Qué es procrastinación
Es probable que asociemos el término procrastinación a acciones que no lo son, y que pasemos por alto muchas que sí lo son, por eso es importante entender qué es para luego poder entender por qué y para qué procrastinamos. Porque aún sin saberlo, nosotros procrastinamos bastante seguido en la vida.
En primer lugar, debemos saber que procrastinar parece una connotación negativa y que podemos encontrar en la neuropsicología explicaciones científicas de por qué actuamos de cierta manera u otra. Procrastinar es postergar una tarea; o sea que la procrastinación es una conducta generada por nuestro cerebro sin que siempre sea consciente.
Si buscamos la definición en el diccionario, procrastinar es postergar una tarea u actividad de manera deliberada, es decir, de manera consciente y con intención de hacerlo. Pero si ampliamos dicha definición y empezamos a buscar matices, encontramos que la procrastinación es evitar, y evitar es hacer todo lo posible para que algo no ocurra.
Un ejemplo de una situación que puede darse a menudo es una reunión que no queremos que ocurra, y hacemos todo lo posible para que esa reunión nunca se dé: eso es evitar. Y eso es parte de procrastinar.
Lo importante para entender por qué procrastinamos es empezar a indagar en qué nos pasa, qué sentimos cuando evitamos estas tareas. Y allí nos vamos a encontrar con que procrastinar también es postergar; y cuando hablamos de postergar, hablamos de una pausa larga en el tiempo, es suspender una actividad sin saber cuándo se la retomará. Posponer también es procrastinar, pero en este caso la pausa es corta (por ejemplo, posponer una alarma para la mañana).
En todas estas situaciones, la acción se toma de manera deliberadamente consciente. Llevamos a cabo acciones siendo conscientes de que va totalmente en contra de lo que deberíamos estar haciendo, sabiendo que nos van a perjudicar, pero no nos importa.
En síntesis: 1. Es Evitar: Hacer lo posible para que no ocurra; 2. Evadir: Eludir con astucia; 3. Postergar: Retrasar por un período largo de tiempo; y 4. Posponer: Retrasar por un período breve de tiempo
La línea entre lo que es y lo que no es procrastinar es muy fina. Hay que aprender a distinguir, entonces, si se trata de una postergación justificada o si nos estamos engañando a nosotros mismos.
En muchas ocasiones, postergar una tarea ocurre a causa de un imprevisto. Eso tampoco es procrastinación, porque se trata de algo más urgente que es necesario hacerlo antes.
Otra situación que suele confundirse pero que no es procrastinar, es cuando la acción nos genera satisfacción interna. Y esta satisfacción interna viene de sensaciones agradables, como la calma, el bienestar. Hay ocasiones donde postergamos o rechazamos ciertas tareas de manera consciente, pero con una decisión de fondo que implica priorizarnos a nosotros mismos, a nuestra salud mental, nuestro tiempo y demás.
Ahora:, ¿para qué procrastinamos? Definimos que procrastinar es gestionar de manera inadecuada emociones y sentimientos, decisiones y acciones, y -obviamente- recibir consecuencias indeseadas. Partiendo de esta base, podemos empezar a revisar las causas y entender “para qué” procrastinamos. Siempre vamos a encontrar una razón detrás de aquello que estemos procrastinando.
Por lo general vamos a procrastinar para hacer otra tarea que es mucho más agradable, una actividad que nos gusta más o que no requiere tanto esfuerzo de nuestra parte, o aquello que nos aburre o nos fastidia. La cuestión aquí es que sabemos que llevar a cabo dicha acción va a perjudicarnos, sin embargo, decidimos deliberadamente hacer cualquier otra tarea que nos resulte más agradable.
La procrastinación tiene explicaciones que parten de la neuropsicología y que llevan a entender que estas nuevas acciones que llevamos a cabo, en realidad, tienen una justificación detrás. Y esta justificación no significa que nosotros avalemos dichas acciones, sino que nos permiten entender de dónde provienen para posteriormente actuar de manera diferente, en pos de nuestro bienestar.
Si nos adentramos un poco más en el funcionamiento de nuestro cerebro, vamos a descubrir que funcionamos y actuamos de manera automática, y que nuestra parte psicológica racional fue la última en haberse desarrollado evolutivamente. Procrastinamos porque nuestro cerebro tiene un mecanismo básico que es acercarse al placer y alejarse del dolor.
En este sentido, vamos a encontrar más explicaciones, más herramientas, más estrategias y más fundamentos de por qué estamos actuando de cierta manera, y a partir de allí, poder encontrar mejores soluciones para gestionarnos mejor a nosotros mismos.
Procrastinamos porque nuestro cerebro tiene un mecanismo básico -inconsciente- que es acercarse al placer y alejarse del dolor.
Cualquier fuente que para nuestro cerebro implique dolor, ya sea físico o se sea doloroso para el cerebro, también es todo lo que tenga que ver con un exceso de energía, con un esfuerzo, con algo que nos va a llevar mucho tiempo o algo que es aburrido, que nos enoja, algo que no queríamos hacer y lo tenemos que hacer igual. Todo eso a nosotros nos va a provocar un dolor, y nuestro cerebro, por una cuestión de supervivencia, nos va a alejar de esa fuente y nos va a acercar a una fuente de placer.
Cualquiera sea esta fuente de placer, que puede ser desde comida hasta otra tarea, puede ser simplemente no hacer lo que teníamos que hacer, lo que para nosotros es algo satisfactorio. Entonces este mecanismo básico de supervivencia hace que nosotros tomemos decisiones inconscientes. Se trata de una cuestión evolutiva de la especie humana.
Si volvemos atrás en el tiempo, y observamos lo que fue la evolución de la especie humana, podemos ver que alejarnos del dolor significaba alejarnos de cualquier fuente que pudiera ser una amenaza de supervivencia.
Nuestra capacidad de razonar tiene unos cientos de millones de años, por eso para el cerebro humano es mucho más fácil, automático y rápido, alejarse del dolor y acercarnos al placer, antes que usar la racionalidad. No se trata de una justificación a la acción de procrastinar, sino más bien entender de dónde viene y qué hay detrás de esta gestión inadecuada -y novedosa- de nosotros mismos.
Otra razón por la cual procrastinamos es por miedo. El miedo es una emoción básica universal, es espontánea y súbita. No podemos controlar esta emoción. El miedo se dispara o no se dispara. Otra razón por la cual procrastinamos se debe al exceso de optimismo. Un ejemplo de esto es cuando queremos tener mucho tiempo libre y dejamos para hacer una tarea a último momento, creyendo que nos va a llevar apenas unos minutos, entonces procrastinamos. Ese exceso de optimismo nos hace creer algo erróneo, y si al final no logramos concretar la tarea, es muy probable que nos genere sentimientos negativos.
Otra de estas consecuencias no deseadas es la frustración. (Lo podríamos haber hecho mejor, o aparece una sensación de insatisfacción con uno mismo).
También aparece la ansiedad, porque empezamos a tener un cúmulo de pendientes que nunca merma, aunque no necesariamente estemos “a las corridas”, aunque esta ansiedad, en cierto punto, es funcional. El hecho de que sea funcional indica que es una ansiedad que nos permite estar haciendo cosas, estar avanzando.
Por lo tanto, la procrastinación es la consecuencia de una inadecuada gestión de nosotros mismos, de nuestros comportamientos y nuestras emociones.
Como conclusión, debemos aprender a gestionar mejor estos comportamientos y emociones, y la procrastinación va a empezar a desaparecer, porque el problema no es la procrastinación, sino la consecuencia de esta mala gestión del tiempo y las prioridades.