Entrevista a la antropóloga Ana María Gorosito
El museo como autodefensa ante una realidad tecnologizada
El afán museológico, el impulso humano de preservar el pasado, tiene una extensa tradición en Argentina. Sin embargo, esta tarea de instituir el recuerdo colectivo nunca estuvo exenta de tensiones. Por fuera del campo formal académico habita “lo residual”, esas narrativas materiales o de la oralidad que no son las de las grandes gestas que cohesionan el ser nacional sino que son memorias cotidianas, cercanas, afectivas de las familias o las comunidades y que también constituyen identidad.
Acerca del prístino paradigma que organizó los museos en nuestro país y en Misiones en particular a partir del siglo XX y la lógica distinta que da horizonte a “otra forma de pensar la realidad y el pasado” en este presente incierto, charló con El Territorio, la antropóloga Ana María Gorosito Kramer, referente en el campo de las ciencias sociales y profesora Emérita de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Unam.
“Es un temazo esto de reflexionar sobre los museos familiares o de particulares. Es algo que está cambiando ahora mismo. Y habría que marcar que este afán museológico no es nuevo; en realidad es antiguo, hay una larga tradición en nuestro país y yo creo que también afuera, en Brasil por ejemplo lo he visto bastante. Pero sí corresponde a una lógica distinta, al menos en el caso de la Argentina, ese tipo de museo familiar, local, a cómo se fueron organizando a lo largo del siglo XX en la Argentina y en Misiones, y a qué responden hoy en día”, expresó al comenzar esta entrevista.
¿Estamos en una etapa de cambios?
Sí, y a ahí a mí me da la impresión de que no se piensa mucho que realmente el cambio de ideología o de búsqueda cultural que hay detrás de estos nuevos museos no está siguiendo la tradición anterior, (sino) que se están inscribiendo en una manera de pensar la realidad y el pasado bastante distinta a aquella que construyó aquellos museos del siglo XX. Inclusive pensándolos en Misiones. Yo trabajé hace tiempo este tema cuando estaba en Cultura de la Provincia y en relación a lo que se llamaba Proyecto de Misiones Jesuíticas, que estaba relacionado con la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos. Así se llamaba entonces la Comisión Nacional que se crea para 1940 y que marca las instrucciones acerca de cómo deben ser los museos, la conservación y reserva de lugares y sitios históricos, qué fechas deben recordarse con una efemérides. Una directriz bastante autoritaria tenía esta idea y sobre todo bastante minuciosa en las instrucciones que daban. Pero ese movimiento que está naciendo desde 1940 en adelante, la primera tarea que se toma es restaurar la Casita de Tucumán y el Cabildo de Buenos Aires. Y después entran las Reducciones de San Ignacio en Misiones. Pero quiero decir, la visión que tiene la museística oficial, es la visión de la recordación, la celebración de los grandes hechos históricos. Y van por el repertorio de objetos privados de figuras salientes, ahí tenemos hoy toda la discusión por el sable corvo de San Martín. Es decir, aquello que estaba tocado por las celebridades, que habían sido los dueños de esos objetos cuando se trataba de objetos de uso personal. Todo era celebratorio de una argentinidad en construcción. Pero resulta que simultáneamente, incluso antes de que la comisión se cree, ya en los pueblos se daba la creación de estos museos privados, en principio, y que después pasan por el tamaño, por la magnitud de la colección o por el interés local, se empiezan a convertir en museos vecinales.
¿Detrás de esta directiva vertical, por así decirlo, habían proyectos más horizontales?
Sí, es -como te diría-, una manera de recordar y honrar la historicidad local, o aún te diría barrial, en el caso de Buenos Aires, en el contrario, recordar y celebrar esa historicidad barrial que no entra dentro del recordatorio oficial; que está por fuera, pero que sin embargo, es puesto en valor porque esa comunidad, esa localidad, piensa que efectivamente eso está reflejando la virtud de sus antepasados, del trabajo duro y de que cómo se fue construyendo ese pasado. Entonces tiene ese sello de “no oficial”. En ese sentido te diría que vendría a ser un residuo, “lo residual”, lo que el movimiento oficialista deja fuera. Y ese residuo es altamente significativo para cada comunidad en particular y ahí construye su museo. ¿Por qué? Porque la oficialidad está tapando a esas virtudes locales, atendiendo a cómo se está concibiendo la nacionalidad, la patria, la construcción de una tradición. Por eso, insisto yo en la palabra residuo.
¿Y qué sucede en nuestra provincia?
El caso de Misiones es muy interesante, porque justamente la creación de esos pequeños museos, estoy hablando del siglo XX, de esos museos locales. Apóstoles, por ejemplo, con el Museo Histórico Juan Szychowski. Siempre va honrando la tradición familiar, pero la tradición familiar resulta que también hace contacto con una tradición que en realidad es local, con vecinos que se sienten identificados, y eso coincide con la creación de bibliotecas populares, bibliotecas del pueblo, bibliotecas de barrio, que están escapando a la política bibliotecológica nacional y se crean justamente por su ausencia. Y más adelante la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) las recuperó, pero durante mucho tiempo se alimentaron y te diría hoy, se siguen alimentando sobre la base del aporte del vecino, de la vecina. Ahí hay una idea también no solo de la tradición que tiene que ver con el museo, sino también la confianza en que las letras, la cultura, la lectura fomentan el desarrollo de las ideas. Estoy hablando de algo que es un paradigma que hoy ya no está. Pero antes de pasar al nuevo paradigma que inspira los nuevos museos, me falta otro eje muy importante, que en ese mismo movimiento en Misiones se crean las escuelas, no podemos olvidarnos que dentro de esa misma generosidad y altruismo de las localidades, del sentido de comunidad y pertenencia, muchas de las escuelas del interior de Misiones se crean sobre la base de la donaciones de particulares, y luego eran reconocidas. Pero el esfuerzo era local. Por eso yo creo que los museos, las bibliotecas populares y, en el caso de Misiones, las escuelas, son una especie de tríada fabulosa que responde a un momento de época: La conciencia de una pertenencia local contra la acción histórica que se honra y una fe en un futuro que se basa en la educación y la transmisión cultural y la lectura.
