El mundo está loco...Loco…loco (xxxv)
Por Roberto Carlos Abínzano Profesor Emérito Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Universidad Nacional de Misiones
ómo comenzar este artículo, luego de los acontecimientos que todos conocemos y de los que todavía no dejamos de sorprendernos, sin referirnos a ellos alterando un poco el itinerario que venimos recorriendo? La historia es más vertiginosa que la historiografía, es decir, de las reflexiones posteriores y su relato. De algún modo, el artículo anterior poseía ciertas premoniciones y no deberíamos estar tan sorprendidos, pero, la realidad, dicen, es la única verdad. Lo difícil, a veces, es llegar a ver esa realidad. La hiperinformación esconde una nube de falsedades que intentan eludir los hechos y los “datos duros”. ¿Y si esa misma realidad que aspiramos a alcanzar, se está desvaneciendo en un océano de palabras cada vez menos confiables?, ¿Se habla de la posverdad? En estos días, posteriores al ataque de EE.UU. a Venezuela se levantó una polvareda de especulaciones de todo tipo. La batalla ideológica en su más alto pináculo. Y, como siempre, se deja de llamar a las cosas por su nombre. El imperialismo se llama así. Y no es por que Trump sea una especie de demonio. Detrás de él está el verdadero poder económico del mundo. La lucha despiadada por los recursos finitos. La actual etapa del capitalismo ocurre como una crisis terminal de sus estructuras y procesos formativos del pasado. Y, nos guste o no, todos los países son capitalistas con diferentes particularidades. Llamar comunista a todo aquel que no piensa como los libertarios, incluyendo a los auténticos liberales, es embarrar la cancha para conducirnos a perversas formas de autoritarismo de un nuevo fascismo. Después de más de cuarenta invasiones a América Latina por parte de EE.UU., seguimos ignorando en nuestra historia oficial esta realidad. Me refiero a la educación formal. La estrategia de EE.UU. es, en este momento, volver a la doctrina Monroe, que, inicialmente, se formuló para impedir que las potencias europeas intentaran recuperar sus colonias. Luego, ya vimos, como se direccionó hacia el dominio de la América Hispana y Lusitana. Y ahora se combinan ambas políticas imperiales. Por un lado, intenta impedir toda presencia rusa y china y, por otro, dominar directamente a los países latinoamericanos en función de sus recursos naturales y la necesidad de militarizar algunas zonas con bases y aliados locales. Por eso aspira a poseer la Groenlandia danesa; incorporar a Canadá a la Unión; volver a intentar dirigir la economía mexicana; quedarse con la mayor reserva de petróleo del mundo; lograr una unidad hemisférica bajo su autoridad y apoyar la base de la Otan en Malvinas. El poderío militar de EE.UU., es tan superior al de todas las naciones de América Latina juntas, que es imposible pensar en absurdas inmolaciones. La única posibilidad de intentar una resistencia orgánica y sistemática fueron los intentos de integración desde el congreso de Panamá en adelante: Alalc, Aladi, Mercosur, Unasur, Celac, etc. Todos en este momento guardando un ruidoso silencio. Hubo un tiempo con mayoría de gobiernos progresistas, en el que la integración creció a pesar de innumerables dificultades. Pero esa muralla parece afrontar una crisis terminal. A lo largo del siglo XIX y del XX, las manifestaciones explícitas de dominación provenientes de EE.UU. han sido muchas y en distintas épocas y gobiernos. Pero, también en América Latina, las condenas al imperio fueron abundantes y muy lúcidas y poco conocidas por nuestro público en general. Solo bastaría recordar los nombres de Manuel Belgrano, Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Manuel Ugarte, José Ingenieros, José M. Mariátegui, Vasconcelos, José Martí, etc. La mayor parte de las obras revisionistas eran una denuncia contra el Imperio Británico. Mucho después se ocuparon de EE.UU. y sus políticas hacia América Latina. Algunas excepciones fueron las reflexiones iniciales de Bolívar o Simón Rodríguez. Voy a permitirme la siguiente hipótesis sobre la actualidad. Los objetivos de EEUU son varios: el estudio de la geopolítica debe ser más que nunca multidimensional, desde cuestiones militares, apropiación de recursos vitales, dominación económica y política, y contención de potencias rivales. Trump parece decidido a operar sobre todo el hemisferio, explícitamente, comenzando por el norte de Canadá (incorporándolo a la Unión) hasta Groenlandia (comprándola) para controlar la circulación de las naves de Rusia o China por el Ártico. Recuperar el control del canal de Panamá, neutralizando la presencia de China; apropiándose del petróleo de Venezuela con absoluto predominio en el Caribe; apoyando y rescatando a países con problemas económicos y atándolos a las deudas impagables; estableciendo bases en los países aliados, como en Malvinas con presencia de la Otan. El secretario del Tesoro afirmó que era más fácil ponerse de acuerdo por la economía que por la fuerza, sin descartar en absoluto esta última posibilidad. Para lograr estos objetivos, se está desprendiendo de numerosas organizaciones internacionales, más de sesenta, y haciendo oídos sordos a las Naciones Unidas. Muchas veces me pregunté, hasta donde la geopolítica puede ignorar las leyes internacionales. La experiencia histórica muestra que esta adecuación es casi imposible. No solo en las acciones de mayor dimensión y sus justificaciones, sino en los innumerables escenarios regionales, locales y muy específicos. Las acciones recientes de EE.UU. lo muestran claramente y la invasión de Rusia a Ucrania, también. Las razones invocadas son diferentes, pero, sin embargo, tienen numerosos puntos de contacto. Unos a favor de la Otan y otros en contra. China no quiere guerras ni violencia, su fortaleza está en la economía. No necesita ocupar otros estados, la batalla económica parece estar ganándola. De allí que todas las embajadas de América Latina recomienden a los gobiernos no negociar con China. El nuevo embajador en nuestro país, el Sr. Lamela lo dijo de manera transparente. “Iré a recorrer las provincias, porque en Argentina los recursos naturales son de ellas y es peligroso que hagan acuerdos con potencias indeseables” (cito de memoria). A partir de ahora, deberemos estar atentos a los próximos acontecimientos, que, seguramente, marcarán el rumbo de los futuros años del mundo en general. Mientras tanto acaba de firmarse un acuerdo entre la Unión Europa (una parte) y el Mercosur, algo que no quiso nunca EE.UU.. Veremos cuál es la fuerza que posee Meloni frente a la oposición férrea de Francia y su población movilizada. Bueno, me adelanto: ya fue rechazado el acuerdo por la legislatura de la Unión Europea.