Semillero en crecimiento y proyección nacional
Tres caminos en la arena: historias que sostienen el legado del beach vóley
Hay historias que nacen en una cancha, otras en una decisión, y algunas simplemente aparecen, como si el destino las hubiera estado esperando. En Misiones, el beach vóley empezó a construir algo más que jugadores, empezó a formar caminos. Y en ese recorrido, tres nombres comienzan a repetirse, no solo por lo que logran, sino por todo lo que hay detrás.
Walter Vega, Antonella Sidoruk y Nicolás Díaz no comparten el mismo origen, pero sí el mismo impulso. Cada uno llegó al deporte desde un lugar distinto, y en esa diversidad está, quizás, la mayor riqueza de este presente que empieza a proyectarse hacia el futuro, con resultados concretos que ya los posicionan en el mapa nacional.
Walter Vega, de 18 años, creció dentro del vóley. Literalmente. Antes de jugar, miraba. Antes de competir, absorbía. “El primer recuerdo que tengo es estar al costado de una cancha viendo a mis papás”, contó. Su historia no tiene un punto de inicio claro porque el vóley siempre estuvo ahí. A los 4 o 5 años empezó a entrenar en indoor, en el club Huracán, rodeado de chicos más grandes, adaptándose desde temprano a un ritmo distinto.
Pero la arena apareció pronto. A los siete años, en un torneo durante un viaje familiar, jugó su primer beach vóley junto a su padre. Ese momento marcó una doble identidad que hoy lo define. Porque Walter no solo es protagonista del beach misionero, sino que también desarrolla su carrera en el indoor en Vélez Sársfield, donde compite en categorías formativas de alto nivel.
Ese crecimiento tuvo su correlato en resultados. En 2026 se consagró campeón de la 8ª etapa del Circuito Argentino de beach vóley en San Andrés de Giles, una de las conquistas más importantes recientes para la disciplina en la provincia. Antes, ya había sumado títulos en el circuito y participaciones con selecciones juveniles, consolidándose como una de las proyecciones más firmes del deporte misionero. Su recorrido, sin embargo, no se explica solo por los logros. “Siempre traté de ser lo más profesional posible, entrene donde entrene”, remarcó.
Muy distinta es la historia de Antonela Sidoruk, también de 18 años. Porque en su caso, el vóley no formaba parte de su vida. No había antecedentes ni base técnica. Había, sí, una oportunidad inesperada. Un profesor que la invitó a conocer el deporte. “Yo no sabía lo que era el beach vóley, fui a ver y me terminé quedando”, recordó.
Ese primer acercamiento estuvo lejos de ser sencillo. “No sabía ni caminar la arena, no tenía base de nada”, expresó. Empezó desde cero, sin haber jugado siquiera al vóley indoor. Y en ese proceso, el acompañamiento fue clave. “Cecilia Melgarejo siempre me decía que podía llegar lejos, que tenía condiciones”, contó, en referencia a su entrenadora, quien vio en ella un potencial que todavía estaba en construcción.
Con el tiempo, llegaron las competencias, los viajes y el crecimiento. Más que un resultado puntual, lo que marcó su camino fue una sensación. “Cuando empecé a viajar y competir, me di cuenta de que esto era lo que me gustaba de verdad”, explicó. El deporte no solo le dio herramientas dentro de la cancha, sino también fuera de ella. “Antes era muy reservada, hoy soy más abierta, me ayudó mucho a ser quien soy”, agregó.
Hoy sostiene una rutina que combina estudios con entrenamientos en la arena y el gimnasio, buscando sostener una constancia que no siempre es fácil. Su objetivo es claro “quiero ser jugadora profesional y representar a la Argentina”. Un sueño que empezó casi sin buscarlo y que hoy se transformó en una meta concreta.
En el caso de Nicolás Díaz, de 18 años, la historia tiene un quiebre más marcado. Un momento donde todo estuvo cerca de terminar. A los 14, en uno de sus primeros torneos importantes, perdió una semifinal, justamente ante Walter Vega y la sensación fue devastadora. “No me sentía suficiente, pensé en dejar”, admitió.
Pero ese momento fue también el inicio de otra etapa. Con el acompañamiento de sus entrenadores, decidió seguir. “Me dijeron que recién empezaba, que había mucho por delante”, mencionó. Y el tiempo le dio respuestas. En 2024 fue campeón internacional en categorías sub 17 y sub 19 junto a Bautista Martínez, y en 2026 alcanzó uno de sus mayores logros; consagrarse campeón nacional del Circuito Argentino formando dupla con el propio Vega.
“Cuando salí campeón internacional sentí que el beach era para mí” manifestó. Sin embargo, su recorrido está atravesado por dificultades que exceden lo deportivo. “Los viajes se hacen difíciles por lo económico, no siempre tengo ayuda”,reconoció, poniendo en palabras una realidad frecuente en los deportistas.
A pesar de eso, su rutina no se detiene; gimnasio, arena y entrenamientos diarios en Costa Sur. Todo sostenido desde el esfuerzo. “Entreno todos los días, trato de mejorar siempre”, explicó.
Tres historias. Tres formas de llegar. Tres maneras de sostener un mismo sueño.
Walter, con la base, la competencia y el salto al alto rendimiento.
Anto, con el descubrimiento, la transformación y el crecimiento personal, sumando convocatorias importantes a la Selección juvenil y con experiencia internacional.
Nicolás, con la caída, la resiliencia y la consolidación a partir del esfuerzo.
Pero hay algo más que los une, los resultados empiezan a aparecer y validan un proceso. Podios nacionales, títulos en el circuito argentino, participaciones internacionales y convocatorias que los acercan a la élite juvenil del país. No son promesas lejanas, son realidades en construcción.
También los atraviesa el mismo entorno. Entrenadores, familias y un espacio como Costa Sur, que se transformó en semillero y punto de encuentro. Allí, entre entrenamientos diarios, se construyen no solo jugadores, sino también historias que empiezan a trascender lo local.
Hoy son presente. Compiten, ganan, se consolidan. Pero sobre todo, son futuro. Porque detrás de cada uno hay una historia que empuja, que inspira y que confirma algo que en Misiones ya no es una promesa, el beach vóley está en pleno crecimiento.
Detrás de esta nueva camada, también aparecen otros nombres que empujan fuerte desde la base. Bautista Lezcano, de 14 años y formado en Costa Sur, ya suma experiencia internacional tras consagrarse campeón en un Sudamericano de academias en Coquimbo, Chile, además de destacarse en los Juegos Evita. De la misma cantera surgen Exequiel Ojeda y Franco Lezcano, campeones en Chapadmalal, junto a Sofía y Valentina Mascagno, subcampeonas en el último Regional de Chaco. Mientras que Nicolás Almirón y Bautista Martínez celebraron en el Circuito Paraguayo 2023. El semillero se completa con Thiago Elian Tilleria (16), recientemente convocado a una concentración de la Selección Argentina juvenil, confirmando que el recambio misionero ya está en marcha.
Un presente joven en ascenso
Walter Vega. 18 años, construyó una formación integral entre el indoor y el beach. Actualmente integra las divisiones formativas de Vélez Sarsfield en Buenos Aires.
Antonella Sidoruk. 18 años, comenzó en el beach sin experiencia previa en Costa Sur. Desde entonces, construyó su camino desde cero, con el objetivo de proyectarse a nivel nacional.
Nicolás Díaz. 18 años, inició su camino a los 14 y rápidamente mostró su potencial. Campeón nacional del Circuito Argentino junto a Vega y sumó títulos internacionales en juveniles.
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