¿Qué cambia en el siglo XXI?
En estos 25 años de este nuevo siglo, que nos están atormentando con tanta novedad, las cosas están cambiando a una velocidad inédita. Entonces la conservación del concepto de lo antiguo o de lo viejo, porque hoy por hoy ya hay una distinción entre viejo y antiguo. Y eso responde a una especie de situación de subjetividad que se va notando a finales del siglo pasado, es decir, de 1990 en adelante. Es el tema de una especie de nostalgia. Nostalgia de algo que se pierde. Y esa nostalgia tiene que ver con el plano de la incertidumbre. Del 90 en adelante hay muchas cosas que empiezan a cambiar. Aparece con fuerza la incertidumbre en lo laboral.
¿Qué objetos toman valor por viejos o por depositarios de nostalgia hoy?
A veces son objetos viejos, pero que pueden ser simultáneamente antiguos, muy valorados a nivel personal. Si vos visitas casas particulares vas a encontrar gente que te muestra si hay una relación de confianza, la tetera o la carpetita que bordó la abuela, los sombreros del abuelo. Alguna receta de una tía abuela. Es decir, algo de ese pasado que está diciéndonos por qué las personas adjudican valor, lo guardan y lo cuidan, porque quiere decir que de algún modo su pasado entra en algún lugar. Esa incertidumbre se combate de alguna manera con el objeto querido, que dice “yo vengo de ahí, yo soy de ahí, ese es mi pasado”. Si el futuro es incierto y el presente es resbaladizo, al menos algo de mi pasado me da confianza, me da conciencia de quién soy.
¿Los museos tampoco escapan a lo que se llama mucho el clima de época?
Claro, yo te hablé de la incertidumbre, y ante eso, el objeto querido adquiere un valor nuevo, de la subjetividad que contrasta con lo que te dije antes, en relación con el siglo XX, y es la autoconciencia de la individualidad extrema. Se pasa del saberse parte de un colectivo que colabora para construir el saber quien soy al individuo solo. Es solo el individuo contra el mundo. De acá se van a desprender muchos valores de hoy en día con los cuales discrepo, por ejemplo la cuestión del emprendedurismo. Entonces alguien te dice, “me echaron del trabajo, pero no importa porque yo soy un emprendedor”. En un modo de resolver por el lado positivo lo que en realidad, francamente, sea posiblemente una ilusión. El sujeto está solo en el mundo. Y su futuro es incierto. En este presente inestable, en este nuevo marco hay que entender los nuevos museos.
¿Se transforma la experiencia?
La experiencia museo viene de algún modo a transformarse y a sofisticarse. Porque hemos sofisticado nuestra experiencia. Hay una especie de recuperación, ¿de qué cosa? Y de la tecnología, la valorización de las tecnologías antiguas, las tecnologías que no dependen tanto de la robotización de los procesos tecnológicos como hoy y se basan más bien en procesos hechos a mano, resueltos localmente y que se pueden duplicar. Convengamos que si a vos se te rompe un celular, no tenés la más pálida idea de decir le meto mano y arreglo, ¿cómo lo podés resolver?, y comprando otro. Entonces, esa cosa de acercamiento a una tecnología que es duplicable, porque está hecha a escala humana, a los materiales que son del entorno. En general, en estos museos locales el material que predomina es orgánico: madera, caña, barro, cerámica; cosas que nos invitan a pensar en cómo había una relación entre la naturaleza que nos daba algunas cosas y que nosotros mismos las podíamos hacer (...) Hay una valoración de la relación humano-naturaleza-sabiduría-procedimientos. Entonces ahí viene la revalorización, la revalorización del museo actual, contemporáneo.
¿Una nueva mirada?
Aunque el objeto del museo sea el mismo, la mirada del que va al museo es distinta, porque está construida de estas otras cosas. No va a una celebración de la tradición colectiva, va a un encuentro, en todo caso, consigo mismo, con lo natural, con algo que se podía hacer y que uno eventualmente puede llegar a hacer. Hoy los museos, creo que satisfacen otra cuestión que no es tanto la de la tradición ni de la identidad colectiva sino una especie de autodefensa del sujeto y la naturaleza ante una realidad cada vez más tecnologizada y cada vez menos a escala humana y eso es lo que creo yo sinceramente que está pasando en la actualidad.
Informe de domingo
- Objetos y museos que guardan memoria cotidiana
- Malvinizar en la frontera del país
- Al rescate de herramientas de las chacras
- De un antiguo secadero de té a museo rural, la historia viva de Nasha Jata
- Querían decorar la casa y armaron un museo con casi 2.000 objetos
- Un chapón Nazi y el Muro del Berlín atraen a curiosos
- El Museo de Motos y Biciclos de Eldorado se expande
- Neca Ríos: “Hay objetos que me conectan con mi infancia”
- El museo como autodefensa ante una realidad tecnologizada