Entiende la adaptación escolar como una responsabilidad colectiva

Vuelta al aula: potenciar las redes de apoyo y no dramatizar el regreso

La psicóloga Sandra Hoffman analizó el impacto emocional que genera volver a clases. Recomendó anticiparse a los cambios y evitar la sobreexigencia.
domingo 01 de marzo de 2026 | 2:00hs.
La vuelta a clases trae consigo volver a ajustarse a horarios y reglas dentro y fuera de la escuela. //Foto: El Territorio.
La vuelta a clases trae consigo volver a ajustarse a horarios y reglas dentro y fuera de la escuela. //Foto: El Territorio.

Mañana comienzan las clases en Misiones y, aunque atravesado por el paro nacional en reclamo por mejoras salarial, con el inicio de un nuevo ciclo lectivo se volverán a poblar las distintas localidades de la tierra colorada de guardapolvos y uniformes diversos. Pero regresar a las aulas no se trata sólo de útiles y de estar prontos con la vestimenta, se trata de dejar atrás las vacaciones y volver a acostumbrarse a horarios, reglas, responsabilidades, nuevos docentes y, probablemente, compañeros.

Una emoción es frecuente en esta etapa: la ansiedad, que moviliza tanto a niños como adolescentes y padres. Sobre cómo atravesar esta vuelta a las aulas de una manera más aliviada posible, El Territorio dialogó con la psicóloga Sandra Hoffman.

“Soy profesora universitaria y doy la materia Psicología Evolutiva y Adolescencia. Respecto a eso, nosotros charlamos con los alumnos y alumnas sobre las diferentes problemáticas que tiene la adolescencia actual, pensando en que cambió mucho el concepto de adolescencia y los modos de habitar y vivir la adolescencia”, explicó.

En ese marco, sostuvo que el regreso a clases es uno de los temas centrales porque implica una preparación emocional.

La ansiedad y el estrés, señaló, son un fenómeno en auge a nivel mundial, siendo la adolescencia la población más afectada. “La vuelta a clases genera bastante esta ansiedad de qué va a pasar, sobre todo de no poder anticipar qué va a pasar, qué nos pasa, con quién nos vamos a encontrar”, describió.

En los más chicos, ese malestar suele expresarse a través de la irritabilidad, pero Hoffman aclaró que se trata de reacciones esperables dentro de un proceso evolutivo.

“Son más espontáneos, son más demostrativos en aquello que les pasa y es normal y es esperable que eso surja. A veces los adultos nos tomamos la irritabilidad, la ansiedad o la inquietud como algo que está mal visto, pero en realidad es una forma de manifestar eso que no se está pudiendo quizás tramitar de manera verbal. Esta ansiedad que me produce, estos miedos que tengo, esta imposibilidad aún de manejar mis emociones”, señaló.

Es que el cambio de rutina -volver a horarios fijos, normas y exigencias- implica aprender a convivir con el mundo externo. “Es aprender a vivir y a convivir con el mundo externo, que es un aprendizaje que no se nos enseña mucho desde chicos”, reflexionó.

Más que un tema familiar

Para Hoffman, la adaptación escolar no puede pensarse sólo en clave individual o familiar, porque entiende que “también es una cuestión de la sociedad, incluso te diría de política pública”.

Las condiciones económicas actuales impactan de manera directa en la salud emocional de las familias; los gastos en útiles, uniformes y transporte, especialmente en hogares con más de un hijo, generan preocupación y estrés en los adultos. “Las condiciones materiales de una familia que vive actualmente en la Argentina impactan directamente en la salud emocional de los niños y adolescentes”, lamentó.

Desde su perspectiva, las problemáticas individuales están profundamente atravesadas por lo colectivo. La adaptación escolar “articula a un entramado de actores” y no depende únicamente de la voluntad personal. En ese sentido, planteó interrogantes sobre el rol del Estado y de las instituciones educativas: si están preparadas para recibir a todos los estudiantes, incluso a aquellos que no pueden cumplir con los requisitos materiales para comenzar el año.

“No podemos pedirles, tanto a niños como a adolescentes, que rindan más y se adapten a una sociedad si nosotros no podemos garantizar las condiciones básicas de la estabilidad y un acompañamiento institucional”, sostuvo.

Anticipar y no dramatizar

En el plano práctico, Hoffman propuso estrategias sencillas pero sostenidas en el tiempo. La primera es anticipar, conversar con niños y adolescentes sobre lo que implica el regreso al aula, explicar los cambios de horarios, las nuevas materias o docentes, sin apelar al miedo.

“Que los adultos puedan, dentro de las posibilidades, manejar su ansiedad, esa preocupación, no transmitírselas a sus hijos”, remarcó.

En el caso de los más chicos, recomendó evitar la sobreexigencia inicial, entendiendo que se trata de un pasaje entre etapas.

El diálogo, insistió, es una herramienta central: abrir espacios para escuchar qué les pasa, qué temores aparecen, qué expectativas tienen. Y, sobre todo, desdramatizar.

“Darles tranquilidad a los chicos y sobre todo, no dramatizar la vuelta al aula. Porque es como que todos nos volvemos locos, incluso los que no tenemos hijos vemos a la gente como en una desesperación, sobre todo por las propias exigencias de los padres”, expresó.

Finalmente, en un contexto económico adverso, apeló a las redes de apoyo: intercambiar guardapolvos, reciclar cuadernos, compartir útiles entre familiares y amigos son gestos que alivian la carga y fortalecen los vínculos. “Si hay algo de esto, del contexto económico que nos afecta, rodearnos de ese tipo de vínculos que pueden ser amigos, familiares con los cuales podemos contar para que ese inicio a clases no sea tan traumático”, dijo.

Pensar la vuelta a clases, concluyó, no sólo como el inicio de un calendario escolar sino como un proceso social que involucra a familias, escuelas y Estado, puede marcar la diferencia entre un comienzo atravesado por la presión y otro sostenido en el acompañamiento. Porque detrás de cada mochila nueva -o heredada- hay una subjetividad en construcción que necesita algo más que útiles, también escucha, estabilidad y comunidad.

Sandra Hoffman
Psicóloga



Doctora en Psicología de la Universidad de Buenos Aires y licenciada en Psicología por la Universidad de la Cuenca del Plata. Docente universitaria, en la actualidad es profesora adjunta de la cátedra de Psicología Evolutiva Adolescencia en la Universidad de la Cuenca del Plata, sede Goya, Corrientes. Además, es investigadora con trabajos en Educación, Género y Extensión Rural. Integra el Grupo Movilizador de la Red Latinoamericana de Psicología Rural, participando activamente en la organización del Congreso Latinoamericano de Psicología Rural desde el 2014. Actualmente es directora ejecutiva del Centro de Integración y Cooperación de Rusia y América Latina (Cicral).
Por ultimo, se desempeña como asesora política en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

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