Marcha de los Días
Más circo que pan
La expresión “pan y circo” proviene de la frase latina panem et circenses, acuñada por el poeta romano Juvenal en una de sus Sátiras, escritas a finales del siglo I y comienzos del siglo II d.C. Allí Juvenal plantea que el pueblo abandona su compromiso con la política a cambio de pan (trigo subsidiado en aquel entonces) y circo (espectáculo). La idea central es que un gobernante puede mantener al pueblo alineado dándoles comida y show.
Si venimos un poco más acá, pero no tanto, podemos encontrar a otro ilustre personaje de la historia política que hace uso de esta idea, alguien a quien intentaron matar discursivamente hace un par de semanas, pero que tras lo visto en los últimos días podemos decir que goza de muy buena salud. Se trata de Niccolo Machiavelli, Maquiavelo para los amigos.
Él entendía que la estabilidad del poder dependía tanto de la percepción popular como del control institucional. Por eso recomendaba a los gobernantes gestionar el ánimo del pueblo mediante beneficios materiales y gestos simbólicos o celebraciones públicas. Pan y circo, un dúo con buenos resultados en tiempos de bonanza, pero que en tiempos de crisis profundas como estos puede no resultar tan bien.
El presidente Javier Milei ha demostrado, desde sus tiempos de panelista televisivo, que tiene dotes especiales para darle al pueblo el circo que éste necesita. Así llegó desde un set de televisión a la Cámara de Diputados de la Nación, y desde ahí a la Casa Rosada. El problema que eso alcanza para llegar, a la hora de gobernar, “el pan” juega un rol crucial.
El domingo pasado el presidente montó un show ante la Asamblea Nacional, en lo que debía ser el discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Allí se espera que el mandatario nacional les cuente a los legisladores, y al país, lo que hizo en el año previo y lo que espera hacer en el año en curso, además de solicitarles a los congresistas las herramientas esenciales para ello.
Nada de eso hizo. La hora y media de discurso estuvo plagada de insultos, acusaciones y gritos contra la oposición, que también hizo lo suyo ayudando al espectáculo diseñado por la Casa Rosada. Un espectáculo que tenía como objetivo desviar la atención del hecho central, que no había nada para prometer ni para proponer en pos de mejorar la situación del más duro de los problemas que atraviesa la Argentina hoy, la crisis de su microeconomía.
Empujones y cambios
En ese show también quedaron en evidencia las internas del gobierno nacional, que en la semana se profundizaron con nuevos cambios en el gabinete. Apenas ingresado el presidente al Congreso, junto a su hermana Karina Milei, se vio el primer encontronazo, literal. La vicepresidenta Victoria Villarruel le dio un sutil empujón con el hombro, propio de un buen central defensivo del fútbol argentino, a la hermana del presidente en momentos en que la cámara las tenía a las dos en el primer plano del presidente.
Ya dentro del recinto, las cámaras de la transmisión oficial este año no enfocaron en ningún momento a Las Fuerzas del Cielo, de Santiago Caputo, que además vieron diezmada su representación en los palcos. Recluidos en apenas un puñado de referentes, quedaron fuera de la vista de los televidentes. Pero no fue de lo único que quedaron fuera los hombres de Caputo esta semana. Porque hubo cambios en el Ministerio de Justicia, de donde se fue el ministro Mariano Cúneo Libarona para que asuma el juez Juan Mahíques. Pero el desplazamiento de los referentes de Caputo se dio en segundas y terceras líneas de la cartera, que ahora está plenamente bajo el mando de Karina Milei y los primos Menem.
Tapar la realidad con la carpa del circo
Lo que buscó el presidente con este show fue desviar la atención. Desviar la atención hacia el show, porque entre las líneas de su discurso no había promesas de una mejora para el bolsillo de los argentinos. La microeconomía hoy está inmersa en una crisis que es cada vez más profunda y que se agudiza día a día con el cierre de más empresas y una inflación que mantiene un ritmo ascendente, con un mundo que no ayuda mucho tampoco.
Como muestra de la situación crítica podemos repasar el ranking del industricidio internacional. Esta semana se conoció que Argentina tuvo el segundo peor desempeño industrial del mundo en los últimos dos años, sólo superada por Hungría, según un reciente informe de Audemus en base a datos de Naciones Unidas. El desplome del 7,9% vino acompañado de un veloz cierre de empresas y despidos masivos. El ranking internacional consolida índices para más de 80 países y, a diferencia de lo que ocurrió en otras regiones, la consultora asegura que “no es una complicación importada: es una crisis fabricada en casa”.
Para tratar de tapar este sol con las manos, el sumiso y obsecuente gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, esta semana hizo un posteo en redes en el que “celebró” que en su provincia se perdieron puestos de trabajo. Celebró que haya sido una de las provincias que menos puestos de trabajo perdió en estos dos años de gobierno.
Problemas del Cercano Oriente
Esto mientras la inflación sigue acelerando su ritmo, por la dinámica interna y por la tensión económica que empieza a generar la guerra que desató Donald Trump en Medio Oriente. Tensión que irá en aumento y que puede provocar un sacudón importante en la inflación internacional por el aumento del petróleo, que esta semana pasó de los 73 dólares por barril a cerrar cerca de los 93 dólares, con perspectivas de seguir subiendo. Esto será un golpe duro para las intenciones del presidente de cumplir con su promesa de llevar la inflación a empezar con cero en agosto. Igualmente la situación tiene un lado positivo, el petróleo y el gas argentino se revalorizan y pueden tener nuevas oportunidades en el mercado.
