Primavera en la bella Misiones

miércoles 30 de septiembre de 2026 | 6:00hs.

La paz dominaba el ambiente no tan caluroso de aquel 21 de septiembre con sol radiante en Misiones. Las lluvias suavizaron la temperatura y los vientos del sur empujaban las nubes que se desplazaban lentamente hacia el horizonte. Bandadas de pájaros cruzaban de una a otra orilla en maratón de acrobacias, y uno que otro mbiguá se precipitaba al río en larga zambullida tratando de pescar alguna presa. Se destacaban en la calma mañana loros y cacatúas de coloridos plumajes, compitiendo quien emitía los chillidos y gorjeos más sonoros. Por lo demás, la quietud del paisaje se presentaba en la más equilibrada expresión, sobresaliendo el magnífico despliegue acuático de los saltos del Moconá rodeado del verde entorno de la selva.

 Admirable, espectacular, único, el Moconá extiende su belleza en tres kilómetros de largo cayendo longitudinalmente en multiplicidad de brillos y movimientos envolventes desde veinticinco metros de altura. El Chamán, de cabellos blancos e indescifrable edad, se refirió a la beldad de la fronda en una de sus alocuciones, mientras la tribu escuchaba en silencio: −¿Cuántos entornos de belleza presenta la selva? Inimaginables, ya que cada rincón selvático de por sí es un presente que regala la naturaleza a los sentidos. Los ojos no solo perciben el estallido de los colores vegetales, aprecian los variados plumajes de las aves, el pelaje de los animales y de los variopintos insectos que bien representados están en las miles de mariposas revoloteando por doquier. Cerrándolos, escucharán diferentes sonidos de seres grandes y pequeños haciéndose oír en distintos decibeles. Olerán aromas, ¡los aromas de la selva! No hay chamán o brujo que pueda crear los perfumes de las flores en exposición de fragancias, ni del simple jazmín ni del exótico mburucuyá. La selva es la obra maestra de Tupá en la tierra y nos eligió para que la habitemos con gozo. Al tener hijos y multiplicarnos somos parte de ella, por eso todo invasor que la destruya, nos destruye a nosotros como también al tají.

 

EL TAJÍ (lapacho)

El cielo está encapotado

 ennegrece el celeste espacio;

gruesos truenos como espadas

 hiere la carne del indio.

 

Cae la sangre indiana

 tiñendo todo de rojo;

la tierra ancestral rubí

escarlata las cataratas.

 

Germina el espíritu indiano

 en el florido tají;

cubriendo todo de rosa

 la fronda del verde monte.

 

Y los chamanes vocean

que la raza de las razas;

desaparecerá de la tierra

cuando el Tají no florezca

ni pervivan guaraníes.

 

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