2018-06-17
El caso Griss cumple dos décadas sin respuestas
Es que para los pesquisas, en todos sus grados y ámbitos de trabajo, no existe el denominado crimen perfecto, sino que lo que en realidad ocurre es que detrás del hecho hubo malas investigaciones que no pudieron llegar -por impericia o a veces hasta intencionalmente- al esclarecimiento del caso.
Un ejemplo de ello podría ser lo ocurrido con el empresario Oscar Alberto Griss, de cuyo crimen en diciembre se cumplen nada más y nada menos que 20 años sin respuestas.
El asesinato de Griss se registró la noche del 29 de diciembre de 1998 en Puerto Rico. El hombre estaba cenando en su vivienda mientras su concubina se tomaba un baño luego de una larga jornada laboral, hasta que se cortó la luz en el lugar y él salió a ver qué sucedía. En esa instancia, recibió dos disparos que acabaron con su vida y abrieron un camino de dolor en sus familiares que año a año reclamaron justicia. Pero eso, nunca llegó.
“De lo de papi ya van ser 20 años. A él lo asesinaron, le metieron dos tiros en la casa en que él vivía. Fue a la noche, un martes, más o menos entre las 21 o 21.30 y el juzgado estaba de feria judicial, así que la causa estuvo como un mes en la Policía”, recuerda como si fuera ayer Karina Griss, hija de la víctima, el día más triste de su vida.
El tiempo sin avances concretos por el caso Griss comenzaron a contarse en meses, luego en años y ahora en décadas. En diciembre se cumplirán 20 años del caso y, en ese contexto, El Territorio dialogó con Karina, la hija más grande del empresario ultimado.
“Después de eso yo me iba todos los días a la Policía a averiguar. Ellos tenían más o menos todo encausado hacia una persona y era que como cuando terminaba la feria la causa entraba al juzgado y ahí se iba a saber quién fue o el juez iba a hacer su parte y averiguar más”, añadió Karina.
Sin embargo, nada de eso pasó. En ese momento, la investigación había quedado en manos del hoy destituido juez Éctor Acosta y la mujer recuerda -casi con frustración- cómo fueron sus encuentros con él.
“Cuando la causa ya entró al juzgado -casi dos meses después- a mí me tocó declarar porque yo trabajaba con mi papá y aparte yo era la única mayor entre mis hermanos. Ahí contesté las preguntas que me hizo el juez. También me preguntó de quién yo desconfiaba y yo en ese momento le di un nombre. Él me decía que no había pruebas suficientes sobre esa persona, que era la misma a quien la Policía apuntaba”, narró.
Y continuó: “Esa fue la única vez que declaré en el juzgado. Sé que tomaron casi 200 declaraciones. Después de eso me iba cada vez que podía a hablar con el juez, a preguntarle cómo iba la causa. Yo en esto nunca supe cómo manejarme, nunca lo había vivido y tenía apenas 20 años, no sabía cómo actuar ante algo así”.
En medio de toda esta situación, los días iban pasando y las posibilidades de esclarecer el crimen iban agotando su porcentaje, en contrapartida al dolor de Karina y su familia, el cual iba en constante aumento y desazón.
“Yo me iba con mi dolor creyendo en que una persona que está en un cargo así me iba a dar las respuestas que mi familia necesitaba. Y fue por mucho tiempo y lo único que siempre me decía -el juez- era que de mi papá la gente hablaba muy bien, que nunca nadie declaró que haya sido amenazado, que era buena gente y que tenía que estar contenta por eso y que tenía que tomarlo como un ejemplo, que tenía que aprender de lo poco que vivió y lo mucho que trabajó”, recordó Karina ante este matutino.
Pero, reconoció que “para mi era muy difícil en ese momento disfrutar de la vida o seguir viviendo no más. Me daba consejos y siempre me decía que no había nada, que seguían investigando. En un momento le pregunto si teníamos que poner un abogado y me dijo que ‘no hacía falta porque a él le controla la fiscal’, yo tampoco sabía todo ese movimiento. Y bueno, nunca pusimos nada”.
Hasta que un día Karina se dio cuenta que algo andaba, y muy mal, en todo esto: “La última vez que me fui me dijo que yo tenía que confiar en Dios y ahí fue como que yo me sentí ofendida. Porque yo en Dios nunca dejé de confiar y yo quería que él haga su trabajo. Yo necesitaba las respuestas de él. Yo sé que Dios va a hacer justicia en algún momento, pero él no iba a bajar en ese momento a decirme 'mirá Karina, este mató a tu papá'. Eso que tenía que decirme el juez”.
“Nunca hubo nadie detenido. No sé si en algún momento llegaron a tener un sospechoso. Él a mi jamás me dio un nombre sobre el cual él podía apuntar. Sobre lo que nosotros apuntábamos, para él no era”, acotó luego.
Del caso Griss pasaron 19 años y si bien su familia marchó año a año reclamando justicia, Karina sabe que el sentimiento de justicia quizás nunca lo sientan. Las esperanzas en resolver la muerte de su padre son mínimas, pero los cambios registrados en el ámbito judicial le permiten augurar que a nadie más le pueda pasar algo similar.
“Sé que acá hay muchos casos que no fueron bien llevados. En las marchas que se hacían nosotros siempre reclamamos justicia en forma tranquila y recordando a papi, cuando pasó lo de Angélica Ramírez la gente se movió un poco más, pero en esos momentos no sólo se sentía que no había justicia, sino que todo estaba manejado de forma muy rara, que las cosas no eran claras. Para mí, justicia no hay, yo ahora no escuché de alguien que haya salido contento con alguna resolución”, sostuvo.
En cuanto a la situación actual del aparato judicial penal en Puerto Rico, la hija mayor de Griss expresó: “Escucho muy buenas cosas. Lo de papi no sé si abre por el tiempo que pasó, creo que ni siquiera si se presenta el asesino se abre, pero sí escuché buenos comentarios, como que se está moviendo más y que cuando uno se acerca al juzgado la gente tiene más respuestas. Y eso es bueno porque una familia cuando va allí siempre está muy desamparada, tiene mucho dolor, no sabe cómo actuar”.
“Le di un nombre. Él me decía que no había suficientes pruebas sobre esa persona, que era la misma a quien la Policía apuntaba”
“Yo sé que Dios va a hacer justicia, pero él no iba a bajar en ese momento a decirme quien mató a papá. Eso debía decírmelo el juez”
“Cuando uno se acerca al juzgado la gente tiene más respuestas. Eso es bueno porque una familia cuando va allí está desamparada”
“Yo sé que Dios va a hacer justicia, pero él no iba a bajar en ese momento a decirme quien mató a papá. Eso debía decírmelo el juez”
“Cuando uno se acerca al juzgado la gente tiene más respuestas. Eso es bueno porque una familia cuando va allí está desamparada”
fojacero@elterritorio.com.ar
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