La situación de Medio Oriente no sólo trae problemas a los combustibles, también los trae al agro. Por un lado, porque de la misma zona provienen productos de fertilización como el nitrógeno o la urea, que son indispensables para mejorar los rendimientos de las plantaciones argentinas, desde los granos hasta la yerba. Por otro lado, para las exportaciones, el té y la yerba mate misionera que tienen como destino principal medio oriente empiezan a verse impedidos de enviar mercadería.
Pero la crisis económica no es lo único que quisieron tapar con la carpa del circo libertario. También el papelón internacional que significó que por intervención de la AFA, y con poco conocimiento de la Cancillería, se haya logrado repatriar al gendarme Nahuel Gallo después de 448 días de estar secuestrado por el régimen venezolano. Dos horas antes de que Milei se presentara ante el Congreso, el país se enteró, a través de las redes sociales de la AFA, que Nahuel Gallo había sido liberado y que era traído a la Argentina por dos dirigentes del fútbol.
Para conseguir la liberación de Gallo, el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, intermedió a través del presidente de la Asociación Venezolana de Fútbol para hacer algo que desde Venezuela dicen que el gobierno argentino nunca hizo de forma directa, pedir que se libere al gendarme. Desde la Casa Rosada reconocen, entre líneas, que nunca intentaron una intermediación directa y que dejaron en manos de otros gobiernos, como el de Estados Unidos y el de Italia, las conversaciones.
Dejar en manos de otros gobiernos la suerte de compatriotas secuestrados, por el capricho político de negarse a hablar con un gobierno al que consideran una dictadura, es como mínimo irresponsable.
En Venezuela queda un argentino secuestrado, Germán Giuliani. Todos esperamos que el gobierno que encabeza Javier Milei deje de lado la infantil postura de negarse a hablar con las autoridades venezolanas, que tienen el aval de Donald Trump para estar donde están, y solicite la liberación del compatriota.
La carpa de la oposición
La oposición, por estas horas, es un circo desordenado que todavía no sabe muy bien por dónde entrarle a su oponente. En buena parte porque los espacios que deberían componer están diseminados en decenas de partes a las que por distintos motivos les cuesta -¿o les costaba?- reunirse. En los últimos días hubo un cambio que puede ser el inicio de una reorganización. Miguel Pichetto se acercó hasta el departamento de San José 1111, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde Cristina Fernández pasa sus días de arresto domiciliario. El reencuentro de ambos puede ser la señal de que el peronismo empieza a reorganizarse de cara al próximo año. Para que un espacio común de la oposición florezca aún falta que termine el verano y pasen el otoño y el invierno, pero este encuentro ya fue un paso adelante.
Pero antes de pensar en cómo se organizaría en cuanto a nombres una oposición a Milei, lo que se debe pensar es cómo articularla desde lo conceptual para atraer a la sociedad. Esta semana el ex senador por Chaco Eduardo Aguilar, peronista, publicó una nota de opinión en la revista Panamá con algunas premisas interesantes sobre cómo encarar ese desafío.
Aguilar plantea que la renovación del peronismo solo será real si logra reconstruir una coalición social del trabajo y formular un proyecto nacional de desarrollo, capaz de combinar estabilidad económica, crecimiento productivo y liderazgo político. O sea, un esquema que mire tanto a la micro como a la macro. Una mirada integral.
En ese sentido sostiene que la verdadera renovación del peronismo no pasa por cambiar nombres propios, sino por reconstruir un proyecto de desarrollo nacional capaz de ordenar la economía y ampliar el trabajo productivo. Esto porque considera que el problema central de la Argentina no es sólo la disputa política sino la ausencia de un modelo sostenido de crecimiento, inversión y productividad.
Por ello cree que para volver a ser una fuerza mayoritaria, el peronismo debe reconstruir una coalición social del trabajo que incluya al mundo laboral fragmentado del siglo XXI. Para él, el desarrollo exige abandonar miradas simplistas sobre el capital y construir alianzas inteligentes entre Estado, trabajadores y empresarios dispuestos a producir e invertir.
En definitiva, la renovación peronista no será un cambio estético, será la capacidad -o no- de volver a ofrecer orden político, desarrollo económico y un horizonte de progreso colectivo.
Adiós al circo, empezaron las clases
En Misiones, mientras tanto, no hay tiempo para circos. En la tierra colorada esta semana empezaron las clases cumpliendo con el calendario previsto para este año. Lo hicieron en un contexto de crisis económica nacional que golpea duro a los comercios de la zona fronteriza, mucho más que a los del centro del país. Algo que ningún gobierno nacional ha logrado entender con claridad.
El inicio de clases estuvo precedido por una semana de compra de útiles, herramientas y uniformes. Tanto desde el sector comercial como desde el consumidor se reconoce el valor de los programas Ahora para sostener las ventas en la tierra colorada. Ambas partes tienen claro a esta altura que sin la intervención del Estado provincial en la economía, subsidiando la tasa de interés para asegurar cuotas y reintegros, la caída del consumo en estas tierras sería aún mayor.
Tras participar del acto de inicio de clases el lunes en San Javier, el gobernador Hugo Passalacqua tuvo que hacer un viaje relámpago a Buenos Aires para traer dos buenas noticias desde la ciudad que, según sus propios dichos en el discurso del 1 de mayo del año pasado, suele traer amarguras. Se trata de la firma de dos convenios. Uno para lograr un crédito de 75 millones de dólares para obras energéticas y el otro para que la Nación comience a saldar, mensualmente, la deuda que tiene desde la Anses con el IPS, por los traspasos de cajas previsionales. Un poco de oxígeno para las arcas provinciales, que se ven queda vez más flacas por la caída de la recaudación provocada por el desplome del consumo en todo el país.