las familias priorizan bebés, lo que deja en espera de adopción a niños mayores y grupos de hermanos
domingo 05 de abril de 2026 | 6:05hs.
Carol Giménez y Belén Posdeley, referentes del Hogar Betesda.  Foto: Agustina Vera
Carol Giménez y Belén Posdeley, referentes del Hogar Betesda. Foto: Agustina Vera

En Posadas, el Hogar de Niñas Betesda funciona desde 2011 como un espacio de contención para niñas en situación de vulnerabilidad. Actualmente se encuentra sin vacantes y recibe pedidos de ingreso de manera constante, en un contexto de alta demanda. Dentro de esa realidad, quienes sostienen el espacio advierten sobre una problemática que atraviesa a los hogares: cada vez hay menos familias dispuestas a iniciar un proceso para recibir a un niño o adolescente.

En ese marco, Carol Giménez y Belén Posdeley, encargadas del hogar, señalaron que la situación no responde a la falta de niños en condiciones de integrarse a una familia, sino a las dificultades que presentan los procesos, los tiempos prolongados y la distancia entre las expectativas de quienes desean adoptar y las historias de quienes esperan.

La demanda dentro del sistema supera ampliamente la capacidad de respuesta de los hogares. Los pedidos de ingreso son constantes y reflejan una problemática creciente vinculada a situaciones de vulnerabilidad. “Lo que pasa es que la gente pide un perfil de edad, piden bebés. Y el tema acá es que ese bebé viene con dos hermanos más, entonces que se animen a subir el rango de edad, porque no es sólo un bebé, también pueden abrazar a niños de más edad que tienen todas las ganas de ser hijos”, sostuvo Posdeley.

Por otra parte, señaló que muchas familias toman decisiones sin contar con información suficiente. El acceso a espacios de formación permite comprender mejor las características del proceso. “Les digo que se animen, que busquen capacitarse. Hoy hay muchas herramientas para poder dar ese paso, que no se queden con los mitos de que adoptar un adolescente es difícil o que un grupo de hermanos no se puede”.

Además, indicó que existen iniciativas en curso para mejorar las condiciones del sistema. El objetivo es fortalecer el acompañamiento y reducir las experiencias negativas durante el proceso. “Estamos luchando por un proyecto que pueda acompañar mejor a las familias que quieren adoptar, para evitar vinculaciones fallidas. Que haya capacitaciones y un acompañamiento real, porque eso también ayuda a que la gente pierda el miedo”.

En paralelo, remarcó que la permanencia en hogares se extiende en el tiempo en muchos casos. La falta de respuestas oportunas impacta directamente en las trayectorias de los niños.

“Tenemos nenas que vinieron con 4 o 5 años y hoy tienen 8 y 9, y se les van agotando las chances. No porque ellas no quieran, sino porque no hay gente que se anime y también porque la justicia es muy lenta”. Esta situación se replica en distintos espacios. La ausencia de avances en los procesos es una preocupación compartida.

“Nos reunimos con otros hogares y no está habiendo adopciones. La última adopción que tuvimos fue hace dos años y hay muchas nenas que han pasado por vinculaciones fallidas. Animo a la gente a que se anote en programas como el Programa de Acompañamiento al Egreso (PAE), porque ayudan a un niño o a un adolescente a poder tener una autonomía afuera. Hay muy pocas personas que se suman y la demanda es cada vez mayor”.

En otro eje, remarcaron que el proceso de adopción implica una construcción sostenida en el tiempo. La formación del vínculo no se da de manera inmediata y requiere atravesar distintas etapas. “No es una fantasía de película, no es llegar y ya está. Es como un matrimonio, al principio puede haber enamoramiento, pero después es un amor que se construye todos los días por decisión, no por un sentimiento”, agregó Giménez.

En esa línea, explicó que los primeros meses son determinantes para la continuidad del proceso. Durante ese período se presentan situaciones que ponen a prueba a las familias. “La guarda con fines de adopción son seis meses. Es la etapa más difícil, cuando el niño por ahí rechaza porque viene de mucho rechazo, pero si los padres atraviesan ese tiempo con acompañamiento y herramientas, después se puede sostener”.

Las experiencias previas de los niños influyen en la construcción del vínculo. Las conductas que aparecen están atravesadas por historias de vida complejas. “Ellos vienen con una mochila muy pesada, de mucho dolor y rechazo. Entonces prueban tu amor, porque quieren saber si realmente los vas a amar, y ahí es cuando uno tiene que quedarse, a pesar de todo”.

Por último, planteó una mirada sobre el sentido de la adopción: el foco debe estar puesto en el derecho de los niños a vivir en familia. “Los chicos no están para cumplir el deseo de alguien de ser padres, sino para que alguien les dé un hogar. Y ese vínculo se construye todos los días, con decisión y con compromiso”.

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