La ciencia como bandera

El Estado debe asumir un rol central, pues le corresponde incentivar y promover las conquistas, y actuar como amplificador de un mensaje que motive al sector privado a invertir.
domingo 14 de junio de 2026 | 6:00hs.
Matías Motta, paleontólogo de Oberá.
Matías Motta, paleontólogo de Oberá.

El hallazgo de una nueva especie de dinosaurio en la Patagonia, cuyo trabajo fue liderado por el misionero Matías Motta, pone en valor a la ciencia en nuestro país, en un contexto de desacreditación infundada.  Es la ciencia el motor económico y socioproductivo de una sociedad.

Los descubrimientos científicos cambiaron el mundo. Una pequeña muestra es suficiente para ejercitar la memoria: la estructura del ADN, la Teoría de la Relatividad, la penicilina. En tiempos más recientes podemos mencionar al científico argentino Gabriel Rabinovich y su lucha contra el cáncer a nivel mundial. Su investigación se centra en la proteína Galectina-1 y el desarrollo de anticuerpos para bloquear su acción en el organismo.

El financiamiento es el punto de partida inevitable. Una idea no se sostiene sin un aporte económico inicial. Por eso, el Estado debe asumir un rol central, pues le corresponde dar ese el primer respaldo, incentivar y promover las conquistas, y actuar como amplificador de un mensaje que motive al sector privado a invertir. 

La ciencia importa, sí. La formación académica también. Si no, qué sentido tendrían los espacios dedicados a la investigación en las escuelas, por ejemplo, las ferias de ciencias. ¿Desfinanciar la ciencia y, en simultáneo, promover instancias de promoción de la ciencia? Un contrasentido.

La curiosidad moviliza, invita a sorprenderse y a crecer. Ser curioso es bueno para la lógica del saber. Y eso se vio claro el año pasado cuando Misiones fue sede de la instancia nacional de la Feria de Ciencias reuniendo a 1.200 estudiantes y docentes de 21 provincias. Posadas se convirtió en el escenario de la socialización de propuestas y proyectos que giraron en torno a la biodiversidad, la salud, las problemáticas sociales y las matemáticas.

Los números ameritan otro capítulo. Lo que generan las Olimpíadas de Matemáticas (OMA) es digno de destacar y replicar. Una experiencia extracurricular que propone estudiar y aprender en el aula pero bajo otra dinámica. 

Para quienes no están al tanto: en algunas escuelas de Misiones y de la geografía argentina tienen un espacio de entrenamiento matemático, donde no se dictan clases sino que los estudiantes leen, debaten, analizan, problematizan y resuelven problemas. El facilitador o moderador de esta instancia es un docente que forma parte de la OMA y ese entrenamiento contempla una sana competencia de saberes.
Es así que la tierra colorada tiene su representante en la Selección Nacional. Alejo Valenzuela (16), estudiante de cuarto año del Liceo Storni, es el único misionero que integra el equipo albiceleste que competirá en la Olimpíada Matemática Internacional 2026 que se hará Shangai, China. 

Me permito entonces reflexionar en todas aquellas personas que se destacaron porque tuvieron otros espacios de construcción de sentido y de conocimiento, además del aula. Al mismo tiempo, no puedo dejar de pensar en quienes carecen de esas oportunidades. 

Así como creo firmemente que es clave la responsabilidad del Estado también resulta imprescindible reflexionar sobre el rol de los docentes como facilitadores en el proceso de enseñanza - aprendizaje. Fomentar el sentido crítico en los estudiantes es parte del engranaje socio-productivo.

La sociedad no debe -no debemos- claudicar en esa bandera: apostar a la formación académica, a la ciencia, al desarrollo  colectivo del conocimiento en el aula y en espacios extracurriculares. Como plantea Vygotsky, el saber se construye siempre en interacción con otros.

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